Los empleados coinciden en que el edificio de Leloir era necesario, pero los amplios espacios los alejaron de sus pares.

Detrás del recinto, hay personas que sostienen el engranaje de la Legislatura

El engranaje de este poder del Estado lo mueven 580 empleados. Sus intervenciones en diferentes áreas contribuyen al resultado final: la sanción de leyes. En la actualidad se vive un recambio generacional en la Cámara. Tres historias de actores anónimos.

31 dic 2017 - 00:00
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El diputado que levantó la mano para aprobar una ley, antes, envió un asesor a la biblioteca a rastrear antecedentes para su proyecto. Su iniciativa llegó a los despachos de sus pares porque imprimieron copias para todos. Alguien había autorizado antes la compra del papel, liquidó los gastos de bloque y los sueldos del personal.

La Legislatura de Neuquén tiene 580 trabajadores moviendo el complejo engranaje de las sanciones. Partícipes silenciosos de decisiones que llegan a los 94.000 kilómetros cuadrados del territorio provincial.

Actualmente, la institución atraviesa una etapa de recambio generacional y despide a sus últimos “antiguos”: quienes participaron de la reorganización cuando hubo que volver a armarla casi de cero, como a la democracia.

“Acá se respira política, es la caja de resonancia de la provincia, donde están todas las ideas representadas. Sin que te guste la política, si entrás acá, te empieza a gustar y te vas a encontrar opinando también”, arriesgó Juan Carlos Ortiz, quien trabaja en la biblioteca legislativa desde 1984.

Cuando él empezó, funcionaba en calle Olascoaga y cubría material de primaria y secundaria. La mudanza a Leloir 810, unos 20 años después, amplió las posibilidades de la institución, que hoy da refugio a estudiantes universitarios. Trabajan 17 personas en una franja horaria que va de 8 a 20.

“La función nuestra es tener libros de derecho, todo lo que es el asesoramiento para quienes trabajan con los diputados; trabajamos con ellos prestándoles material y también con los alumnos”, dijo Ortiz. “La política siempre me interesó y me gustó, pero los procesos del Estado los aprendí acá. Lo que siempre les digo a los compañeros es que, cuando viene alguien a pedir algo, hay que atenderlo con una sonrisa y agotar todos los recursos para solucionarle el problema, porque somos servidores públicos”, señaló.

Entre los 9.000 libros y materiales legislativos que guardan las estanterías de la biblioteca, hay muchos que fueron impresos un piso más abajo, en los talleres gráficos de la Legislatura. José Altamirano es parte de ese equipo. Allí se materializan los diarios de sesiones con la versión taquigráfica de lo que se debate en el recinto, las leyes y otras normativas que se sancionan, los proyectos que ingresan, constituciones y folletería.

“Ha disminuido la parte de papelería comercial, talonarios, lo que hacíamos para administración. Ahora es todo digital”, indicó el subdirector del área, quien reconoció que un poco “inquieta” el avance de la digitalización en un oficio cuya “materia prima” es el papel. “Nos vamos aggiornando, tratando de mantener la imprenta y cubrir las cosas que no pueden hacer en otros sectores”, sostuvo.

Un representante de los talleres se sienta en el recinto junto al resto de los directores de prosecretaría legislativa y cada uno toma nota según las necesidades de su función. “Nosotros registramos, más que nada, la cantidad de sanciones que se tienen que imprimir”, explicó Altamirano. Si bien el contacto con los diputados y el debate político casi se limita a esa participación, el consumo de papel actúa las veces de termómetro respecto de qué cantidad de sanciones van saliendo en el año.

Para el año que viene, el presupuesto legislativo estimó un gasto de 286 millones de pesos en la categoría “formación y sanción de normas provinciales”. Se incluye ahí la actividad de los bloques políticos, el funcionamiento de las comisiones y el trabajo en el recinto. Marina Hidalgo, directora de Contaduría y Presupuesto, fue una de las que trabajó en la elaboración de esas cifras.

“Yo trato con todas las personas para la toma de decisiones cuando elaboro el presupuesto. Nosotros hacemos la parte operativa y, mensualmente, el informe de cómo va la ejecución para la toma de decisiones. Nunca yo mezclé lo político con la institución y siempre trabajé libremente”, aseguró.

