Un mini balneario en medio de Neuquén

Comienza el calor y jóvenes y adultos concurren al pluvial de calle Crouzeilles en busca de agua fresca y sombra. Su poca profundidad es ideal para los más chicos.

08 dic 2017 - 00:00
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Cuando el calor aprieta, el canal Cinco de calle Crouzeilles, en su intersección con Zeballos se presenta como una alternativa con inmejorables condiciones.

Algunos en charlas de amigos lo denominan “el oasis de Canal V”. Allí, jóvenes, adolescentes y familias esperan que la compuerta negra se levante en el mes de noviembre para dar inicio a la temporada de verano.

Un 1,20 metro es la profundidad de la base cementada del canal, ideal para que los chicos no corran peligro. El agua corre mansa y genera más confianza. Una tupida arboleda es el remanso para los adultos que luego del chapuzón se disponen a una ronda de mates en reposeras o lonas sobre la tierra. Es el momento en que empiezan a surgir historias, todas las historias.

“Cuando pasamos y vemos que está lleno, nos hablamos entre los amigos, agarramos la bici y nos venimos para acá después de comer. No traemos nada más que la bici. ¿Para qué otra cosa?”, contó Ismael, balanceando sus brazos para mantenerse a flote.

Su amigo Andy, con frío espera sobre las puertas para ensayar un clavado, que finalmente realiza con impecable precisión. Al salir del agua, mueve su cabeza y mira atento el ojo de la cámara de fotos. A un costado, sentado al sol, hay un tímido preadolescente que prefiere esquivar las preguntas y solo sonríe antes de volver a sumergir sus piernas en el agua que bajo la sombra está fría pero es todo un aliciente luego de una trayecto de casi dos kilómetros bajo el sol picante del mediodía. Aquel chico mira de lejos y con su mano corré su pelo mojado sobre los ojos. Parece no importanle la escena a su alrededor, hasta que de pronto dice: “también nos metemos debajo de la tapa de cemento que sostiene la compuerta”. Se le consulta si no es peligroso y mira como no llegando a comprender el valor de la pregunta. “Acá nada es peligroso. Salvo que salgas corriendo hacia el lado de la calle”, dice Juan y señala con su dedo la esquina de Crouzeilles y Zeballos, con un tránsito rápido que solo se detiene 30 segundos por el semáforo.

Los chicos cuentan que todos saben nadar y que sus papás se quedan tranquilos porque saben que allí nadie los molesta. La inexistencia de guardavidas tampoco es un problema. “Nos cuidamos entre nosotros”, dicen todos al unísono.

Andy, cuenta que los fines de semana “se arma lindo”. Junto a su familia preparan todo desde temprano y parten a pasar el día en ese lugar. La existencia de un minimercado a 100 metros del canal les prepara la merienda y hasta el copetín previo a la cena. “Cuando baja el sol compramos pan y fiambre y alguna gaseosa o cerveza para los más grandes y nos quedamos un rato más. Se pone re bueno”, cuenta el chico.

Anahí Molinez, se baja de su auto con un rollo de toallas y el pequeño Joaquín de 6 años a upa. Se sientan a la sombra y meten sus pies en el agua. “Estamos animándonos a meternos, el agua está fría”, dijo la mamá. Allí se quedan a la espera de que el niño finalmente se de un chapuzón.

dijo Ismael. Tiene 11 años y vive en el barrio San Lorenzo.
“El río nos queda muy lejos. Acá podemos venir cuando nuestros papás trabajan. Que el Pechi nos haga una pileta en el barrio”,
“Nunca tuvimos ningún problema. Cada uno hace la suya y no molesta a nadie. Esta parte del canal está limpia, más arriba no”,
contó Andy. Tiene 11 años y vive con su familia en el barrio San Lorenzo.
“No sé si el agua del canal está contaminada o no. Pero de todas maneras el río también está contaminado”,
reflexionó Anahí Molinez, vecina de muchos años del barrio Canal V.
El niño que heredó de
su papá el disfrute del agua

Joaquín tiene 6 años, vive con su familia en el barrio Canal V y conoce todos los balnearios de la ciudad. Dice que le gusta mucho el agua y que está yendo a natación. Su mamá Anahí lo mira con orgullo y cuenta una linda historia de su presencia en el canal de calle Crouzeilles.

“ Hace un rato pasamos con el auto y Joaquín vio a los chicos que se estaban bañando y quiso quedarse. Yo tenía algunos temores, la profundidad, si el agua está limpia o no. Estaba indecisa”, cuenta la mamá. Al manejo del auto iba el papá de Joaquín, que les contó que él era muy pequeño cuando fue por primera vez a bañarse a ese canal. Y que desde ese momento hasta que fue adulto nunca dejó de ir.

Anahí resolvió entonces regresar a su casa, ponerse las mallas y salir rumbo al canal. “Tengo media hora antes de irme a trabajar así que lo traje para que se refresque porque después lo tengo que llevar a la casa de los abuelos y se tiene que quedar encerrado, y con este calor no está bueno”, dice.

La familia suele concurrir, cuando las obligaciones laborales lo permiten, a alguno de los balnearios de la ciudad. Al momento de comparar el canal con el río, Anahí solo encuentra puntos a favor y en contra de uno y otro, pero finalmente resume de manera clara.

“En el canal siento que mi nene está seguro porque no hay corriente y no tiene mucha profundidad. Además al haber mucha sombra el riesgo del sol es menor. Lo que me preocupa es la salud, no se si éste agua está contaminada o no “, dice y paso seguido agrega con firmeza: “Bueno, el río también dicen que está contaminado y la gente no deja de ir a bañarse”.

Nació para regar las chacras y se convirtió en un minibalneario

El canal Cinco de calle Crouzeilles nace metros después de calle Belgrano hacia el sur, roza el límite de los barrios San Lorenzo Sur, Valentina Norte Urbana y Canal V.

Su recorrido de aproximadamente 600 metros lineales finaliza en la Ruta 22, donde comienza hacia el río Limay el canal O’Connor.

En su origen, tenía como objetivo regar las chacras que existían en el sector oeste. Luego con la urbanización fue transformándose. Hoy es utilizado como desagüe pluvioaluvional.

Es uno de los 16 canales que cruzan el ejido de la capital neuquina. Unos cien metros del Canal Cinco son usados por vecinos para refrescarse durante el verano. El resto del trayecto es un verdadero problema para los habitantes de los barrios aledaños y el municipio.

Periódicamente el área de limpieza urbana debe realizar la extracción de todo tipo de basura, desde envases plásticos hasta electrodomésticos en desuso. El tramo que va desde calle Zeballos hacia el norte es el más crítico. En ese sector, en septiembre pasado, el municipio retiró 12 camionadas de basura domiciliaria y residuos voluminosos. Previamente en enero en un operativo similar se había realizado la extracción de 3 camionadas.

Los aproximadamente 600 metros de recorrido que tiene el canal son a cielo abierto.
Recibe el agua de lluvia y el excedente de los sistemas de riego.
Neuquén

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