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Domingo 11 de diciembre de 2005
ELECCIONES PRESIDENCIALES EN CHILE
El desafío de transformar una economía próspera en una sociedad equilibrada
Los radicales cambios que sufrió Chile en la dictadura y la continuidad, con el enfoque más social que ha desplegado la Concertación, permitieron reducir la pobreza; sin embargo el país es aún uno de los más desiguales de Latinoamérica. Los dilemas del próximo gobierno.

Los chilenos acuden hoy a las urnas para elegir presidente, en una campaña que estuvo dominada por un tema que desde hace años se ha vuelto recurrente: cómo superar las crónicas desigualdades que persisten en la economía “estrella” del continente. Más allá de las especulaciones sobre quién acompañará a la socialista Michelle Bachelet en la segunda vuelta (que la mayoría de las encuestas dan por hecha), desde la izquierda ‘extra-Concertación’ hasta la derecha más conservadora coincidieron que achicar la inquietante brecha social que existe en ese país será la principal tarea del próximo presidente.
Con una economía que crece ininterrumpidamente desde hace 27 años, con tasas promedio cercanas al 5% (con excepción de los años 1999 y 2000), baja inflación, récord de exportaciones, superávit comercial y equilibrio fiscal, el “modelo chileno” ha sido elogiado por la mayoría de los organismos internacionales de crédito.
Incluso los más críticos reconocen que en los últimos 18 años la pobreza redujo sistemáticamente su incidencia en el país desde un 45,1%, en 1987, a un 18,8%, en el 2003, de la mano del crecimiento, las políticas sociales activas implementadas por diversos gobiernos de la Concertación y la estabilidad institucional de los últimos años.
Sin embargo –siempre hay un pero– la sociedad chilena está considerada una de las más injustas de Latinoamérica, es vista a su vez como la región más desigual del mundo, según los últimos estudios del Banco Mundial. En el 2003, el ingreso promedio del 20% más rico del país superó en 16 a 18 veces el del 20% más pobre, fue superado en el continente sólo por Brasil y Guatemala. El 10% de la población más rica de Chile se queda con un 47% de los ingresos del país. Y en materia de bienestar, se mantiene a mucha distancia de sociedades que han experimentado severas crisis como Argentina, Venezuela o Uruguay.
Algunos indicadores de esta desigualdad de la encuesta oficial, Casen del 2003, ilustran cómo se manifiesta esta desigualdad en la vida diaria de los chilenos.
• La reducción de la pobreza bajó su ritmo. Mientras entre 1990 y 1998 se redujo a un promedio de 2% anual, desde ese año al 2003 se redujo a 0,9%.
• En lo laboral, sólo el 53,3% de los asalariados más pobres tiene empleo permanente, contra el 89,3% de los más ricos.
• En Educación, el 42% de la población más pobre no egresó de la secundaria, mientras apenas un 3,5 de los más ricos está en esa situación. A la universidad o la educación terciaria sólo llega un 8,1% de los sectores más populares mientras que sí lo hace un 72% de los más pudientes.
• En salud, un 20,7% de las clases bajas reporta mala salud contra un 16% de los sectores medios y apenas un 11% de los altos. El 91% de los más pobres debe atenderse en el sistema público por no tener cobertura médica (obra social), mientras que el 50% de los sectores medios altos cuenta con un sistema similar al de las prepagas (Isapres) además de la cobertura estatal.
Similares índices se mantienen desde el acceso a viviendas hasta el uso de computadores.
Uno de los primeros en destacar este proceso fue el sociólogo Tomás Moulián, autor de un libro que se convirtió en best seller: “Chile actual, anatomía de un mito” (1) en donde realiza un ácido análisis de lo que se conoce como el “milagro chileno”.
Considerando la dictadura de Augusto Pinochet como un gobierno que concretó una “revolución capitalista” mediante el terror, Moulián señala que a partir de 1973 se cambian radicalmente las bases de la economía chilena, de una “matriz populista” orientada al sector primario y de industrialización por sustitución de importaciones dependiente del mercado interno por una “matriz productivista-consumista” exportadora integrada al mercado financiero global. Entre las consecuencias de este cambio brutal experimentado por Chile, “un ménage à trois entre militares, economistas neoliberales y empresarios nacionales e internacionales”, Moulián destaca el nacimiento de una sociedad”de mercados desregulados, de indiferencia política, de individuos competitivos realizados o bien compensados a través del placer de consumir o más bien de exhibirse consumiendo, de asalariados socializados en el disciplinamiento y la evasión”. (2)