Hidalgo guarda entre su colección de anécdotas unas jornadas extenuantes confeccionando los pliegos para la que fue la primera licitación pública de la Legislatura: la compra del mobiliario del nuevo edificio. Los números -4 millones de pesos a valores de 2006- causaron polémica en su momento. “Pasaron diez años y hoy vemos qué buenos muebles compramos y qué cuidadosa es la gente, porque se mantienen”, dijo con cierto orgullo.

El apoyo logístico para el funcionamiento de los diferentes bloques es esencial a la hora de rastrear antecedentes o imprimir copias para difundir una propuesta.
Experto en recordar títulos tras 30 años de biblioteca

A Juan Carlos Ortiz le tocó organizar la biblioteca legislativa cuando se empezaba a reconstruir el sistema democrático. En su ingreso a la institución, en febrero de 1984, se encontró con estanterías vaciadas y libros desparramados. Los militares no habían dejado “nada”, relató.

Ortiz había llegado a la Legislatura para ser mozo. Su madre había trabajado allí desde 1973 hasta el golpe de Estado. Cuando comenzó, apenas llegó a ponerse el guardapolvo y le pidieron su traslado al sector de los libros, un área que le era ajena. “Para mí fue una sorpresa porque yo venía de una casa de repuesto de autos, nada que ver”, comentó. Más de 30 años en la biblioteca dieron vuelta las cosas y hoy conoce y reconoce autores, portadas y ediciones de memoria.

“En ese tiempo, muy poca gente quería venir al Estado por el sueldo que se pagaba. Mi pensamiento era estar un par de años, pero acá estoy. Le agarré cariño y por eso mi permanencia y mi respeto por la institución”, señaló quien hoy es jefe de división de Libros de la Biblioteca Juan José Brion.

Al frente de un área clave que administra los recursos

Marina Hidalgo ingresó a la Legislatura en septiembre de 1984. La democracia cumplía apenas nueve meses y, se sabía, las instituciones se estaban organizando, necesitaban equipo.

El entonces diputado del MPN, Raúl Pascuarelli, daba clases de Historia en la nocturna a la que ella asistía y un día, en su despedida, les dijo a los alumnos: “si algún día necesitan algo, vayan a verme”.

“Yo trabajaba en una financiera de cadete y me quedé sin trabajo en febrero de 1984”, contó Hidalgo para explicar cómo llegó hasta la “casa de las leyes”. Lo primero que le ofrecieron fue un puesto en maestranza para cubrir una licencia por maternidad. Pero lo que sería un empleo de tres meses terminó extendiéndose a una carrera de 33 años. El año que viene cumplirá 55 y estará en condiciones de jubilarse como directora de Contaduría y Presupuesto.

“A la Legislatura le estoy agradecida por las oportunidades. Fue la institución que me dio todo. Pude terminar el secundario, la tecnicatura y la licenciatura en Administración”, afirmó.

La imprenta ya cruzó todos los cambios tecnológicos

En 1994, José Altamirano trabajaba en las rotativas de un diario de Neuquén, pero buscaba “algo más seguro”. “Ahora se pide más preparación, los tiempos cambiaron. En ese momento, yo no tenía el secundario, pero sí conocimientos del oficio. Lo había aprendido en una imprenta que estaba en Carlos H. Rodríguez e Yrigoyen. Ahí entré como cadete, en el 78”, contó.

Cuando se enteró de que en la Legislatura se buscaban maquinistas, decidió que era una buena oportunidad. Le tomaron algunas pruebas, pasaron tres meses y lo llamaron para el trabajo.

Hoy tiene 55 años y, “si no cambian nada”, le quedarían cinco más para jubilarse de su puesto en el subsuelo de la Cámara.

Altamirano permaneció algunos años en el puesto de maquinista hasta que pudo concursar y accedió al cargo de jefe de departamento de Imprenta.

Hoy es subdirector de Talleres Gráficos.

Su trayectoria acompañó los cambios tecnológicos: de un sistema “precario o prácticamente manual” al posterior offset, que ya incluía un diseño en computadora, hasta el digital que se usa actualmente.

La biblioteca tiene 9.000 libros y materiales de consulta. Está disponible para los diputados y asesores, pero también para la comunidad en general.
Planta de personal
580
empleados hay en la Legislatura, según el presupuesto 2018. Los de planta permanente son 373.
Neuquén