Los consultorios no contemplan la diversidad sexual

Las preguntas de los ginecólogos suelen dar por sentada la heterosexualidad. Qué dicen los pacientes, y cómo se preparan los estudiantes de medicina para abordar el tema.

19 nov 2017 - 00:00
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Una vez fui a un ginecólogo, empezamos con la consulta, y él me pregunta:

-¿Estas en pareja?

-No

-¿Y cómo te cuidas?

-Depende, cuando estaba con varones, que fue en otra época, me cuidaba con preservativo, y si estoy con mujeres no me cuido. No uso campo de látex. Al tipo se le cayó la lapicera, literal, no podía volver a agarrarla, la ficha no registra ese otro dato. Nunca volví, porque no tengo ganas de ir una consulta ginecológica a explicarle que pueden haber otras sexualidades, que hay otras maneras de vivir.

Quien habla es María Verdugo, una mujer lesbiana de 38 años, trabajadora social e integrante del comité de salud sexual y reproductiva del hospital Cipolletti. Del único clóset que no ha podido salir es el del consultorio médico donde los límites son estrechos y se habilita una posibilidad: que la paciente sea mujer y heterosexual.

“Las preguntas básicas son cerradas. ¿Estás en pareja? Si, no. No importa con quién. ¿Te cuidas?, ¿Cómo? No te cuidas, viene un reto. Listo hasta ahí llega”, afirma María, lo que anula otras existencias (ver aparte).

Agrega: “la ginecóloga a la que sigo yendo no sabe que soy lesbiana, porque hicimos dos o tres consultas, pero yo sé que no hay lugar para otras conversaciones a no ser que yo tenga ganas o entusiasmo de someterme a la mirada. En las consultas está tan acotado al binarismo (varón/mujer), y lo otro no resuena por ningún lugar, por eso cuando hablamos con otras lesbianas decimos ¿por qué no vamos a las consultas?, ¿por qué no nos importa nuestro cuerpo, por qué no nos importa si tenemos HPV o no?, ¿Por qué no nos importa saber cómo está el cuello de útero? No, porque la práctica tan medicalizada hace que desaparezcamos, no hay chance.”

El campo de látex se utiliza para protegerse de infecciones de transmisión sexual cuando se practica sexo oral en la vagina o en el ano. Para hacerlo se necesita un preservativo con el cual se arma una especie de cuadrado. Esta información, que por ejemplo, está disponible en la página web de la fundación Huésped, organización argentina destacada por su labor en la prevención del VIH-SIDA, resulta desconocida por los profesionales.

El año pasado se realizó un relevamiento en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) con el fin de conocer qué saben los estudiantes de los cuatro ciclos (introductorio, biomédico, clínico y práctica final obligatoria) sobre derechos sexuales y reproductivos.

En total se hicieron 587 encuestas con tres secciones: en la primera se hicieron preguntas relativas a datos sociodemográficos, expectativas de la profesión. En la segunda se indagó sobre anticoncepción, aborto, diversidad sexual y enfermedades de transmisión sexual. En el tercer apartado se consultaba por futuras prácticas.

Sobre derechos sexuales y reproductivos el 47% de los estudiantes reconoce saber poco y sobre género e inequidad de género sucede lo mismo en el 49% .

“No asumir heterosexualidad es lo primero que tienen que aprender los ginecólogos del mundo, con eso ya están haciendo grandes cosas. Y hay que trabajar el cuidado de las enfermedades de transmisión sexual: el protector bucal se usa poco y nada, el preservativo en los juguetes sexuales del tipo de los de penetración también se usa poco y nada. Uno tiene que decir, ¿pero te estas cuidando en las enfermedades de transmisión sexual? Sino saben que existen uno debería poder enseñarlo”, asegura la ginecóloga y docente de la UNC, Gabriela Luchetti, que estuvo a cargo de la encuesta junto a Ruth Zurbriggen y un grupo de estudiantes integrados por Julián Bertin, Mercedes Pepa, Maureen Dobree, Sebastián Ortega, Romina Norris, Rodrigo Engraf y Carla Hernández.

