Cuál es lado filosófico del fútbol

Lo cuenta el escritor y filósofo español Gustavo Solaz, que acaba de editar “once más uno”.

15 may 2012 - 00:00
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El escritor y filósofo español Gustavo Solaz acaba de editar un libro de cuentos donde intenta encontrar el lado filosófico del fútbol. Son once cuentos en una cuidada edición de editorial 13x13 con circulación simultánea en Argentina y España. El autor se explaya sobre la tendencia cada vez más extendida entre el ámbito académico de poder entender los fenómenos sociales y populares desde otro punto de vista.

¿Por qué considera que el fútbol puede ser un tema filosófico?

Porque en el fútbol hay un sinfín de supuestos que se discuten. Existen cuestiones esenciales al juego del fútbol que contienen —si las buscamos— preguntas derivadas del tipo: qué es la belleza, qué es el bien, qué es la felicidad... Si por algo se caracteriza el fútbol es por ser problemático.

¿Por qué cree que tantos investigadores o escritores lo han tomado de tema para sus obras?

Como vengo a decir en la contratapa del libro, el fútbol es un motor de emociones y un generador de ideas. Lo primero es evidente, lo sabe incluso aquel que en su vida ha visto a Maradona abrir juego por las alas. Que por ser emocionante es motivo de escritura, lo sabe hasta quien nunca ha batido sus alas por no haber abierto un libro. Ya más difícil es advertir que el deporte rey también puede llevar a ideación. Si tenemos emociones e ideas, ¿por qué no poner las palabras?, ¿por qué no ponerlas en vocablos?

En su cuento «Fútbol de mesa» se recrea la discusión de si Maradona es mejor que Pelé, o si Pelé es mejor que Maradona. ¿Qué opina de esas opiniones generalizadoras? ¿Considera que alguna vez se puede llegar a un acuerdo?

Me gustan esas charlas en las que se proclama lo que siente el corazón. Me agradan, digo —y lo digo junto con el poeta Hölderlin—, las sobremesas y las en-torno-a-mesas donde escuchamos relatos de amorodio y de eminentes hechos y dados-por-hechos. Respecto a su segunda pregunta, pienso que maradonianos y partidarios de Pelé sólo formarían equipo por una buena causa: derrotar al boludo que asegura que, con la bola, El Mejor es Messi o Cristiano Ronaldo. Para ellos este sería un partido amistoso, sin título en juego.

En el cuento «El rectángulo de las bermudas» usted dice que la fraternidad no puede ser ni decretada ni impuesta, sino incitada. ¿Qué quiere decir con eso?

Pues ni más ni menos que el asado por real decreto es un llamado a la desafección.

En el mismo cuento, el problema de D.T. puede tener que ver con la dificultad de aplicar una teoría a la práctica. Usted, en tanto que filósofo, ¿qué opina de dicha dificultad en otros campos como la política, la educación, etc.?

Permítame que a esta pregunta responda a ras del suelo, más como ciudadano que como licenciado en filosofía (prefiero que se me interpele así y no tanto como filósofo; es un traje que me viene holgado). La realidad muchas veces estropea una buena teoría, sin duda. Pero en demasiadas ocasiones también, quienes nos rigen aprovechan la dificultad del acomodo para desalojar toda perspectiva. En este mundo del que se han enseñoreado los técnicos, en esta tecnocracia, poca cabida tienen los téoricos. ¡Uy!, diría que he acabado encaramándome a la torre de marfil, pese haber comenzado a pie llano. (Risas.)

Hoy el fútbol se encuentra llevado a un nivel de preparación, planificación y exigencia mucho mayor que otros tiempos. Tácticas, estrategias, cálculos se piensan con el objetivo de disminuir el grado de azar. ¿Cree qué puede lograrse algo así?

Cuando el azar entra por la puerta, el entrenador salta por la ventana. El otro día vi por TV cómo un entrenador de la Segunda División española atribuía su cese en aquella jornada a la «caprichosa pelotita» que, en tiempo añadido, rompió el 1-1 del marcador. De inmediato entendí que todo el esfuerzo de aquel hombre y su aparato racional se dirigía a neutralizar el balón. La cabeza cuadrada contra la esfera, la lucha contra la defenestración. Es una batalla diaria, sí, y todos los días muere un entrenador.

¿En qué proyecto se encuentra actualmente? ¿Tiene que ver más con la filosofía o con la literatura?

Uno —múltiple— siempre anda emborronando, garabateando, escarabajeando... Ensayando. En este sentido, me considero más un investigador que otra cosa. Lo mío es el terreno híbrido. Lo cruzado, lo bastardo, lo mestizo. El centauro.

Por Guillermo Flores

guillef33@gmail.com