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Domingo 24 de abril de 2004
“ ‘Coti’ Nosiglia tiene una visión muy elemental de la política”
Con su reciente “El Coti”, los periodistas Darío Gallo y Gonzalo Alvarez Guerrero desmalezan una de las personalidades más influyentes que tuvo la transición política : la de Enrique Nosiglia, todopoderoso “señor decisiones”,de la administración Alfonsín.

Por CARLOS TORRENGO
(Redacción central)

Por qué un libro sobre “Coti” Nosiglia?
- Porque a lo largo de lo que va de la transición siempre está directa o indirectamente insertado en el poder, en el sistema de máxima decisión política. Queríamos saber cuánto era realidad, en relación con su poder. Hay muy poco escrito sobre él, sobre su estilo de ver y hacer política, un accionar que divide aguas, polariza: es amado y odiado. El único libro que habla muy directamente de él es el de José Antonio Díaz y Alfredo Leuco, pero es un libro sobre la Coordinadora.
- ¿Es el hombre con mayor influencia que se dio en lo que va de la transición?
- Sin duda. Desde lo estrictamente operativo es así, fue operador de Alfonsín, luego fue el operador de la oposición a Menem y a posteriori tejió el vínculo de Alfonsín con Eduardo Duhalde. Esto, por marcar sólo algunos tramos de su andar.
- Quizá sea muy dura la apreciación, pero de la lectura del libro podría concluirse que la relación Alfonsín- “Coti” tiene mucho de enferma. Una especie de dependencia de Alfonsín que le concede a Nosiglia “todos los penales”, como dijo Jarovslasky. ¿Cómo definen ese vínculo?
- En ese vínculo, “Coti” es el gran proveedor de logística. Alfonsín necesitaba algo, ahí estaba “Coti”. Quería captar un opositor, ahí estaba “Coti”. Quería tomar mate, ahí estaba “Coti”.
- A eso, en política, Hegel lo definía como “ayudante de cámara” del poder. Lo decía respecto de algunos de los hombres que rodearon a Napoleón.
- Y sí... un vínculo estructurado alrededor de ese tipo de contenido. Lo que nosotros no podemos determinar, y queda explícito en el libro, es quién termina siendo el jefe de quién en esa relación.
- Inquietante, se trataba del funcionamiento de un esquema de poder.
- ¡Por supuesto, pero es así! Hay un hecho que define mucho de cómo fue ese vínculo y en alguna medida quizá lo siga siendo. Sucedió durante la administración Menem. Llegó Bush padre como presidente de Estados Unidos en visita oficial. Se hizo una reunión en Olivos y “Coti” presionó a Alfonsín: hay que ir a esa reunión... Alfonsín no tenía claro qué rol le cabía a él en esa reunión y era reticente a ir, pero “Coti”, dale y dale, logró llevarlo. Nuestra conclusión es que a “Coti” no le interesaba tanto el rol de Alfonsín en ese lugar sino dejar en claro que él lo llevaba, era a “Coti” a quien le servía esa reunión. Luego Alfonsín recapacitó y se calentó con “Coti”, incluso estuvieron distanciados un tiempo.
- Se infiere claramente en el libro que en materia de ejercicio del poder, a Nosiglia le seduce todo lo que ese ejercicio puede dar. Pero en el marco de esta ecuación, ¿hay un rasgo distintivo en esa seducción?
- Posiblemente sea lo que podríamos denominar acción directa...
- Esa categoría tiene mucha connotación ideológica, al menos en Europa. ¿Cómo la usan ustedes?
- ¡Sí, sí... no, no! La usamos como método para expresar poder, para poner poder en marcha. En el libro abundan los ejemplos de cómo lo hace “Coti”. El caso de cómo Pontacuarto es elegido prosecretario parlamentario del Senado. Le faltaba el respaldo en votos de tres senadores y lo ve a “Coti” para que lo ayude. Le dice incluso que, para ese cargo, Alfonsín está juntando votos en favor de “Manolo” Canals. “Coti” le pregunta quiénes son los senadores. Los llama y les cambia el voto en favor de Pontacuarto, que gana. Gana “Coti” y pierde Alfonsín. Una pulseada, método que de tanto en tanto “Coti” aplicaba para lucir poder.
- ¿Qué expresa la cercanía de Nosiglia con Alfonsín?
- Es la consecuencia de un cambio generacional en pleno de la gente que venía acompañando a Alfonsín desde el fondo de su historia política. La muerte de Roque Carranza y Raúl Alfonsín es devastadora para Alfonsín. Eran amigos de muchos años... hacedores esenciales en la construcción de Renovación y Cambio. Desde esas ausencias se filtra decididamente Nosiglia. No era un desconocido para Alfonsín, que ya le deparaba mucha atención y lo tenía cerca, pero ése es el momento en que “Coti” consolida el vínculo y lo comienza a modelar en función de intereses propios y de los intereses del partido, según él, que quede claro.
- ¿Qué quiere decir eso de “según él”?
- Bueno, mientras el trabajaba para el partido y a él le iba bien, al radicalismo le fue cada vez peor.
- ¿No creen ustedes que la perspectiva desde la cual Nosiglia hace política, o sea, ver la política nada más que como una acumulación permanente de poder termina siempre siendo una degradación de la misma?
- Bueno, en el “Coti” político hay una paradoja muy elocuente y creemos que queda demostrada en el libro: mientras la fama de “Coti” crecía como el hombre que tiene todos los hilos del poder y los maneja desde la penumbra, su partido, el radicalismo entra en una decadencia uniformemente acelerada que no ha podido frenar. El radicalismo es sinónimo de muerte en tanto expresión de poder, especialmente después del pacto de Olivos, la operación más “brillante” de “Coti” en cuanto a armarle Alfonsín todo el apoyo logístico para llevar al partido al acuerdo
- Realmente el libro satura, y no por culpa de ustedes, de datos que hablan de un Nosiglia cuya visión de la política no es nada más que la “rosca”. No se le cae una idea que haga al conjunto, a mejorar el país. Nada de nada, sólo “rosca” y más “rosca”. ¿Es así?
