Por CARLOS TORRENGO
(Redacción central)
Por qué un libro sobre “Coti” Nosiglia?
- Porque a lo largo de lo que va de la transición siempre
está directa o indirectamente insertado en el poder,
en el sistema de máxima decisión política.
Queríamos saber cuánto era realidad, en relación
con su poder. Hay muy poco escrito sobre él, sobre
su estilo de ver y hacer política, un accionar que
divide aguas, polariza: es amado y odiado. El único
libro que habla muy directamente de él es el de José
Antonio Díaz y Alfredo Leuco, pero es un libro sobre
la Coordinadora.
- ¿Es el hombre con mayor influencia que se dio en
lo que va de la transición?
- Sin duda. Desde lo estrictamente operativo es así,
fue operador de Alfonsín, luego fue el operador de
la oposición a Menem y a posteriori tejió el
vínculo de Alfonsín con Eduardo Duhalde. Esto,
por marcar sólo algunos tramos de su andar.
- Quizá sea muy dura la apreciación, pero de
la lectura del libro podría concluirse que la relación
Alfonsín- “Coti” tiene mucho de enferma.
Una especie de dependencia de Alfonsín que le concede
a Nosiglia “todos los penales”, como dijo Jarovslasky.
¿Cómo definen ese vínculo?
- En ese vínculo, “Coti” es el gran proveedor
de logística. Alfonsín necesitaba algo, ahí
estaba “Coti”. Quería captar un opositor,
ahí estaba “Coti”. Quería tomar
mate, ahí estaba “Coti”.
- A eso, en política, Hegel lo definía como
“ayudante de cámara” del poder. Lo decía
respecto de algunos de los hombres que rodearon a Napoleón.
- Y sí... un vínculo estructurado alrededor
de ese tipo de contenido. Lo que nosotros no podemos determinar,
y queda explícito en el libro, es quién termina
siendo el jefe de quién en esa relación.
- Inquietante, se trataba del funcionamiento de un esquema
de poder.
- ¡Por supuesto, pero es así! Hay un hecho que
define mucho de cómo fue ese vínculo y en alguna
medida quizá lo siga siendo. Sucedió durante
la administración Menem. Llegó Bush padre como
presidente de Estados Unidos en visita oficial. Se hizo una
reunión en Olivos y “Coti” presionó
a Alfonsín: hay que ir a esa reunión... Alfonsín
no tenía claro qué rol le cabía a él
en esa reunión y era reticente a ir, pero “Coti”,
dale y dale, logró llevarlo. Nuestra conclusión
es que a “Coti” no le interesaba tanto el rol
de Alfonsín en ese lugar sino dejar en claro que él
lo llevaba, era a “Coti” a quien le servía
esa reunión. Luego Alfonsín recapacitó
y se calentó con “Coti”, incluso estuvieron
distanciados un tiempo.
- Se infiere claramente en el libro que en materia de ejercicio
del poder, a Nosiglia le seduce todo lo que ese ejercicio
puede dar. Pero en el marco de esta ecuación, ¿hay
un rasgo distintivo en esa seducción?
- Posiblemente sea lo que podríamos denominar acción
directa...
- Esa categoría tiene mucha connotación ideológica,
al menos en Europa. ¿Cómo la usan ustedes?
- ¡Sí, sí... no, no! La usamos como método
para expresar poder, para poner poder en marcha. En el libro
abundan los ejemplos de cómo lo hace “Coti”.
El caso de cómo Pontacuarto es elegido prosecretario
parlamentario del Senado. Le faltaba el respaldo en votos
de tres senadores y lo ve a “Coti” para que lo
ayude. Le dice incluso que, para ese cargo, Alfonsín
está juntando votos en favor de “Manolo”
Canals. “Coti” le pregunta quiénes son
los senadores. Los llama y les cambia el voto en favor de
Pontacuarto, que gana. Gana “Coti” y pierde Alfonsín.
Una pulseada, método que de tanto en tanto “Coti”
aplicaba para lucir poder.
- ¿Qué expresa la cercanía de Nosiglia
con Alfonsín?
- Es la consecuencia de un cambio generacional en pleno de
la gente que venía acompañando a Alfonsín
desde el fondo de su historia política. La muerte de
Roque Carranza y Raúl Alfonsín es devastadora
para Alfonsín. Eran amigos de muchos años...
hacedores esenciales en la construcción de Renovación
y Cambio. Desde esas ausencias se filtra decididamente Nosiglia.
No era un desconocido para Alfonsín, que ya le deparaba
mucha atención y lo tenía cerca, pero ése
es el momento en que “Coti” consolida el vínculo
y lo comienza a modelar en función de intereses propios
y de los intereses del partido, según él, que
quede claro.
