Proyectando
lo ocurrido en el primer cuatrimestre del año, la economía
cerrará el 2006 con un crecimiento en torno al 8%.
Esto determina una evolución histórica sobre los
indicadores del PBI. Sin embargo, no pocos son los analistas
que aseguran que el contexto externo fue el que permitió
el positivo desarrollo de la economía argentina en estos
últimos años.
El escenario internacional comienza a presentar turbulencias
en el horizonte de corto y mediano plazo –las Bolsas comenzaron
a dar los primeros indicios de ello– y la competitividad
de la economía argentina sigue sin repuntar pese a contar
con una paridad cambiaria muy ventajosa.
No cabe la menor duda de que, de producirse una desaceleración
de la economía mundial, las proyecciones de crecimiento
de nuestro país tendrán una corrección
hacia la baja, y la falta de competitividad no ayudará
a amortiguar este golpe. El gobierno nacional mantiene el programa
económico sin modificaciones sustanciales desde la creación
del mismo. Desde que asumió la cartera de Hacienda el
ex ministro Lavagna, de la mano del ex presidente Eduardo Duhalde,
el programa se mantiene en ‘punto muerto’ con los
mismos ejes del 2002: paridad cambiaria competitiva y sostenida
en forma artificial, superávit fiscal para poder tener
la caja y una positiva balanza comercial para acaparar dólares.
Este esquema, sin dudas, ayudó en su momento a sostener
la economía de los últimos años.
Pero con los cambios en el escenario internacional, este programa
debería adaptarse y, dentro de las modificaciones a tener
en cuenta, el gobierno debería intentar mejorar la competitividad
de la economía para hacerla así menos permeable
a los ciclos que definen las crisis externas. Sin cambios estructurales,
cada vez estaremos más lejos del mundo.
Un reciente informe elaborado por la Fundación Mediterránea
detalla que, entre los principales lineamientos, la agenda del
gobierno nacional debería incluir los siguientes puntos:
• Definición una estrategia de inserción
mundial y apoyo a los clusters regionales que involucren sectores
con potencial exportador.
• Apoyo del sector público para mejorar la provisión
de infraestructura tecnológica que facilite aumentar
la calidad y el nivel tecnológico de todos los escalones
de la cadena productiva.
• Reducción de la incertidumbre acerca del futuro
abastecimiento energético.
• Redefinición de la política tributaria
procurando quitar el sesgo anti-exportador.
• Modernización de la educación técnica
de manera que responda a las necesidades de mayor calificación
de un modelo exportador.
Si bien son las empresas las que compiten en los mercados, y
no los países, la competitividad empresarial se ve afectada
por el entorno en el que ésta opera. El estudio en cuestión
destaca que la ‘competitividad’ de un país
depende crucialmente de la calidad del ambiente económico
e institucional para el desarrollo sustentable de actividades
productivas privadas que compitan exitosamente en el mundo,
en base a un creciente aumento de la productividad y la calidad,
sin necesidad de comprimir salarios.
El trabajo de Fundación Mediterránea destaca varios
puntos sobre los que la competitividad de la economía
argentina se ve hoy afectada.
El tipo de cambio es una de las variables más relevantes
al momento de hacer una evaluación de la competitividad
de un país. Particularmente porque suele compensar insuficiencias
en otros determinantes de competitividad genuina. Teniendo en
cuenta las estadísticas oficiales, el tipo de cambio
se ha mantenido relativamente estable en el período 2004-2005.
Tomando como referencia 1997, el tipo de cambio real (TCR) multilateral
se mantuvo alrededor de 1,96 en el 2005. Para este año
se prevé un tipo de cambio real multilateral alto, factor
que debería otorgar un plus de competitividad frente
a los principales socios comerciales, pero que en muchos casos
no se da.
Productividad Laboral
Esta es otra de las variables de análisis. En el último
año, resalta el informe, Argentina ha recuperado parte
del nivel de productividad perdida desde 1998, con un aumento
de 5% durante el 2005, pero todavía se ubica un 7%
por debajo de la cifra de ese año. Desde el punto de
vista de la competitividad, el menor nivel de productividad
laboral evidencia un retraso con respecto a Chile, país
que ha incrementado el nivel de producto por trabajador desde
2000 en un 13%, mientras que nuestro país tiene el
mismo nivel de ese año (ver infogramas).
En el caso de la productividad por obrero industrial, a partir
de la recesión se amplía la brecha con Brasil
y EE. UU. La recuperación es notoria desde 2002.
Por otra parte, el aumento del 8% en el costo laboral unitario
(CLU) entre diciembre de 2004 y diciembre de 2005 resulta
principalmente del incremento del nivel de salarios, que se
ha centrado en el sector formal. Los salarios en este sector
aumentaron un 26%, superando el poder de compra de 2001 en
un 10%.