- ¡Totalmente! ¡El tiene una visión muy elemental de la política, a la que mira en los términos de lo que usted definió como nada más que acumulación de poder!
- Lo grave es que sus famosas operaciones destinadas a sumar opositores, torcer voluntades, etc.,etc., tenían el respaldo de los recursos del Estado, es fácil hacer política desde ese amparo. ¿Qué piensan ustedes?
- Bueno, para “Coti” el aparato de Estado fue un mero instrumento. Apeló a él para hacer política desde una visión chiquita que hace de la prebenda, el favor personal para generar una lealtad, pero nunca dirigida hacia la conformación de ideas que hagan al interés general del país.
- ¿Nunca hacer del largo plazo y del pensamiento estratégico un tema propio?
- ¡Jamás, jamás!
- El más influyente asesor que tuvo Franklin Delano Rossevelt fue Harry Hopkins. Se conocían de pibes. Hopkins venía de la pobreza, canillita, etc. Muy odiado en Washington porque no venía de la política, la aprendió ya de muy grande. Tenía un acuerdo con Roosevelt: nada de política de coyuntura. ¿Nosiglia es sólo coyuntura?
- Nada más que coyuntura. ¡Jamás en un tema de estado generoso, amplio!
- ¿Intelectualmente, Nosiglia no es un dirigente muy acotado?
- Totalmente... desde esa perspectiva no le rendía ningún beneficio a Alfonsín, que como contrapartida no le pedía ninguna misión o trabajo que hiciera de la formación intelectual algo imprescindible para llevar a cabo la tarea. Sin que esto implique algo peyorativo, “Coti” no tiene terminado el secundario. Empezó medicina, no terminó; abogacía, no terminó. Encaraba cursos de historia argentina, los abandonaba. Alfonsín apelaba a él para la resolución, no para un manejo complejo de ideas.
- ¿En ese tema aparecía Dante Caputo?
- Aparecía Dante, competían mucho con “Coti” en cuanto al cariño del padre, Alfonsín. Caputo, un hombre con formación intelectual de significación, tenía visiones más amplias que “Coti”, al que en alguna medida menospreciaba y “Coti” tratando de suplir esa carencia desde lo práctico, desde alcanzarle a Alfonsín el té cuando estaba afónico, a juntarle punteros para ganar una elección interna.
- Algo parecido a lo que fue durante años en Río Negro la relación Pablo Verani - Daniel Sartor... se cambian algunos contenidos y es lo mismo.
- Yo conozco bien ese vínculo- dice Alvarez Guerrero- sí, sí... muy parecido.
- ¿Hay temor de “Coti” en el radicalismo? Cuando encararon el libro, ¿cómo reaccionaron las fuentes?
- Hay mucho temor reverencial... hay temor de lo que “Coti” pueda hacer. No se trata de un silencio por obligación de códigos. En cuanto a las fuentes, bueno, muchos de los consultados hablaban dos horas sobre “Coti” pero no decían nada.
- ¿Nosiglia es violento? Pregunto esto porque en el libro hay una escena donde encierra a un fotógrafo en un baño, lo trompea y amenaza porque le sacó una foto con Raquel Mancini. Una actitud que, tal como está presentada, tiene perfiles fascistas.
- En general es difícil encontrarlo en ese estado. En los años mozos era de reacciones violentas, pero después atemperó ese estilo. Y si nosotros ponemos el caso del fotógrafo es porque se produce ya en la madurez de “Coti”, ahí demostró que se le soltaba la cadena fácilmente.
- Pero a modo de contrapartida hay momentos en que actúa con valentía. ¿Es correcta esta interpretación?
- Y eso queda demostrado, por tomar sólo un caso, con la presión que ejerce él y toda la Coordinadora, para que Mario Amaya, que muere bajo tortura de la dictadura, sea velado en el Comité Nacional y Ricardo Balbín se niega con un argumento, bueno... , en fin.
- ¿No es un argumento de nulo fundamento ético ante tanta tragedia?
- Es muy grave lo que hace Balbín, negarse a un homenaje a un luchador como Amaya, asesinado por una dictadura, negarse con el argumento de que Amaya se había “desviado” del ideario radical es terrible. Pero sí, “Coti”, en realidad toda la Coordinadora, no pasaron la dictadura en puntas de pie. Basta ver los Habeas Corpus que en favor de detenidos se presentaron ni bien se plasmó el golpe, para darse cuenta cómo jugaron. Muchos los presentaban jóvenes radicales abogados que no tenían ninguna cobertura. Sólo Alfonsín los apoyaba dentro de la máxima dirigencia. Volviendo al “Coti” duro, nosotros recuperamos en el libro varios episodios en los que, cuando se enfrentaban en la universidad, con el grupo de jóvenes radicales que lideraba Cherasny, “Coti” siempre estaba en la primera línea dispuesto a dar mamporros. No operaba desde bambalinas. Y esto lo reconocen en todos los planos del radicalismo. Hay datos interesantes, sobre todo ese tipo de conductas. En el ’75, por ejemplo, cuando en el país ya corría sangre , Federico Storani tenía una elección universitaria difícil en La Plata y les pidió ayuda a los correligionarios de Capital para controlar el escrutiño. Eran días duros, la derecha en La Plata no estaba para reflexiones, mataba; el CNU mataba. La cuestión es que “Coti” y Ernesto Fariña agarran dos bolsas y, entre ropa sucia, meten varios fierros, ocho revólveres y un centenar de municiones. Van a Constitución y por separado suben a un mismo vagón. Fariña controlaba el pasillo. La policía tenía bajo control permanente los trenes.“Coti” se metió la bolsa entre las piernas y no sacó la vista de la ventanilla, traspiraba a lo loco, pero bueno, llegaron a La Plata y se abrazaron a Federico. ¡Una locura!
- Pero de locuras también esta hecha la política “aunque se ande en medias de seda”, decía Teyllerand...
- Así es. Ni bueno ni malo: es. Lo dice la historia.