- ¿Qué quiere decir eso de “según
él”?
- Bueno, mientras el trabajaba para el partido y a él
le iba bien, al radicalismo le fue cada vez peor.
- ¿No creen ustedes que la perspectiva desde la cual
Nosiglia hace política, o sea, ver la política
nada más que como una acumulación permanente
de poder termina siempre siendo una degradación de
la misma?
- Bueno, en el “Coti” político hay una
paradoja muy elocuente y creemos que queda demostrada en el
libro: mientras la fama de “Coti” crecía
como el hombre que tiene todos los hilos del poder y los maneja
desde la penumbra, su partido, el radicalismo entra en una
decadencia uniformemente acelerada que no ha podido frenar.
El radicalismo es sinónimo de muerte en tanto expresión
de poder, especialmente después del pacto de Olivos,
la operación más “brillante” de
“Coti” en cuanto a armarle Alfonsín todo
el apoyo logístico para llevar al partido al acuerdo
- Realmente el libro satura, y no por culpa de ustedes, de
datos que hablan de un Nosiglia cuya visión de la política
no es nada más que la “rosca”. No se le
cae una idea que haga al conjunto, a mejorar el país.
Nada de nada, sólo “rosca” y más
“rosca”. ¿Es así?
- ¡Totalmente! ¡El tiene una visión muy
elemental de la política, a la que mira en los términos
de lo que usted definió como nada más que acumulación
de poder!
- Lo grave es que sus famosas operaciones destinadas a sumar
opositores, torcer voluntades, etc.,etc., tenían el
respaldo de los recursos del Estado, es fácil hacer
política desde ese amparo. ¿Qué piensan
ustedes?
- Bueno, para “Coti” el aparato de Estado fue
un mero instrumento. Apeló a él para hacer política
desde una visión chiquita que hace de la prebenda,
el favor personal para generar una lealtad, pero nunca dirigida
hacia la conformación de ideas que hagan al interés
general del país.
- ¿Nunca hacer del largo plazo y del pensamiento estratégico
un tema propio?
- ¡Jamás, jamás!
- El más influyente asesor que tuvo Franklin Delano
Rossevelt fue Harry Hopkins. Se conocían de pibes.
Hopkins venía de la pobreza, canillita, etc. Muy odiado
en Washington porque no venía de la política,
la aprendió ya de muy grande. Tenía un acuerdo
con Roosevelt: nada de política de coyuntura. ¿Nosiglia
es sólo coyuntura?
- Nada más que coyuntura. ¡Jamás en un
tema de estado generoso, amplio!
- ¿Intelectualmente, Nosiglia no es un dirigente muy
acotado?
- Totalmente... desde esa perspectiva no le rendía
ningún beneficio a Alfonsín, que como contrapartida
no le pedía ninguna misión o trabajo que hiciera
de la formación intelectual algo imprescindible para
llevar a cabo la tarea. Sin que esto implique algo peyorativo,
“Coti” no tiene terminado el secundario. Empezó
medicina, no terminó; abogacía, no terminó.
Encaraba cursos de historia argentina, los abandonaba. Alfonsín
apelaba a él para la resolución, no para un
manejo complejo de ideas.
- ¿En ese tema aparecía Dante Caputo?
- Aparecía Dante, competían mucho con “Coti”
en cuanto al cariño del padre, Alfonsín. Caputo,
un hombre con formación intelectual de significación,
tenía visiones más amplias que “Coti”,
al que en alguna medida menospreciaba y “Coti”
tratando de suplir esa carencia desde lo práctico,
desde alcanzarle a Alfonsín el té cuando estaba
afónico, a juntarle punteros para ganar una elección
interna.
- Algo parecido a lo que fue durante años en Río
Negro la relación Pablo Verani - Daniel Sartor... se
cambian algunos contenidos y es lo mismo.
- Yo conozco bien ese vínculo- dice Alvarez Guerrero-
sí, sí... muy parecido.
- ¿Hay temor de “Coti” en el radicalismo?
Cuando encararon el libro, ¿cómo reaccionaron
las fuentes?
- Hay mucho temor reverencial... hay temor de lo que “Coti”
pueda hacer. No se trata de un silencio por obligación
de códigos. En cuanto a las fuentes, bueno, muchos
de los consultados hablaban dos horas sobre “Coti”
pero no decían nada.
- ¿Nosiglia es violento? Pregunto esto porque en el
libro hay una escena donde encierra a un fotógrafo
en un baño, lo trompea y amenaza porque le sacó
una foto con Raquel Mancini. Una actitud que, tal como está
presentada, tiene perfiles fascistas.
