Los
chilenos acuden hoy a las urnas para elegir presidente, en
una campaña que estuvo dominada por un tema que desde
hace años se ha vuelto recurrente: cómo superar
las crónicas desigualdades que persisten en la economía
“estrella” del continente. Más allá
de las especulaciones sobre quién acompañará
a la socialista Michelle Bachelet en la segunda vuelta (que
la mayoría de las encuestas dan por hecha), desde la
izquierda ‘extra-Concertación’ hasta la
derecha más conservadora coincidieron que achicar la
inquietante brecha social que existe en ese país será
la principal tarea del próximo presidente.
Con una economía que crece ininterrumpidamente desde
hace 27 años, con tasas promedio cercanas al 5% (con
excepción de los años 1999 y 2000), baja inflación,
récord de exportaciones, superávit comercial
y equilibrio fiscal, el “modelo chileno” ha sido
elogiado por la mayoría de los organismos internacionales
de crédito.
Incluso los más críticos reconocen que en los
últimos 18 años la pobreza redujo sistemáticamente
su incidencia en el país desde un 45,1%, en 1987, a
un 18,8%, en el 2003, de la mano del crecimiento, las políticas
sociales activas implementadas por diversos gobiernos de la
Concertación y la estabilidad institucional de los
últimos años.
Sin embargo –siempre hay un pero– la sociedad
chilena está considerada una de las más injustas
de Latinoamérica, es vista a su vez como la región
más desigual del mundo, según los últimos
estudios del Banco Mundial. En el 2003, el ingreso promedio
del 20% más rico del país superó en 16
a 18 veces el del 20% más pobre, fue superado en el
continente sólo por Brasil y Guatemala. El 10% de la
población más rica de Chile se queda con un
47% de los ingresos del país. Y en materia de bienestar,
se mantiene a mucha distancia de sociedades que han experimentado
severas crisis como Argentina, Venezuela o Uruguay.
Algunos indicadores de esta desigualdad de la encuesta oficial,
Casen del 2003, ilustran cómo se manifiesta esta desigualdad
en la vida diaria de los chilenos.
• La reducción de la pobreza bajó su ritmo.
Mientras entre 1990 y 1998 se redujo a un promedio de 2% anual,
desde ese año al 2003 se redujo a 0,9%.
• En lo laboral, sólo el 53,3% de los asalariados
más pobres tiene empleo permanente, contra el 89,3%
de los más ricos.
• En Educación, el 42% de la población
más pobre no egresó de la secundaria, mientras
apenas un 3,5 de los más ricos está en esa situación.
A la universidad o la educación terciaria sólo
llega un 8,1% de los sectores más populares mientras
que sí lo hace un 72% de los más pudientes.
• En salud, un 20,7% de las clases bajas reporta mala
salud contra un 16% de los sectores medios y apenas un 11%
de los altos. El 91% de los más pobres debe atenderse
en el sistema público por no tener cobertura médica
(obra social), mientras que el 50% de los sectores medios
altos cuenta con un sistema similar al de las prepagas (Isapres)
además de la cobertura estatal.
Similares índices se mantienen desde el acceso a viviendas
hasta el uso de computadores.
Uno de los primeros en destacar este proceso fue el sociólogo
Tomás Moulián, autor de un libro que se convirtió
en best seller: “Chile actual, anatomía de un
mito” (1) en donde realiza un ácido análisis
de lo que se conoce como el “milagro chileno”.
Considerando la dictadura de Augusto Pinochet como un gobierno
que concretó una “revolución capitalista”
mediante el terror, Moulián señala que a partir
de 1973 se cambian radicalmente las bases de la economía
chilena, de una “matriz populista” orientada al
sector primario y de industrialización por sustitución
de importaciones dependiente del mercado interno por una “matriz
productivista-consumista” exportadora integrada al mercado
financiero global. Entre las consecuencias de este cambio
brutal experimentado por Chile, “un ménage à
trois entre militares, economistas neoliberales y empresarios
nacionales e internacionales”, Moulián destaca
el nacimiento de una sociedad”de mercados desregulados,
de indiferencia política, de individuos competitivos
realizados o bien compensados a través del placer de
consumir o más bien de exhibirse consumiendo, de asalariados
socializados en el disciplinamiento y la evasión”.
(2)
Este malestar se ve, según el autor, en clases medias
y bajas cada vez más endeudadas (el crédito
para consumo representa casi el 66% de las deudas) menos vinculadas
a la política y más disciplinados y sobreocupados.
