El hermoso sueño de una ‘fábrica recuperada” propia

Un aserradero de Roca cobró vida gracias a sus trabajadores.

No teníamos ni un clavo, pero nos arriesgamos. Al fin de cuentas, ‘el que no arriesga no gana’, dicen

09 oct 2012 - 00:00
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Carlos, Guillermo y Juan todavía recuerdan cuando trabajaban casi todo un mes por apenas $100. “¡Y a veces menos!”, ríen hoy, a la distancia. Lejos del drama de aquella época. Y recuerdan aun hoy cómo era trabajar “bajo patrón”. “Hacé esto, hacé lo otro, anda para acá, anda par allá”. En fin. Carlos, Juan y Guillermo no son simplemente amigos que desandan viejas épocas en la memoria. No. Son socios de su propia cooperativa, junto a otros quince trabajadores que se jugaron, en la peor época, su última y mejor ficha. De eso, hace exactamente dos años y medio, cuando el aserradero donde trabajaban “se vino a pique” y decidieron recuperarlo. Las cosas hoy van bien. La Cooperativa Primero de Mayo es una nueva “fábrica recuperada” en la región, y con orgullo, hoy quieren contarlo. “No quebró la empresa, pero se llenó de deudas, todo empezó a caer, ya no había madera para hacer nada y nadie venía a comprar”, contó Guillermo Aviles, empleado durante más de 20 años, y ahora socio y presidente del emprendimiento. Fue en un abrir y cerrar de ojos. Pasaron de ser trabajadores de un aserradero, a ser quienes llevan las riendas del barco, y después de padecer, literalmente, ‘toooda’ junta la época de vacas flacas, hoy pueden decir que el sueño de “la fábrica recuperada” propia, comenzó a dar frutos. Trabajan seis días a la semana, no se quejan, y la producción semanal ronda entre las 11 y 13.000 jaulas para frutas y verduras. Además de la labor diaria, los trabajadores repararon, con sus propias manos y la ayuda que pudieron conseguir, todas las antiguas máquinas del aserradero -conocido como ex-Zinelli-, en su establecimiento sobre calle Alsina. También, con esfuerzo, pudieron comprar nuevas. La Legislatura de Río Negro, apenas algunos días atrás, declaró de interés social y de utilidad pública, la experiencia del aserradero. Destacó como de “interés social y económico la actividad de recuperación de la empresa y el sostenimiento de los puestos de trabajo por parte de la cooperativa Primero de Mayo Limitada”. “Esto nos vino muy bien porque nos sirve para frenar cualquier tipo de remates... Ya pasamos por varias de estas y es difícil. Todas las máquinas están embargadas por el Banco Nación, el techo y la mampostería... y hay embargos de otros bancos”, dicen. Un poco de historia “Nos despidieron en mayo de 2010 argumentando el artículo 147, es decir con el 50% de la indemnización. No quebraron, pero decían que era por los aumentos de luz, de los insumos, pocas ventas”, contó Guillermo. “La empresa Embalajes SA era dueña de la mayoría de las máquinas, en el 99 dejó y después pasó a convertirse en Envases SRL, pero el dueño un buen día nos dijo ‘no tengo más plata, si quieren trabajar ahí tienen... En (la secretaría de) Trabajo de la provincia firmó un documento donde nos cedía a préstamo o comodato sin cargo. Nos hicimos cargo y la experiencia en principio fue dura, nos cagábamos bien de hambre, durante varios meses no cobramos nada, pero bueno es lo que habíamos elegido”. “Hace 27 años que trabajo acá, y me deben como 25”, contó Juan, hoy vice de la cooperativa, con calma y resignado. Nunca cobré nada, ni indemnización ni nada, y los aportes ni se hicieron... nos engañaban”. “Yo estaba mal y también andaba metido en un proyecto para ir a trabajar a otro lado... pero nos quedamos acá. Sabía que era posible, siempre confié, fui positivo en todo. Los primeros meses la pasamos muy mal, teníamos que trabajar 20 días para llevar $100 a la casa, pero el propósito de esto era recuperar la fábrica”. Hoy, todos hacen de todo. Horarios no hay y las tareas son compartidas. “Ya no hace falta que nadie venga a decir qué es lo que hay que hacer. Todos sabemos, y somos responsables”, dicen. “En principio iba todo mal, pero de a poco se fue dando. No teníamos respaldo económico, no teníamos ni un clavo, pero igual nos arriesgamos. Al fin de cuentas... ‘el que no arriesga no gana’”, agregó Carlos, padre de dos hijos. Ninguno de ellos, al contar la historia, puede evitar alzar la vista y mirar hoy, el aserradero repleto de madera y suspirar aliviados: “Todo esto estaba pelado.... no había nada”. Con algunos álamos guachos -dijo Guillermo- empezamos a hacer algo, pero fue difícil”. En abril (de 2010) comenzamos a trabajar ya un poco mejor, la fábrica se empezó a mover, con algunos palos más... empezamos a vender a unos y otros. Pero todavía no alcanzaba para repartirnos nada. Fue duro. ¡Nos llevábamos 100 pesos cada tres semanas!”, recordó. De a poco, el mal trago fue pasando y “ahora por lo menos cada uno tiene un sueldo mínimo, vital y móvil”. Forman una agrupación con Manzanares, Sigmar, aserradero Godoy y la ex-Fricader, todas empresas recuperadas. Del aserradero salen ventas para todo el Valle. Jaulas, pallets, bins.