Este malestar se ve, según el autor, en clases medias y bajas cada vez más endeudadas (el crédito para consumo representa casi el 66% de las deudas) menos vinculadas a la política y más disciplinados y sobreocupados.
Al mismo tiempo, la estructura económica parece haberse vuelto cada vez más impermeable a las políticas sociales. La reducción de la pobreza y el desempleo (cerca del 9%) toman un ritmo cada vez más lento pese a que desde 1990 se ha triplicado el gasto social, hubo incrementos en impuestos para financiarlos, reformas laborales y otras iniciativas en salud y educación.
Aunque desde el gobierno del presidente Ricardo Lagos argumentan que esta “pobreza refractaria” es más difícil de eliminar (3), lo cierto es que el problema ha resistido tanto al “chorreo” del crecimiento económico como a la “focalización” del gasto social. Las encuestas traducen esta molestia. Contra lo que pudiera pensarse desde el exterior, los chilenos le pusieron apenas “aprobado” (4,5 de 7 puntos) al plan económico y al menos un 60% se cree perjudicado por éste, según la encuesta Collect-Enfoques realizada a menos un mes de los comicios.
Incluso, desde la propia Concertación, la candidata Bachelet ha propuesto cambios en el enfoque del problema, consciente de la decepción que hay entre los votantes tradicionales de la coalición de centroizquierda. Bachelet defendió en esta campaña las medidas de Lagos, pero propone una reforma previsional que incluya una mayor protección social, un aumento de las pensiones y jubilaciones para llevarlas a niveles “dignos”, así como la nivelación de los salarios para que las mujeres no ganen menos que los hombres.
Otros analistas, como el también sociólogo Carlos Huneeus reconocen esta tendencia, aunque matizan su intensidad en la campaña electoral. “El problema de la desigualdad es tan evidente que ha sido abordado por todos los candidatos. Incluso la propia derecha sostiene que debe haber cambios en el modelo. Sucede que cuando hay crecimiento, las injusticias son más claras y evidentes, entonces el eje del debate de esta campaña ha sido cómo distribuir mejor de manera responsable”. Para el director del centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) esta necesidad terminará favoreciendo tanto a la candidata del oficialismo como al postulante por la izquierda, el representante de comunistas y humanistas, Tomás Hirsch.
Para ratificar esta afirmación recuerda que, pese al descontento, el gobierno de Lagos tiene un apoyo del 71 por ciento, cuando sólo faltan tres meses para entregar el cargo, aunque esto no sea transferible a Bachelet (ver aparte).
Por el contrario, la derecha espera aprovechar este sentimiento de descontento, que en 1999 llevó al Joaquín lavín de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI) a perder por apenas 31.000 votos en la segunda vuelta frente a Lagos, con la promesa de realizar “cambios” para mejorar el empleo y la ayuda social.
Lavín espera repetir este año, y como plataforma de campaña asegura que reducirá el desempleo del 8,0 al 5,0 por ciento, que ayudará a las pequeñas y medianas empresas, y que planteará la jubilación de las mujeres dedicadas a las labores del hogar. Esta propuesta fue considerada como un “festival de demagogia y populismo” por parte del gobierno. Lavín enfatizó en la última parte de la campaña su compromiso con otro nervio sensible de la sociedad chilena: la lucha contra el aumento de la delincuencia, acusando a Bachelet de “mano blanda”.
Pero a Lavín le ha salido un competidor en el ala más liberal de la derecha, que postula a la presidencia al empresario Sebastián Piñera, del partido Renovación Nacional (RN). Piñera, quien ha buscado acercarse al sector más centrista para captar apoyo del Partido Demócrata Cristiano, propone aumentar en un 20% las pensiones mínimas y asistenciales y bajar del 1,0% a cero el superávit de las finanzas públicas, a fin de disponer de recursos para inversión social y crear un millòn de empleos. También propone la controvertida medida de jubilación a las amas de casa.
Hirsch, desde la izquierda, puso el acento en un Plan Nacional de Absorción del desempleo, creando puestos de trabajo productivo con fondos aportados por el Estado en proyectos de desarrollo industrial y de pequeñas meduanas empresas. También ofrecería créditos blandos para la empresa artesanal y agrícola, así como estímulos a las cooperativas, empresas familiares y de economía solidaria, ayudándolos a conseguir mercados.
Con las encuestas señalando que Bachelet llegará al 40% en primera rueda y esperará a su rival de la derecha, entre Lavín y Piñera, queda claro que el eje del futuro gobierno deberá ser cómo armonizar una economía boyante con un panorama social mucho menos alentador.

