La inoperancia de los leales

28 ago 2013 - 00:00
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Además de ensañarse en diversas oportunidades, y por motivos distintos, con Estados Unidos, el Reino Unido, España y otros países del Primer Mundo, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se las ha arreglado para provocar enfrentamientos esporádicos con todos nuestros vecinos salvo Bolivia. La víctima más reciente del maltrato kirchnerista ha sido Chile. Como es natural, el gobierno del presidente Sebastián Piñera está muy enojado por la orden a la aerolínea LAN para que desaloje enseguida el hangar en Aeroparque que dice necesitar para los vuelos de cabotaje, dejándolo en manos de Aerolíneas Argentinas, es decir, de La Cámpora, lo que tendría un impacto muy negativo en sus operaciones. Se prevé que, si LAN cumple con la amenaza de abandonar el país, Aerolíneas aprovecharía la oportunidad para aumentar las tarifas por el 30% o más, una eventualidad que, de concretarse, perjudicaría al turismo que en muchas provincias es una fuente muy importante de ingresos. Asimismo, como han señalado los gremios de la Federación Argentina de Personal Aeronáutico (FAPA), de irse LAN habría “múltiples despidos” que se verían seguidos, cuando no, por paros y protestas que harían aún más caótico el transporte aéreo. Este conflicto comercial y diplomático con Chile, como aquellos que han incidido en la relación de nuestro país con Paraguay, Uruguay y Brasil, ha sido agravado por la opinión, ya generalizada, de que el gobierno kirchnerista se ha acostumbrado a mofarse de todas las reglas habidas y por haber y que, por lo tanto, es virtualmente inútil procurar negociar con él acuerdos duraderos, ya que en cualquier momento personajes como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, o el viceministro de Economía, Axel Kicillof, podrían intervenir a fin de conseguir alguna ventaja pasajera. Huelga decir que la imagen internacional resultante no nos favorece en absoluto. Una consecuencia de la impresión universal de que la Argentina es el reino de la arbitrariedad, en que –por motivos que a veces son difíciles de entender para los no familiarizados con las vicisitudes de la interminable interna gubernamental– un funcionario podría asestar un golpe demoledor contra cualquier empresa local o extranjera que no le guste, ha sido que con escasas excepciones los inversores han optado por boicotearla. Alarmado por la huida de capitales que desde hace años propende a cobrar dimensiones cada vez mayores, el gobierno intenta atenuarla impulsando la participación económica del Estado o de organizaciones paraestatales como La Cámpora, lo que, claro está, sólo sirve para empeorar todavía más la situación en que se encuentra la economía nacional. Tal vez sea lógico que la presidenta confíe más en quienes le sean leales que en personas que no necesariamente compartirán todas sus ideas, pero sucede que los así privilegiados, como Moreno y los jóvenes y no tan jóvenes de La Cámpora, han resultado ser administradores pésimos, improvisados convencidos de que su fervor cristinista y su fe en el “relato” oficial sean más que suficientes como permitirles reemplazar a auténticos profesionales, manejando a su antojo empresas nacionales como Aerolíneas y, si no fuera por la oposición del CEO formal Miguel Galuccio, YPF. Mal que le pese a Cristina, los aportes de sus favoritos han sido sumamente negativos, razón por la que los preocupados por la marcha errátil de la economía y los que temen que, andando el tiempo, les toque encargarse de los desastres que siguen produciéndose, quisieran que el gobierno decidiera privarse de los servicios no sólo de Moreno sino también de La Cámpora, para entonces hacer un esfuerzo por restaurar un mínimo de normalidad. Por desgracia, parecería que la presidenta no tiene ninguna intención de prestar oídos a tales consejos. Antes bien, a juzgar por su forma de reaccionar frente a la advertencia severa que el electorado expresó a través de las primarias, Cristina está resuelta a continuar por el mismo rumbo que se ha propuesto, resistiéndose a echar a funcionarios que, conforme a las encuestas de opinión, hicieron una contribución muy grande a la derrota y que, tal y como están las cosas, podrían asegurar que los resultados de las elecciones legislativas del 27 de octubre le sean más dolorosas aún.