Productores ovinos buscan renacer de las cenizas

Con ayuda del Estado, confían en una pronta recuperación de la actividad.

Sequía y ceniza no dieron tregua a productores de la

región sur.

28 abr 2012 - 00:00
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Los productores ovinos y caprinos dejan atrás un año para el olvido y se esperanzan en que vendrán tiempos mejores. La intensa sequía y la ceniza volcánica han marcado a fuego a la principal fuente de producción de la Región Sur rionegrina.

Desde hace un lustro, la falta de lluvias y nevadas venía dejando profundas secuelas en los campos y marcando un constante declive que fue afectando el recurso forrajero y el ganado. A ello se sumó la inesperada erupción del volcán Puyehue-cordón Caulle, que afectó al 20% de la Región Sur el 4 de junio de 2011. Fue un golpe muy difícil de asimilar para los más de 1.900 ganaderos que directa o indirectamente fueron perjudicados por el material volcánico.

El fenómeno mató miles de animales y provocó una marcada disminución de las majadas. Sus efectos fueron variados y se notaron tanto en la mortandad de los animales como en una sustancial baja en la calidad de la lana, abortos y señaladas.

Un informe de INTA Bariloche pone sobre el tapete la crítica situación a la que llegó el sector ganadero ovino en el último año. La zafra lanera 2011-2012 se caracterizó por disminuciones en los indicadores de producción y un empeoramiento de las características de calidad en comparación con las de la zafra anterior.

Las causas están ligadas al sostenido proceso de sequía durante los últimos cinco años, que ha afectado principalmente a la región del Monte Austral y Meseta Central, y el depósito de cenizas volcánicas del Puyehue en áreas puntuales de Precordillera, Sierras y Mesetas y la posterior voladura de la fracción más fina del material hacia el este de la provincia (Meseta Central y Monte Austral). En este contexto, existen zonas de transición donde habría un efecto combinado de ambos factores.

Las mermas en la producción de lana en las zonas afectadas se explican por la mortandad de animales (muy variable, con un rango del 10 al 80%) pero también por disminuciones de la producción individual en peso de vellón limpio, las que, en base a algunos datos analizados en la zona afectada por cenizas, rondarían entre el 15 y el 20%. En estos dos parámetros se basa la principal reducción en los ingresos por venta de lana limpia a nivel de los establecimientos.

Los indicadores de calidad más importantes para establecer el precio de los lotes de lana también mostraron marcadas reducciones. En toda la provincia los valores de rinde al peine registraron caídas importantes, con mermas de entre 5 y 12 puntos porcentuales en las zonas más afectadas por la sequía y del 20 al 35% en las alcanzadas por las cenizas volcánicas. La granulometría de las mismas (tipo arena o tipo talco) y, por ende, su peso tuvieron una incidencia importante en esa disminución.

La resistencia a la tracción fue otra de las características fuertemente modificadas. Los valores de las lanas esquiladas preparto, normalmente resistentes (>30 N/Ktex), resultaron en esta zafra similares a los esperables para las lanas posparto, o sea fibras débiles (20 a 25 N/ktex) o quebradizas (14 a 20 N/Ktex). En definitiva, la gran mayoría de los lotes analizados en la actual zafra estuvo por debajo del umbral de 30 N/Ktex, que garantiza un buen comportamiento durante la industrialización.

Las mermas en la resistencia a la tracción están asociadas al estrés y al afinamiento de fibras a causa del hambre o la inanición.

También se registraron disminuciones en la finura, del orden de una micra, principalmente en zonas con sequía. Esta situación normalmente es identificada como “finura de hambre”, para diferenciarla de la de origen genético.

Cierto efecto paliativo tuvieron los mercados, con precios internacionales muy interesantes para la lana (aunque también para la carne). Las lanas preparto registraron hasta diciembre valores muy altos, los mayores de las últimas cinco zafras, aunque luego –en lo que va del año– la influencia de la inestabilidad en varios países de Europa se hizo notar, aquietando la actividad del sector y mostrando cierta volatilidad aunque sin bajas drásticas de precios.

Debido a las bajas de stock y de producción, la industria lanera nacional tiene capacidad ociosa. La escasez de materia prima estimuló la competencia entre los compradores, por lo que a pesar de la calidad “subóptima” de la mayoría de la lana no hubo obstáculos para venderla.

No obstante el tétrico panorama ocasionado por el factor climático y la naturaleza, los productores y organismos vinculados con el sector no bajan los brazos y están dispuestos a dar pelea para sacar adelante a la principal producción de la Región Sur rionegrina.

Además, las lluvias que se registraron durante el primer trimestre han renovado las esperanzas de los campesinos, que vislumbran un futuro más alentador. Con el objetivo de atenuar el duro impacto, desde el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación en el último año se han inyectado al sector ovino y caprino unos 25 millones de pesos en subsidios y cerca de diez en créditos a valor nominal. En este sentido, en muchos casos se ha reconvertido la producción de extensiva a intensiva con la suplementación alimentaria a corral, con el objetivo de recuperar la condición corporal de los animales que sobrevivieron y aprovechar su carne, además de la lana.

A estos fondos se sumarán otros tres millones de pesos que se gestionan para atender las necesidades de infraestructura de los productores afectados por la tormenta del 8 de marzo, un programa de perforaciones para captación de agua y la reparación de los caminos vecinales. Por otro lado, algunos productores han incorporado innovadoras técnicas para dotar a los animales de prótesis dentarias.

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