 

“Al crecer, la injusticia se hace más evidente”

“El principal desafío para el próximo presidente será el tema del empleo, la equidad junto con el crecimiento. El problema es que cuando hay crecimiento, las injusticias son más evidentes y más claras, entonces es cuando se debe ver cómo distribuir”, señala el encuestador chileno Carlos Huneeus, quien vaticina una segunda vuelta “más agresiva” por la presidencia.
Carlos Huneeus es sociólogo y director ejecutivo del CERC una corporación privada e independiente que realiza encuestas de opinión pública desde 1985, con especial énfasis en el estudio del desarrollo político y los cambios económicos.
–¿Cuáles son las principales tendencias de la campaña?
–Hay una clara tendencia, más allá de que haya o no segunda vuelta, de un triunfo de Bachelet por la Concertación. Hay altos y bajos en la campaña, esto ocurre. Pero su candidatura está fuerte. La derecha se ha dividido en dos candidaturas, RN y la UDI, relegando a la tercera fuerza a Tomás Hirsch. Sebastián Piñera está muy bien posicionado en sectores medios y acomodados y Lavín está más instalado en los sectores populares que votan a la derecha, donde es fuerte hace 20 años. Esto me hace pensar como más probable, a pesar de lo que dicen últimas encuestas, que será Lavín el que irá a segunda vuelta. Muchos votantes conservadores de esos sectores no quieren decir por quién votarán y la mayoría de esos no saben/no responden son de Lavín.
–¿Por qué baja tanto Bachelet en las últimas encuestas, casi 10 puntos?
–Esas encuestas son telefónicas, con resultados que no me calzan con lo que venimos testeando. Bachelet no tiene 38 puntos en ningún caso. Las encuestas telefónicas cubren un aparte de la población que tiene un sesgo hacia la derecha, la telefonía fija hace tiempo que no se expande y los sectores populares tienen celulares.
–¿Cómo evalúa la campaña presidencial?
–Fue una campaña con poco contenido, con poco mensaje claro, por este desequilibrio de una candidatura de Bachelet tan fuerte, no tuvo que hacer un esfuerzo mayor para mantenerla. Y una derecha dividida muy peleados entre ellos que ha llevado a planteos demagógicos y populistas como el de ofrecer jubilaciones a las amas de casa sin decir cómo se financia. Y como la elección presidencial parece bien definida, la real competencia se da en la campaña parlamentaria, ahora se renueva toda la Cámara de Diputados y la mitad de Senadores, y los distritos en disputa son centros urbanos muy grandes como Concepción y Santiago.
–¿Hubo debate sobre el modelo?
–No hay enfrentamiento de modelos económicos distintos. Hay crítica, en ese sentido la propia derecha sostiene que se debe cambiar el modelo. La derecha se ha corrido al centro y la Concertación aparece incluso como más prudente de lo que debiera ser una agrupación de centroizquierda, porque es gobierno y debe ser muy cuidadosa en los sistemas para resolver los problemas sociales.
–¿Esto no ha favorecido a la izquierda ‘extra-Concertación’? Glays Marin en su momento hizo una buena elección...
–Este año puede irle mejor porque Hirsch es una figura interesante y muy atractiva, le fue muy bien en el elección municipal del año pasado.
–¿Cuál es el efecto arrastre e Lagos ?
–Sin duda ayuda, pero no es determinante. Los ciudadanos votan pensando en el futuro.
–En escenario de segunda vuelta, ¿qué campaña imagina?
–Se va a ver más agresiva, porque se juega la presidencia, pero no un cambio violento.

LEONARDO HERREROS
Redacción central

(1) Chile actual, anatomía de un mito, Tomás Moulián, Editorial Arcis, 2000. Primera edición en 1997.
(2) Idem, pág. 18.
(3) Estudio sobre la desigualdad en Chile, Fundación para la superación de la pobreza, 2005. www.fundacionpobreza.cl.

 
 
Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.Todos los derechos reservados
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