El roquense que vela por los jardines vaticanos

Rafael Tornini trabaja para el Vaticano desde el 2015. A sus labores habituales en la residencia de verano del papa en Castel Gandolfo y la basílica de San Paolo ahora suma ser responsable de todo lo que ocurre en el área verde del pequeño Estado.

15 abr 2017 - 00:00
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Si alguien le hubiera dicho veintiséis años atrás que los jardines del Vaticano dependerían de él, se hubiera reído a carcajadas. Y no por falta de fe, sino porque era joven y su viaje se presentaba como una breve aventura en un emprendimiento de un amigo que necesitaba profesores de tenis.

Así llegó a Italia: con un bolso, dos raquetas y un pasaje de vuelta abierto que quedó en el olvido.

“Después de un par de meses decidí quedarme acá, me di cuenta de que Roma es mi lugar en el mundo”, cuenta Rafael Tornini sobre el periplo que lo llevó desde General Roca, la ciudad que lo cobijó en su infancia y adolescencia, hasta la cuna de la Iglesia Católica.

El guardián de los jardines

Esta semana, y tras dos años de estar a cargo de los proyectos de construcción y restauración en las villas de Castel Gandolfo
–la residencia de verano del sumo pontífice– y la basílica papal de San Paolo Extramuros, lo que en el Vaticano llaman zonas extraterritoriales, fue también nombrado responsable de Jardines de la Gobernación de Ciudad del Vaticano.

¿Eso qué quiere decir?, le preguntamos. “Ser responsable de los jardines es ocuparme de toda el área administrativa, económica, organizativa y de gestión”, explica. Los jardines vaticanos son veintidós hectáreas de bosques, monumentos medievales, fuentes de agua, esculturas y extensiones florales, con cuarenta personas para hacer manutención, refacciones, limpieza, poda.

“Es todo nuevo, porque nunca hice algo por el estilo, pero es muy interesante y me gusta. Tenés que empezar de cero con algunas cosas porque los jardines son muy delicados y tienen mucha historia”, señala Rafael sobre su nuevo desafío.

Semana Santa

El área de Jardines participa también en la organización de todas las ceremonias que se hacen en San Pedro y está a cargo de la decoración, con macizos florales y plantas, principalmente en la plaza de San Pedro y adentro de la basílica.

Justo en estas fechas y con tanta afluencia de público, son muchas las cosas por hacer y controlar, sobre todo cuando son los primeros pasos en este cargo. Así fue que la procesión de las Palmas el domingo pasado y los ritos de toda la semana lo tuvieron más que ocupado. Y sobre las funciones religiosas de hoy detalla que la decoración se hizo “junto con un equipo de holandeses que todos los años dona al Vaticano las plantas y flores para engalanar la plaza y la basílica para el domingo de Pascuas”.

Amigos de la ecología

Desde hace años el Vaticano viene bregando por la defensa del medioambiente y ha ido implementando medidas para la emisión cero de CO2. La Dirección de Jardines, que también tiene a su cargo la limpieza del Vaticano, enfrenta el desafío de desarrollar todo el sistema de división de residuos. “Acá lo llaman basura diferenciada, y se trata de llegar a dividir lo más posible los residuos y todo lo que se descarte. Esa es la parte más difícil, porque hay que desarrollar el sistema completo. Pero es otro desafío”, se entusiasma Tornini.

Y agrega: “Profesionalmente llegás a un determinado nivel de prestigio. Pensar que me fui de Argentina con un bolso y dos raquetas... esas son satisfacciones personales”.

Un recorrido
abierto al público
Los jardines datan de la época medieval, cuando el papa Nicolás III decidió amurallar la zona y dejó intramuros un espacio ocupado por viñedos y praderas que decidió convertir en su jardín particular. En el siglo XVI el papa Julio II realizó un importante trabajo de reforma y paisajismo inspirado en los principios del renacimiento.
Hoy es un espacio natural, arquitectónico y artístico de gran belleza y espiritualidad que ocupa la mayor parte de la Colina Vaticana. Hay allí monumentos, fuentes de agua, esculturas y más. “Todo lo que regalan a los papas, vírgenes, fuentes, árboles, está puesto en el jardín. Por ejemplo el olivo de 400 años que le regaló Netanyahu a Benedicto XVI en el 2011 cuando se firmó el tratado de paz con Israel, una reproducción de la virgen de Luján del escultor argentino Alejandro Marmo, también un ceibo que le regalaron a Francisco... Ahora estamos esperando la llegada de un lapacho de Paraguay”, cuenta Tornini, que deberá determinar el lugar donde se pondrá.
Los jardines están abiertos al público y en una visita guiada de dos horas, en un autobús ecológico descapotable, se recorren los puntos más emblemáticos: el Jardín Cuadrado, la Casina de Pío IV, la Fuente del Aquilone, la Gruta de Lourdes, el edificio de Radio Vaticana, finalizando en los Museos.
“Nunca había tenido relación con el Vaticano. Pero me conocían por trabajos que hice en institutos religiosos en el 2007
y me pidieron que fuera a trabajar con ellos. Es un voto de confianza”.
Rafael Tornini, nombrado recientemente responsable de Jardines del Vaticano.
La superficie
22
hectáreas ocupan los jardines del Vaticano, que corresponden a la mitad del territorio total del Estado.
Todos los caminos conducen a Roma

Rafael Tornini llegó a Italia en enero de 1991. Al poco tiempo, un trabajo en un estudio de diseño lo llevó a desempolvar su título de maestro mayor de obras y empezó su experiencia en la construcción.

En el 2004 una empresa grande de Roma lo convocó para restaurar un edificio del 1500, el Palazzo di Sant’Apollinare. Con el tiempo fue promovido a director de obra y se dedicó principalmente a hacer negocios de lujo: Dolce&Gabbana en Via Condotti, Louis Vuitton y Nespresso , todos en Roma.

La última obra que hizo con esa empresa fue la Boutique de Cartier en Milán. “Se trató de la demolición de un edificio de cuatro pisos pero sin tocar la fachada. Era una estructura del 1800 que si había un terremoto se venía abajo, entonces lo transformamos en antisísmico. La dificultad estaba en que se ubicaba en el centro de Milán, con calles muy angostas, y no se podía tocar la fachada ni el techo”.

Esa construcción fue un disparador y a partir de eso lo llamaron de Piaget, una joyería de lujo en Milán, y para hacer un hotel 5 estrellas de la familia Ferragamo en Florencia, frente al Ponte Vecchio. Dice Tornini: “Es el mejor hotel italiano para Tripadvisor, y eso siempre son pequeñas satisfacciones”.

Ese fue su último trabajo antes de entrar al Vaticano. “Los últimos cinco o seis años estuve dando vueltas por Italia. Hice obras en Milán, Florencia, Catania (Sicilia). Hasta ahora, que se abre un nuevo ciclo y me quedo definitivamente en Roma”, asegura sintiendo que llegó a destino.

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