- En general es difícil encontrarlo en ese estado.
En los años mozos era de reacciones violentas, pero
después atemperó ese estilo. Y si nosotros ponemos
el caso del fotógrafo es porque se produce ya en la
madurez de “Coti”, ahí demostró
que se le soltaba la cadena fácilmente.
- Pero a modo de contrapartida hay momentos en que actúa
con valentía. ¿Es correcta esta interpretación?
- Y eso queda demostrado, por tomar sólo un caso, con
la presión que ejerce él y toda la Coordinadora,
para que Mario Amaya, que muere bajo tortura de la dictadura,
sea velado en el Comité Nacional y Ricardo Balbín
se niega con un argumento, bueno... , en fin.
- ¿No es un argumento de nulo fundamento ético
ante tanta tragedia?
- Es muy grave lo que hace Balbín, negarse a un homenaje
a un luchador como Amaya, asesinado por una dictadura, negarse
con el argumento de que Amaya se había “desviado”
del ideario radical es terrible. Pero sí, “Coti”,
en realidad toda la Coordinadora, no pasaron la dictadura
en puntas de pie. Basta ver los Habeas Corpus que en favor
de detenidos se presentaron ni bien se plasmó el golpe,
para darse cuenta cómo jugaron. Muchos los presentaban
jóvenes radicales abogados que no tenían ninguna
cobertura. Sólo Alfonsín los apoyaba dentro
de la máxima dirigencia. Volviendo al “Coti”
duro, nosotros recuperamos en el libro varios episodios en
los que, cuando se enfrentaban en la universidad, con el grupo
de jóvenes radicales que lideraba Cherasny, “Coti”
siempre estaba en la primera línea dispuesto a dar
mamporros. No operaba desde bambalinas. Y esto lo reconocen
en todos los planos del radicalismo. Hay datos interesantes,
sobre todo ese tipo de conductas. En el ’75, por ejemplo,
cuando en el país ya corría sangre , Federico
Storani tenía una elección universitaria difícil
en La Plata y les pidió ayuda a los correligionarios
de Capital para controlar el escrutiño. Eran días
duros, la derecha en La Plata no estaba para reflexiones,
mataba; el CNU mataba. La cuestión es que “Coti”
y Ernesto Fariña agarran dos bolsas y, entre ropa sucia,
meten varios fierros, ocho revólveres y un centenar
de municiones. Van a Constitución y por separado suben
a un mismo vagón. Fariña controlaba el pasillo.
La policía tenía bajo control permanente los
trenes.“Coti” se metió la bolsa entre las
piernas y no sacó la vista de la ventanilla, traspiraba
a lo loco, pero bueno, llegaron a La Plata y se abrazaron
a Federico. ¡Una locura!
- Pero de locuras también esta hecha la política
“aunque se ande en medias de seda”, decía
Teyllerand...
- Así es. Ni bueno ni malo: es. Lo dice la historia.
EL ELEGIDO
Como dirigente, Enrique Nosiglia encarna mucho de lo que
degrada a la política argentina.
Forjando siempre un alo de misterio a su accionar, fungió
en la administración Alfonsín desde cierta impunidad
sobre lo que es la política a la hora del manejo del
aparato de Estado. Un dictado de perfiles pulsionales muy
acentuados. Todo un convencimiento que lo llevó a la
omnipotencia de hacer de la política una mera cuestión
de acumular poder a modo de capas geológicas.
Un estilo que jamás le generó tensiones éticas.
Movido por el principio de la circunstancia y la conveniencia.
No se trató de hacer política siguiendo la adecuada
sentencia de Jacques Chirac en cuanto a que, en esa arena,
hay oportunidades en que debe dejarse el corazón en
el guardarropa.
Lo de Nosiglia fue pueril. Fue política sin apetito
por un rol con destino más digno que la “trenza”
y designios clientelares sobre el conjunto de las mayores
estructuras del poder nacional.
En Río Negro hubiese sido un radical de térmicos
y bolsitas destinados a generar dependencias y captar voluntades.
En el gobierno de Alfonsín, lo fue de recursos más
perecederos para gravitar sobre el sistema político.
Es fútil encontrar en Nosiglia el desarrollo de una
idea de rango estratégico. Su mente sólo está
despejada para la “rosca” y la “trenza”.
Divinizado y temido, algún alfonsinista vehemente llegó
a definirlo como Clemenceau. Insólito, casi.
Nada del estilo de Nosiglia de hacer política fue neutro.
Lo dice la historia.
Y ya juzgó.
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