Los jóvenes, la ley y el síntoma

El psicólogo Gustavo Marín opinó sobre la problemática del consumo de alcohol en los jóvenes ante el debate abierto sobre la ordenanza que regula la actividad nocturna en boliches de Roca.

17 jul 2017 - 12:41
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La juventud en la vida contemporánea se ha asociado a la fuerza, a lo nuevo, a la belleza, a descubrir nuevos mundos, a la aventura, al amor, a la imaginación. Pero también a lo peligroso, al descontrol, a lo disrruptivo, a lo inmaduro, a lo impuro, a lo imprudente. Y estas distintas concepciones conviven todas juntas hoy, se entrelazan y traen confusión.

Pareciera que los jóvenes son los que tienen problemas con el alcohol, con la ley, pero en realidad ellos son un síntoma de lo que pasa en la sociedad. Los jóvenes se aburren, transgreden, se vuelan, se vuelven indiferentes, indolentes, se anestesian, crean una contracultura en la tecnología, en las redes sociales. Los jóvenes se drogan para aturdirse, es una forma de auto medicarse, el alcohol es un suplemento de su autoestima que esta muy debilitada. Pasa en nuestra comunidad, pero según investigaciones también pasa con los jóvenes en todo el mundo occidental.

Siguiendo al Dr Claudio Naranjo, nos dice que esto es fruto de una sociedad patriarcal, que privilegia la competencia por la solidaridad, la agresión por la ternura, el tener por el Ser, lo individual por sobre lo colectivo. Y agrega que nos encontramos en un momento de gran pobreza psico-espiritual.

Esto significa que nuestra cultura no favorece que tengamos espacios para preguntarnos cuál es el sentido de nuestra vida, para que estamos acá, quienes somos, cuál es nuestro lugar en este mundo, en nuestra familia y comunidad.

Estos cuestionamientos son los que nos llevan a preguntarnos sobre nuestros valores en la sociedad. Actualmente los valores están dictados principalmente por los medios de comunicación, por la propaganda, por la publicidad y los noticieros.

Desgraciadamente no hay leyes que regulen estas acciones o si las hay no se aplican. Nuestra cultura debiera ser un espacio para desarrollarse, crecer en libertad, fraternidad, con pertenencia y búsqueda de sentido. En su lugar tenemos la cultura del divertimento, del hedonismo, del placer inmediato, de la frivolidad, porque el mercado manda.

O sea el problema no son los jóvenes, sino los adultos, que no les brindamos una sociedad en donde se sientan contenidos, escuchados, guiados. Los padres en muchos casos han abandonado su lugar de adultos, siguen confundiendo autoridad con autoritarismo, y dejan de poner límites, ceden más de lo necesario, compensan su ausencia con libertades excesivas y tecnología.

Los jóvenes necesitan de los adultos, del afecto, del límite, de la guía y de la charla. Los jóvenes requieren del gobierno una educación significativa, emocional y amorosa. Los gobiernos debieran velar por una cultura con valores humanos, para ello debe ser auspicios con todo lo vocacional, lo cultural, artístico, deportivo y espiritual.

¿Y si le preguntamos a los jóvenes como solucionar el problema con este tema y otros tantos? Quizás se trate de integrar, de escuchar todas las voces, de ser creativos y mirar con buenos ojos a nuestros jóvenes.

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