Moisés
Ikonikoff es lapidario en su diagnóstico del gobierno
nacional. “Kirchner no le da importancia a nadie. Sólo
maneja el poder, y lo hace mejor que Menem, inescrupulosamente”,
dice. En su concepto, el gobierno no hace nada para mejorar
la distribución de la renta y el problema piquetero
se puede resolver “fácilmente”.
- ¿Kirchner es un presidente progresista?
- En realidad, Kirchner es un producto de la evolución
de la política argentina, que ha llegado a lo que,
yo diría, una época de decadencia. Es decir,
Kirchner es un político sin convicciones y con una
inescrupulosidad absoluta; su único objetivo es el
poder por el poder en sí mismo. Entonces, yo tengo
la idea de que Kirchner abraza el progresismo como una estrategia
que podría cambiar mañana sin ningún
problema. Como digo, su único objetivo es el poder;
quiere decir que sabe manejar el poder, lo maneja bien. Maneja
el poder mucho mejor que Menem, muchísimo mejor.
- ¿Qué es hoy “el poder”?
- Kirchner ha desmitificado la teoría de los tigres
de papel de Mao Tse Tung. ¿Qué es hoy el poder?
¿Los empresarios, el establishment? ¿Los sindicatos?
¿Las Fuerzas Armadas? ¿La Iglesia? ¿El
FMI? Kirchner los mandó al diablo a todos y todos le
han hecho la venia. Es decir que se ha verificado que en este
país, que es rentista, lo que juega un rol central
es la caja del Estado, y no hay actividad autónoma
fuera de allí. Es un país de subsidiados. Los
empresarios son subsidiados y los pobres también lo
son. Y entonces toda la economía se genera alrededor
de ese subsidio del Estado, que hoy, además, tiene
plata para subsidiar, porque las tendencias del mundo juegan
a favor de la Argentina. Kirchner aprovecha este esquema;
por eso digo que maneja muy bien el poder.
- ¿Por qué dice que Kirchner maneja el poder
mejor que Menem?
- Porque Menem, que venía del interior, estaba deslumbrado
por las luces del centro. Por ejemplo, quedó deslumbrado
por el establishment, por los empresarios, le dio el manejo
de la economía a Bunge y Born... creyó que los
empresarios, porque sabían hacer plata, iban a trabajar
bien para el Estado. En consecuencia, Menem fue seducido y
trató de seducir al establishment, lo incorporó,
como lo hizo con la Ucede. Kirchner, en cambio, no le da importancia
a nadie y gobierna.
- Según su teoría, Kirchner abraza el progresismo
porque hoy eso cae bien en la sociedad. ¿Por qué
hoy a la sociedad la seduce el progresismo?
- Tiene que ver con un reflujo mundial que llega ahora a la
Argentina. En los ’90 Francis Fukuyama dictaminó
el fin de la historia, que era la derrota de la alternativa
socialista al mundo, el triunfo total del capitalismo. Luego
hubo un reflujo lógico, y aquellos que no quedaron
incluidos dentro del proceso de la globalización, de
la revolución tecnológica, se organizaron y
reaccionaron contra ese mundo, que no era el paraíso
esperado. Aparecieron los globafóbicos y en algunos
países de América Latina se vivió un
resurgir de la izquierda. Ese fenómeno lo vivimos en
la Argentina. Pero la Argentina se transformó en una
sociedad dualista, como México, latinoamericanizada,
africanizada. La llamo “dualista” porque vivimos
con dos sistemas distintos: los pobres, que hoy son la mitad
del país, son gente que tiene otro tipo de representación
mental, carece de la capacidad de percepción de la
realidad que tenemos nosotros, los que estamos dentro del
sistema.
- Esa otra parte de la sociedad, la que quedó afuera
del sistema, ¿está representada por los movimientos
piqueteros?
- Los piqueteros son un epifenómeno muy marginal de
lo que es realmente el universo de los marginales. Los piqueteros
son los tipos que han aprovechado las ventajas del clientelismo,
unidos a vagas ideas de un socialismo que ha terminado, y
están haciendo negocios con los subsidios. No son nada
más que eso.
- ¿Cómo se desarma entonces el “problema
piquetero”?
- Los piqueteros no son un problema. Se los desarma fácilmente
si el gobierno se pone duro. Creo que el problema son los
marginales, que no están con los piqueteros. ¿Cómo
se hace para reingresar a esa parte de la población
en el sistema? Yo digo que esto no es posible. Vamos a vivir
largos años con esta sociedad dualista, de marginales
e incluidos.
- ¿Kirchner no está haciendo nada para cambiar
esta situación?
- Nada. Tampoco Lavagna. A Kirchner le conviene gobernar con
esta sociedad fragmentada, dualista, porque gobierna con el
50 por ciento de la gente al margen y con el 50 por ciento
adentro. Gobernar para el 50 por ciento de la población
es más fácil que hacerlo para el 100 por ciento,
sobre todo porque los marginales eran los obreros, los humildes,
los verdaderos peronistas, que eran los que siempre protestaban
buscando reivindicaciones sociales. Fuera de la sociedad,
se disciplinan en el clientelismo y no molestan más.
Kirchner gobernó Santa Cruz de la misma manera. Fijate
que es la única provincia patagónica que no
tuvo o tuvo poco crecimiento demográfico, y es un distrito
rico. Neuquén ha tenido flujos de población,
por ejemplo, pero Santa Cruz no. Lo que hizo Kirchner como
gobernador fue alambrar la provincia y luego hacer empleados
estatales a los 200.000 santacruceños. A partir de
eso se perpetuó como un rey en el poder. Este es el
sistema Kirchner. Mantener a los pobres bien pobres mientras
él retiene el poder. No está haciendo nada para
reingresar a ese 50 por ciento de marginales al sistema porque
le conviene no desatar la fuerza de esa mitad de la población.
Yo jamás he visto una revolución de pobres.
Los pobres no hicieron revoluciones. El problema es cuando
esos pobres se reintegran a la sociedad.
NICOLAS WIÑAZKI
Especial para “Río Negro”
EL ELEGIDO
Tal vez el paso de Moisés Ikonikoff por la administración
pública en tiempos de Menem se recuerde menos que su
histrionismo sobre el tablado y en los medios de comunicación.
Saltó a la popularidad como un ex político extravagante
que de un día para el otro decidió ser actor
del teatro de revistas. Sin embargo, tiene una intensa actividad
académica, universitaria y política: egresado
de Derecho en la UBA, ex presidente de la FUBA, ex asesor
de un presidente de Burkina Faso, ex asesor de un presidente
argelino, ex director del Centro de Estudios Científicos
de París y ex titular del ANSALL en el gobierno de
Carlos Menem. Hoy dedica sus días a escribir análisis
políticos para medios de todo el mundo. Dice que vive
de la jubilación en euros que recibe por su trabajo
académico en Francia, donde en 1968 fue un activo militante
del Mayo Francés. Por esa época vivía
en un barrio obrero parisino, en un departamento que le dejó
un argentino talentoso: Julio Cortázar.
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