Costo de capital
El costo del capital y el acceso al crédito son otros
determinantes claves de la competitividad. La importancia
se realza por la muy alta incidencia (75%) del capital en
los costos unitarios de actividades transables con relación
al promedio de la economía (50%).
Los últimos datos disponibles sobre costo de uso de
capital para el primer trimestre de 2006, continúa
resaltando el informe, evidencian un aumento del 25% respecto
de igual período de 2005. Sin embargo, esta variable
se ubica ahora un 76% por debajo del máximo alcanzado
en el pico de la crisis, pero todavía un 120% por encima
de niveles de 1998 (ver infogramas adjuntos).
Como puede apreciarse sólo con estos tres indicadores
mencionados (paridad cambiaria, costo laboral y de capital)
se puede notar que la economía está dejando
de ser competitiva. El aporte de un tipo de cambio competitivo
y la sostenibilidad fiscal no alcanzan para garantizar por
sí solas la competitividad del sistema. No resulta
extraño ver que los dos indicadores de “competitividad
revelada” como son la atracción de inversiones
y la participación de las exportaciones argentinas
en el mundo (ver recuadro) no muestren una positiva tendencia
sostenida.
En términos de inversión extranjera directa
(IED), si se mide la misma como porcentaje del PIB, se observa
una fuerte caída en la segunda mitad del 2005. De hecho,
la IED en la primera parte del año fue 3.288 millones
de dólares y en la segunda mitad fue casi 2.000 millones
menos.
Lo preocupante es que, si se comparan las cifras de inversión
para distintos países latinoamericanos, vemos que Argentina
se encuentra rezagada respecto del resto de los países
latinoamericanos.
El país pierde participación en las
exportaciones
Si bien el gobierno nacional se desvive por señalar
entre sus logros el mérito de haber alcanzado durante
el año pasado un record único sobre las exportaciones,
la realidad de las estadísticas muestra que la Argentina
está perdiendo participación en el comercio
mundial ya que éste crece a mayores tasas de lo que
lo hace nuestro país.
Las exportaciones argentinas han venido subiendo, alcanzando
un record de 40.000 millones de dólares en 2005, lo
que representa un aumento del 16% respecto de 2004. El crecimiento
fue de un 52% entre 2000 y 2005, cifra impactante pero que
pierde fuerza cuando se la compara con el incremento total
de las exportaciones mundiales que fue del 60%. Esto deriva
en una caída de la participación argentina en
el total exportado mundial de 0,41% a 0,39% durante los últimos
cinco años.
Argentina viene perdiendo terreno frente a Brasil y Chile,
por dar dos ejemplos cercanos.
Mientras el market share de las exportaciones argentinas en
las exportaciones mundiales se contrajo a 0,39% en 2005, desde
un máximo de 0,48% en 1998, durante el mismo período
dicho porcentaje aumentó de 0,30% a 0,40% para Chile
y de 0,94% a 1,17% para Brasil. Si se considera el último
año, las ganancias en participación para Brasil
pasaron de 1,17 (2005) partiendo de 1,07 (2004) y en Chile
se modificaron a 0,40 (2005) de 0,35 (2004), valores sustancialmente
superiores a los nuestro país que sólo creció
0,01 puntos al pasar del 0,38 en 2004 a 0,39 durante el 2005
(ver más detalles en infograma adjunto).
En segundo lugar, si se contrasta esta trayectoria con la
de nuestro vecino, se aprecia que Brasil pasó de un
market share de 0,86% a uno de 1,17% en igual período,
cambio originado en una suba de sus exportaciones del 115%.
Por último, en términos de la trayectoria de
las exportaciones argentinas a Brasil, se observa una pérdida
de participación en sus importaciones, en momentos
en que las importaciones totales brasileñas están
registrando el mayor impulso de la década. Lo concreto
es que en los últimos doce meses las exportaciones
de nuestro país a Brasil han totalizado 6.600 millones
de dólares, sólo el 8,5% del total importado
por el país vecino.
Comparando con 1998, se han perdido casi 4 puntos porcentuales,
ya que en aquel año los productos made in Argentina
representaban el 12,3% del total de compras brasileñas
al exterior. De haber podido mantener aquel market share,
las exportaciones argentinas a Brasil redondearían
unos 10.000 millones de dólares, ya que las importaciones
del vecino se aproximan a los 80.000 millones de dólares
anuales.
Hay que destacar en este sentido que la dificultad de los
productores argentinos para penetrar en el mercado brasileño
ocurre en un contexto de una significativa ventaja cambiaria
a favor de Argentina. El tipo de cambio real brasileño
contra el dólar estadounidense se ubica un 40%
por encima del nivel de 1997, mientras que para Argentina
esa cifra se aproxima al 120%. |