El destino de la fruta

Estrategias y desafíos de la industria para salvar la sidra

Las empresas que la producen necesitan reinventar la bebida, sumar opciones. Sin embargo, el camino es muy complejo y se tienen que enfrentar a trabas y fuertes intereses.

24 sep 2017 - 00:00
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Salvar a la sidra y darle una bocanada de oxígeno para que pueda sobrevivir en el cada vez más competitivo mundo de las bebidas alcohólicas. Llegar a las góndolas con nuevos perfiles y atraer a otros consumidores es el desafío del tradicional producto que se elabora con las manzanas de la región. Trabas legales e intereses sectoriales, impiden por el momento que la industria sidrera encare un nuevo camino.

Reinventarse para salir a reconquistar el mercado no es una tarea fácil. Sin embargo, en otros lugares del mundo, la sidra encontró las condiciones que necesitaba y se ganó un lugar de preferencia en las góndolas al punto tal que en la actualidad puede competir en un “mano a mano” con las demás bebidas alcohólicas y aperitivos.

En diferentes países de Europa, la sidra ya experimentó una evolución favorable que causó un impacto positivo en el gusto de los consumidores, incorporando presentaciones como sidras de peras, saborizadas o aromatizadas, orgánicas y artesanales. Alemania, por ejemplo, es uno de los países que lidera el consumo de sidra y tiene en su abanico de producción la capacidad de utilizar para la elaboración cerezas, peras, manzanas o uvas, si se le quiere dar a la bebida una nota más dulce. Inglaterra es otro de los que lidera el ranking.

Esa versatilidad que los expertos han aplicado sobre la sidra, la mirada puesta en ofrecerle al público diferentes alternativas y generar otras ocasiones para beberla, hizo que a nivel mundial el consumo se duplicara en los últimos diez años. En nuestro país, el escenario es completamente distinto. La estadística marca una alarmante baja en el consumo: cayó 6% por año en promedio, en los últimos 5 años. Y si la caída se traduce en números durante ese período, arroja que se perdieron 20.300.000 litros de sidra que ya se consumen en las góndolas.

La empresa CCU Argentina, que es el mayor productor de la bebida a través de su unidad de negocios sidra, ha realizado un estudio que marca otro dato para atender y entender. La no preferencia por la sidra, también se duplicó entre los consumidores de bebidas alcohólicas. Bastardeada por el champán y otras bebidas, son contados los que se animan a llegar a un cumpleaños o un evento con una sidra debajo del brazo. “Es muy de rata llevar una sidra, no da”, fue la respuesta que predominó en la encuesta que hizo la compañía.

Sólo las sidras de categoría Premium, como la 1.888 de Sáenz Briones, lograron ganar terreno en las ventas e incrementar su producción. Esta marca produce 750.000 cajas de sidra por temporada y representa el 20% de la producción de la planta de CCU, que elabora el caldo para la sidra en el Parque Industrial de Allen. Una cifra que también tienta a quienes se encargan de la ingeniería de ventas de las sidras tiene que ver con que el 23% de las personas que consumen bebidas alcohólicas, no toman cerveza y allí puede existir una puerta que conduzca a la oportunidad.

Según el código alimentario argentino, la sidra sólo puede elaborarse a base de manzana, con un adicional de pera que no puede superar el 10%. Esa fórmula, custodiada por la CONAL (Comisión Nacional de Alimentos y Bebidas) está escrita, es ley y por el momento no predomina el espíritu de promover una modificación al código alimentario, por diversos intereses que hasta ahora no presentan argumentos sólidos.

Pese a la resistencia, en Argentina y en las sombras de las esferas comerciales más reducidas, se producen y venden con otros nombres sidras que son de pera o que contienen diferentes frutos. Son sidras, pero no pueden comercializarse bajo la denominación de esa categoría. Entonces, todo se hace por lo bajo, de manera muy discreta.

En algunos sectores de la actividad sidrera, hay una cierta resistencia a cambiar las reglas de la elaboración para que la bebida pueda buscar otros horizontes y dejar de ser un producto que sólo se consume para el brindis de navidad o año nuevo. La razón tiene que ver con que, para algunos productores, como está configurado, el negocio no ha dejado de ser rentable y temen que los cambios alteren las ganancias.

CCU es una de las empresas que está convencida del cambio que se necesita en el código alimentario para darle una vuelta de tuerca al negocio de la sidra. La compañía cree que la fórmula debe estar orientada a cuidar la calidad, cambiar las percepciones de los consumidores y acercarse a las sidras que triunfan en el mundo con buenos productos y más comunicación para poder crecer. Una de las propuestas que impulsa CCU es la de poder pasteurizar el mosto para trabajar con caldos estériles y utilizar menos conservantes. En la actualidad ningún sidrero del país puede exportar sus productos porque la Unión Europea modificó su código alimentario y bajó drásticamente por niveles de conservantes, que son inferiores a los de Argentina.

En cifras
40.000.000
menos de kilos de manzana representa la caída del consumo de sidra que se dio en los últimos años.
10
años es el período de tiempo que se tomó a nivel global para evaluar el comportamiento del consumo. Casi se duplicó.
“Estamos tratando de poner en valor a una industria que ha quedado completamente alejada y hasta mal vista”.
Carlos Banacloy,
secretario de Fruticultura.
España se animó al gran cambio
España es uno de los países que cuentan con una histórica tradición sidrera que no dudó en aplicar cambios para ampliar el abanico de producción. Ese país incorporó a su código denominaciones como: sidra (tradicional), sidra extra, sidra con zumo de frutas, sidra aromatizada, sidra de hielo, cóctel de sidra, sidra de bajo contenido en alcohol y sidra sin alcohol.
El componente de peras en la elaboración de las sidras no debe superar el diez por ciento dentro de la fórmula.
El resto es todo con manzanas.
Una mesa para empujar el cambio

La secretaría de Fruticultura de Río Negro fue el ámbito en el que la semana pasada se empezó a analizar la situación de la sidra, que demanda para su elaboración millones de kilos de manzanas y una cantidad menor de peras. Ese organismo que dirige Carlos Banacloy, un funcionario que viene de la actividad vitivinícola, convocó a diferentes sectores para formar una mesa y evaluar qué hacer porque la actividad frutícola es la base de la cadena que nutre a la industria sidrera.

La Federación de Productores de Río Negro y Neuquén, la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados, las universidades públicas, el INTA y otras entidades, participaron de la discusión. “Estamos tratando de poner en valor a una industria que ha quedado completamente alejada y hasta mal vista. Es una industria muy importante para el Valle, la de la sidra. Creo que estamos en el buen camino de recuperar algunas alternativas de industrialización”, señaló Banacloy. El funcionario insistió en que, si la industria sidrera avanza, habrá más posibilidades de colocar fruta para la elaboración de la sidra. “La idea es ponernos al frente de lo que está pasando, ver por dónde van las industrias en el mundo a partir de las peras y manzanas con la diversificación. Una de las posibilidades son las sidras, también los frutos secos y en ese camino estamos trabajando”, agregó.

Luego de un encuentro que reunió a los diferentes sectores, Banacloy expresó que “hay que acercarle la sidra al consumidor, que hoy la ve como un producto festivo, estacional, es un producto que no está valorizado para todo el año. Creo que hay que dar opciones, volcarnos a lo que es hoy la sidra tirada y otras alternativas. En el mundo ha crecido muchísimo la sidra y acá cayó y sigue cayendo”.

El secretario de Fruticultura también cuantificó la pérdida en el consumo, indicando que se perdió alrededor de un litro y medio de sidra per capita en los últimos años.

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