Al mismo tiempo, la estructura económica parece haberse
vuelto cada vez más impermeable a las políticas
sociales. La reducción de la pobreza y el desempleo
(cerca del 9%) toman un ritmo cada vez más lento pese
a que desde 1990 se ha triplicado el gasto social, hubo incrementos
en impuestos para financiarlos, reformas laborales y otras
iniciativas en salud y educación.
Aunque desde el gobierno del presidente Ricardo Lagos argumentan
que esta “pobreza refractaria” es más difícil
de eliminar (3), lo cierto es que el problema ha resistido
tanto al “chorreo” del crecimiento económico
como a la “focalización” del gasto social.
Las encuestas traducen esta molestia. Contra lo que pudiera
pensarse desde el exterior, los chilenos le pusieron apenas
“aprobado” (4,5 de 7 puntos) al plan económico
y al menos un 60% se cree perjudicado por éste, según
la encuesta Collect-Enfoques realizada a menos un mes de los
comicios.
Incluso, desde la propia Concertación, la candidata
Bachelet ha propuesto cambios en el enfoque del problema,
consciente de la decepción que hay entre los votantes
tradicionales de la coalición de centroizquierda. Bachelet
defendió en esta campaña las medidas de Lagos,
pero propone una reforma previsional que incluya una mayor
protección social, un aumento de las pensiones y jubilaciones
para llevarlas a niveles “dignos”, así
como la nivelación de los salarios para que las mujeres
no ganen menos que los hombres.
Otros analistas, como el también sociólogo Carlos
Huneeus reconocen esta tendencia, aunque matizan su intensidad
en la campaña electoral. “El problema de la desigualdad
es tan evidente que ha sido abordado por todos los candidatos.
Incluso la propia derecha sostiene que debe haber cambios
en el modelo. Sucede que cuando hay crecimiento, las injusticias
son más claras y evidentes, entonces el eje del debate
de esta campaña ha sido cómo distribuir mejor
de manera responsable”. Para el director del centro
de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) esta
necesidad terminará favoreciendo tanto a la candidata
del oficialismo como al postulante por la izquierda, el representante
de comunistas y humanistas, Tomás Hirsch.
Para ratificar esta afirmación recuerda que, pese al
descontento, el gobierno de Lagos tiene un apoyo del 71 por
ciento, cuando sólo faltan tres meses para entregar
el cargo, aunque esto no sea transferible a Bachelet (ver
aparte).
Por el contrario, la derecha espera aprovechar este sentimiento
de descontento, que en 1999 llevó al Joaquín
lavín de la ultraconservadora Unión Demócrata
Independiente (UDI) a perder por apenas 31.000 votos en la
segunda vuelta frente a Lagos, con la promesa de realizar
“cambios” para mejorar el empleo y la ayuda social.
Lavín espera repetir este año, y como plataforma
de campaña asegura que reducirá el desempleo
del 8,0 al 5,0 por ciento, que ayudará a las pequeñas
y medianas empresas, y que planteará la jubilación
de las mujeres dedicadas a las labores del hogar. Esta propuesta
fue considerada como un “festival de demagogia y populismo”
por parte del gobierno. Lavín enfatizó en la
última parte de la campaña su compromiso con
otro nervio sensible de la sociedad chilena: la lucha contra
el aumento de la delincuencia, acusando a Bachelet de “mano
blanda”.
Pero a Lavín le ha salido un competidor en el ala más
liberal de la derecha, que postula a la presidencia al empresario
Sebastián Piñera, del partido Renovación
Nacional (RN). Piñera, quien ha buscado acercarse al
sector más centrista para captar apoyo del Partido
Demócrata Cristiano, propone aumentar en un 20% las
pensiones mínimas y asistenciales y bajar del 1,0%
a cero el superávit de las finanzas públicas,
a fin de disponer de recursos para inversión social
y crear un millòn de empleos. También propone
la controvertida medida de jubilación a las amas de
casa.
Hirsch, desde la izquierda, puso el acento en un Plan Nacional
de Absorción del desempleo, creando puestos de trabajo
productivo con fondos aportados por el Estado en proyectos
de desarrollo industrial y de pequeñas meduanas empresas.
También ofrecería créditos blandos para
la empresa artesanal y agrícola, así como estímulos
a las cooperativas, empresas familiares y de economía
solidaria, ayudándolos a conseguir mercados.