EL ELEGIDO

Como dirigente, Enrique Nosiglia encarna mucho de lo que degrada a la política argentina.
Forjando siempre un alo de misterio a su accionar, fungió en la administración Alfonsín desde cierta impunidad sobre lo que es la política a la hora del manejo del aparato de Estado. Un dictado de perfiles pulsionales muy acentuados. Todo un convencimiento que lo llevó a la omnipotencia de hacer de la política una mera cuestión de acumular poder a modo de capas geológicas.
Un estilo que jamás le generó tensiones éticas. Movido por el principio de la circunstancia y la conveniencia. No se trató de hacer política siguiendo la adecuada sentencia de Jacques Chirac en cuanto a que, en esa arena, hay oportunidades en que debe dejarse el corazón en el guardarropa.
Lo de Nosiglia fue pueril. Fue política sin apetito por un rol con destino más digno que la “trenza” y designios clientelares sobre el conjunto de las mayores estructuras del poder nacional.
En Río Negro hubiese sido un radical de térmicos y bolsitas destinados a generar dependencias y captar voluntades. En el gobierno de Alfonsín, lo fue de recursos más perecederos para gravitar sobre el sistema político.
Es fútil encontrar en Nosiglia el desarrollo de una idea de rango estratégico. Su mente sólo está despejada para la “rosca” y la “trenza”.
Divinizado y temido, algún alfonsinista vehemente llegó a definirlo como Clemenceau. Insólito, casi.
Nada del estilo de Nosiglia de hacer política fue neutro. Lo dice la historia.
Y ya juzgó.
CT

 
 
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