Svampa advirtió sobre efectos del “neoextractivismo” en el país

Analizó el fenómeno de la soja, la megaminería, las megarrepresas y los hidrocarburos convencionales y no.

10 ago 2013 - 00:00
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La existencia de un tácito “consenso de los commodities” extractivos que afecta el territorio, los recursos naturales y a la sociedad de amplias regiones en América Latina señaló la socióloga Maristella Svampa.

La intelectual habló acerca de la relación del “neoextractivismo” con la afectación de los derechos humanos y con el alcance de la democracia en el continente y, en especial, en Argentina.

Llamó a “no dejar en manos de técnicos este tema que afecta a la sociedad e involucra decisiones políticas”.

En cambio, instó a “producir un saber experto independiente del poder político, económico y mediático”, porque -dijo.

“la mayoría de los que hablan tienen compromiso con los intereses en juego”.

Svampa expuso en el marco de la II Feria Patagónica del Libro en el aula magna de la Fadecs, y hoy presentará su tercera novela en la Villa de las Artes.

Definió el neoextractivismo como la producción y extracción de materias primas a gran escala para la exportación, y puso como ejes el cultivo extensivo de la soja, la megaminería y la explotación de hidrocarburos convencionales y no convencionales.

Manifestó que “gracias al alto precio de las materias primas, los países de América Latina han aceptado como destino este papel, que implica la reprimarización de sus economías.

A su juicio, no hay distinción entre países con gobiernos de derecha, de centro o de izquierdas progresistas o nacionales y populares.

E indicó que lo han aceptado “minimizando los costos ambientales y sociales” de estas actividades.

Como ejemplo, dijo que provocan “nuevas asimetrías”, se imponen de manera vertical a las poblaciones, generan la desposesión de tierras y de derechos, la sobreexplotación de los recursos naturales, la expansión de la frontera productiva hacia áreas protegidas como selvas, desiertos o glaciares y la tendencia al monocultivo.

Definió dos dinámicas: la de enclave -con pocos nexos con actividades preexistentes- y la de desplazamiento -que refuerza la reconfiguración de territorios-.

Advirtió que no generan puestos de trabajo proporcionales a la depredación ambiental ni provocan un efecto “derrame”, compitiendo por tierras, energía y agua con otras actividades productivas.