Las mejores performances fueron en relación a enfermedades de transmisión sexual. A pesar de que el nivel de conocimientos parece no ser el adecuado los estudiantes se mostraron dispuestos a proveer los servicios de anticoncepción, hormonización trans, fertilidad con enfoque de derechos.

“Sería muy importante que estos aspectos sean contemplados fuertemente en todas las materias como algo transversal. La sexualidad atraviesa nuestra vidas de todos lados y no hablamos de eso. Hablamos en seminarios, no lo soslayamos sino que lo hablamos en espacios optativos”, señala Luchetti. Enfatiza: “las cuestiones de género hoy son un determinante social en la salud. No es que son ignoradas, pero son soslayadas en pos de otros contenidos y debieran estar a la altura de los contenidos más importantes.”

Tania Rosas es ginecóloga y trabaja en clínicas privadas. Egresó de la UNC y admite que las lesbianas son invisibilizadas. “Me pasaba al principio que yo le preguntaba con que se cuidaba y me decían “yo no me cuido” y la siguiente pregunta era ¿estas buscando embarazo? Suponiendo que la pareja es hombre”, manifiesta la médica. “Me fui dando cuenta de que una no tiene que generalizar este tipo de cosas. Hay presunciones que no son adecuadas de ambos lados: el ginecólogo que está acostumbrado a la paciente heterosexual y la paciente lesbiana que cree que no se tiene que hacer controles”, sostiene.

María considera que el déficit de la perspectiva está en todas las carreras, no sólo en medicina. “Después tenés actualizaciones y ahí hay una decisión de no querer formarte que juegan mucho más los mandatos sociales en relación con qué se espera de una mujer, del cuerpo que portás, de eso que ves. Si sos mujer se esperan determinadas cosas: el mandato de la maternidad obligatoria, cuál es la sexualidad que está bien vista y cuál no”, dice.

Encuestas
78%
de los estudiantes de medicina percibe que sabe mucho o bastante sobre infecciones de transmisión sexual
40%
de los encuestados dice saber poco sobre aborto no punible, una práctica legal prevista en el Código Penal argentino.
36%
proveería el aborto legal en la mayoría de las circunstancias, con limitaciones un 37% y no lo proveería en un 20%.
“Cuando trabajamos el tema en la universidad el mensaje clave sigue siendo no asumir heterosexualidad. Eso es un gran paso”
Gabriela Luchetti, ginecóloga y docente de la UNC
“Hay otros modos de estar, de estar siendo y eso está negando. No digo en todos los profesionales, pero en la mayoría sí”.
María Verdugo, lesbiana y trabajadora social
“Antes de arrancar con el interrogatorio típico le pregunto por qué va, eso cambia y no supone que tiene una pareja masculina”
Tania Rosas, ginecóloga en clínicas privadas
La experiencia del varón trans en un turno ginecológico

Los varones trans, quienes se identifican con un sexo distinto del asignado al nacer, también llegan a los consultorios ginecológicos esquivando obstáculos. Benjamín Génova es uno de ellos.

“Tenemos que hacer un doble trabajo la gente trans, viste. Si tenes turno a las 16, tenes que irte cuatro menos cuarto, explicarle a la chica que te llame por tu nombre, explicarle que sos un varón trans. La doctora no tiene problema cuando te llama. Hacerle entender algunas cositas anticipadas para que no te sientas incómodo, en realidad te sentís de lo peor”, cuenta Benjamín, que trabaja en la dirección provincial de Diversidad y que fue la primera persona que logró realizarse en el hospital Castro Rendon una masculinización de tórax, la quita de la glándula mamaria y la reimplatación de la areola y el pezón de un tamaño y posición adaptada al tórax masculino.

“Mi ginecóloga me da la orden para hacerme un PAP, un PAP es un control que se hacen todas las personas que tienen útero, no sólo las mujeres. Salgo del consultorio, voy abajo, le tengo que dar a la chica de la entrada para que me autorice, se queda mirando, y me mira, y mira el papel, y me mira, y dice: “esto es tuyo”. Sí, le digo yo. Para un varón trans ir a un consultorio ginecológico es terrible, te lo digo por experiencia”, agrega.

Neuquén

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