Hace cuarenta años, en el Winterland Arena de San Francisco, la banda daba su

último concierto en medio de una accidentada gira plagada de cancelaciones por

la mala conducta de los músicos y las disputas entre Johnny Rotten y Sid Vicious.

13 ene 2018 - 00:00
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La relación de Borges con los sueños fue siempre muy estrecha. En el prólogo a “El libro de los sueños” especula que estos “constituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros literarios”. En este libro Borges recorre a su manera, iconoclasta y genial, algunos de los relatos en los que el sueño es parte esencial de la historia. Gracias a los sueños premonitorios, Gilgamesh, el héroe babilónico, logra sortear una serie de aventuras y enfrentarse a monstruos y dioses malignos.
En el Génesis, José interpreta los sueños del Faraón, preocupado ya que había soñado que a orillas del río subían siete vacas gordas y siete vacas flacas. Luego se duerme nuevamente “soñó que veía siete espigas que salían de una misma caña de trigo, muy granadas y hermosas, mas detrás brotaron siete espiga flacas y quemadas por el viento solana que devoraron a las granadas y hermosas”. José le da la clave de su sueño: “Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto y detrás de ellos vendrán siete de escasez”.
Borges continúa con una selección de diferentes episodios bíblicos que relatan la importancia de los sueños y su interpretación para el pueblo hebreo. Numerosos testimonios de la literatura oriental, especialmente china, árabe e hindú son antologados por el creador de “Ficciones”. De todos ellos te extracto este cuento tradicional en versión árabe sobre la disputa por un pan que lejos está de cualquier interpretación de los sueños y muy cerca de la picardía: “Un musulmán, un cristiano y un judío van de viaje; agotaron sus provisiones y aún les quedan dos días de camino por el desierto. Esa noche encuentran un pan. [...] Deciden que lo coma el que tenga el sueño más hermoso. A la mañana dijo el cristiano: Soñé que un demonio me llevaba al infierno, al que pude apreciar en todo su horror. Dijo el musulmán: Soñé que el ángel Gabriel me llevaba al paraíso, al que pude apreciar en todo su esplendor. Dijo el judío: Soñé que un demonio llevaba al cristiano al infierno y que el ángel Gabriel llevaba al musulmán al paraíso, y me comí el pan”.

Hace 40 años, los Sex Pistols daban su último concierto en San Francisco, en medio de una accidentada gira que marcó no sólo la desintegración final de la banda más importante del punk, sino que además representó el cierre de una era en un género que había nacido para romper con los cánones establecidos en la música y que, presa de aquellas cosas que combatía, debía reformularse para seguir existiendo.

“¿Nunca sintieron la sensación de haber sido estafados?”, dijo un hastiado Johnny Rotten, antes de abandonar el escenario del Winterland Arena, el 14 de enero de 1978, luego de una desganada interpretación de “No fun”, un clásico de Iggy Pop and The Stooges, que resultó toda una declaración de principios sobre el estado de ánimo que dominaba no sólo al cantante, sino a gran parte del movimiento.

Es que el derrotero de la banda emblemática del movimiento resultaba la imagen más cabal de lo que había ocurrido con el género al que muchos aún consideran la última gran revolución en la historia del rock.

Nacida con la idea de cambio permanente, el grupo, integrado por Rotten en voz, Steve Jones en guitarra, Sid Vicious en bajo y Paul Cook en batería, se encontraba estancado a nivel creativo, luego de haber editado un único disco, el famoso “Never mind the bollocks”; con sus integrantes distanciados; y en medio de un repudio generalizado por parte de la opinión pública.

En este contexto, el futuro del punk se debatía entre seguir por el camino del sonido estridente y los acordes y ritmos básicos, lo cual permitía cristalizar el slogan “hágalo usted mismo”, por resultar accesible de realizar incluso para aquellos analfabetos a nivel musical; o responder al mandato del cambio permanente, al nutrirse de otros géneros y posibilidades técnicas.

Esta dicotomía suponía además una división entre los jóvenes de clase baja que apenas podían acceder a instrumentos y educación musical, pero que veían en el punk un movimiento que les permitía cumplir el sueño de ser músicos; y aquellos que contaban con aspiraciones artísticas más elevadas, en muchos casos inaccesibles para las grandes masas.

La última gira de los Sex Pistols, que por esas curiosidades del destino tocó por última vez en vivo en la misma ciudad en donde 12 años antes lo habían hecho Los Beatles, estuvo plagada de cancelaciones, a raíz de la mala reputación con la que contaba la banda, en gran parte gracias al plan de su omnipresente manager, el situacionista Malcolm McLaren.

En este sentido, sus ideas encontraban en Sid Vicious a su máximo intérprete, un personaje casi caricaturesco, con una ineptitud total para la música, pero con una personalidad destructiva que era capaz de generar todo tipo de escándalos arriba y abajo del escenario.

El ingreso de Vicious a la banda había ocurrido algunos meses antes, en reemplazo de Glen Matlock, el autor de la mayoría de las canciones de la banda, cuya convencionalidad a la hora de encarar la música no resultaba funcional al movimiento, según lo considerado por el resto de la banda.

Acaso, esta decisión haya sido el certificado de defunción de los Sex Pistols, que a partir de ese momento se convirtió en una parodia de sí mismo. Obviamente, esto también provocó el distanciamiento sin vuelta atrás entre McLaren y Rotten, quien no se resignaba a ser un mero “títere” del manager, y que además había avalado el ingreso de Vicious en un principio para luego lamentar que se había convertido en “un circo con patas”.

Del mismo modo, el grupo que había planteado en sus inicios que no hacían falta años de conservatorio para tocar música y que apostaba al caos sonoro; además de haber pateado el tablero con algunas acciones públicas, como sus escandalosas incursiones televisivas y su concierto en un barco sobre el río Támesis en pleno jubileo de la Reina; se encontraba estancado y sometido a una imagen pública que de a poco lo devoraba.

La debacle final de los Pistols mostró a Rotten enfrentado para siempre con McLaren y aislado del resto del grupo, que no oponía resistencia a los deseos del manager.

En este sentido, McLaren emprendió un viaje a Río de Janeiro junto a Jones y Cook, para registrar imágenes para su proyecto fílmico “The great swindle of Rock and Roll”, al tiempo que fracasó su intento de convertir a Vicious en una estrella por su adicción a la heroína, que un año más tarde le provocaría la muerte, luego de un proceso judicial por el asesinato de su novia, Nancy Spunger.

Y Rotten, ya bajo su verdadero nombre John Lydon, encaró una larga disputa judicial y personal contra McLaren y se concentró en su nuevo grupo Public Image Ltd., con el que comprendió que la fórmula de los tres acordes, las quintas paralelas, los tempos altos y los sonidos “gordos” de guitarra estaba agotada, y era el tiempo de apostar a la electrónica y el reggae, entre otros elementos, para dar paso a lo que se conocería como postpunk.

La debacle final de los Pistols mostró a Rotten enfrentado con McLaren y aislado del resto del grupo, que no oponía resistencia a los deseos del manager.
Rotten comprendió que el tiempo del punk había pasado y que era el momento de apostar a la electrónica y el reggae. Así formó Public Image Ltd.
Buenos Aires
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