Con las encuestas señalando que Bachelet llegará
al 40% en primera rueda y esperará a su rival de la
derecha, entre Lavín y Piñera, queda claro que
el eje del futuro gobierno deberá ser cómo armonizar
una economía boyante con un panorama social mucho menos
alentador.
“Al crecer, la injusticia se hace más
evidente”
“El principal desafío para el próximo
presidente será el tema del empleo, la equidad junto
con el crecimiento. El problema es que cuando hay crecimiento,
las injusticias son más evidentes y más claras,
entonces es cuando se debe ver cómo distribuir”,
señala el encuestador chileno Carlos Huneeus, quien
vaticina una segunda vuelta “más agresiva”
por la presidencia.
Carlos Huneeus es sociólogo y director ejecutivo del
CERC una corporación privada e independiente que realiza
encuestas de opinión pública desde 1985, con
especial énfasis en el estudio del desarrollo político
y los cambios económicos.
–¿Cuáles son las principales tendencias
de la campaña?
–Hay una clara tendencia, más allá de
que haya o no segunda vuelta, de un triunfo de Bachelet por
la Concertación. Hay altos y bajos en la campaña,
esto ocurre. Pero su candidatura está fuerte. La derecha
se ha dividido en dos candidaturas, RN y la UDI, relegando
a la tercera fuerza a Tomás Hirsch. Sebastián
Piñera está muy bien posicionado en sectores
medios y acomodados y Lavín está más
instalado en los sectores populares que votan a la derecha,
donde es fuerte hace 20 años. Esto me hace pensar como
más probable, a pesar de lo que dicen últimas
encuestas, que será Lavín el que irá
a segunda vuelta. Muchos votantes conservadores de esos sectores
no quieren decir por quién votarán y la mayoría
de esos no saben/no responden son de Lavín.
–¿Por qué baja tanto Bachelet en las últimas
encuestas, casi 10 puntos?
–Esas encuestas son telefónicas, con resultados
que no me calzan con lo que venimos testeando. Bachelet no
tiene 38 puntos en ningún caso. Las encuestas telefónicas
cubren un aparte de la población que tiene un sesgo
hacia la derecha, la telefonía fija hace tiempo que
no se expande y los sectores populares tienen celulares.
–¿Cómo evalúa la campaña
presidencial?
–Fue una campaña con poco contenido, con poco
mensaje claro, por este desequilibrio de una candidatura de
Bachelet tan fuerte, no tuvo que hacer un esfuerzo mayor para
mantenerla. Y una derecha dividida muy peleados entre ellos
que ha llevado a planteos demagógicos y populistas
como el de ofrecer jubilaciones a las amas de casa sin decir
cómo se financia. Y como la elección presidencial
parece bien definida, la real competencia se da en la campaña
parlamentaria, ahora se renueva toda la Cámara de Diputados
y la mitad de Senadores, y los distritos en disputa son centros
urbanos muy grandes como Concepción y Santiago.
–¿Hubo debate sobre el modelo?
–No hay enfrentamiento de modelos económicos
distintos. Hay crítica, en ese sentido la propia derecha
sostiene que se debe cambiar el modelo. La derecha se ha corrido
al centro y la Concertación aparece incluso como más
prudente de lo que debiera ser una agrupación de centroizquierda,
porque es gobierno y debe ser muy cuidadosa en los sistemas
para resolver los problemas sociales.
–¿Esto no ha favorecido a la izquierda ‘extra-Concertación’?
Glays Marin en su momento hizo una buena elección...
–Este año puede irle mejor porque Hirsch es una
figura interesante y muy atractiva, le fue muy bien en el
elección municipal del año pasado.
–¿Cuál es el efecto arrastre e Lagos ?
–Sin duda ayuda, pero no es determinante. Los ciudadanos
votan pensando en el futuro.
–En escenario de segunda vuelta, ¿qué
campaña imagina?
–Se va a ver más agresiva, porque se juega la
presidencia, pero no un cambio violento.
LEONARDO HERREROS
Redacción central
(1) Chile actual, anatomía de un
mito, Tomás Moulián, Editorial Arcis, 2000.
Primera edición en 1997.
(2) Idem, pág. 18.
(3) Estudio sobre la desigualdad en Chile, Fundación
para la superación de la pobreza, 2005. www.fundacionpobreza.cl.
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