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Domingo 4 de junio de 2006
La economía argentina sigue perdiendo competitividad
Preocupa un posible contexto externo desfavorable que afectaría al país. Sólo con una moneda débil no alcanza para llegar a los mercados.
Proyectando lo ocurrido en el primer cuatrimestre del año, la economía cerrará el 2006 con un crecimiento en torno al 8%.
Esto determina una evolución histórica sobre los indicadores del PBI. Sin embargo, no pocos son los analistas que aseguran que el contexto externo fue el que permitió el positivo desarrollo de la economía argentina en estos últimos años.
El escenario internacional comienza a presentar turbulencias en el horizonte de corto y mediano plazo –las Bolsas comenzaron a dar los primeros indicios de ello– y la competitividad de la economía argentina sigue sin repuntar pese a contar con una paridad cambiaria muy ventajosa.
No cabe la menor duda de que, de producirse una desaceleración de la economía mundial, las proyecciones de crecimiento de nuestro país tendrán una corrección hacia la baja, y la falta de competitividad no ayudará a amortiguar este golpe. El gobierno nacional mantiene el programa económico sin modificaciones sustanciales desde la creación del mismo. Desde que asumió la cartera de Hacienda el ex ministro Lavagna, de la mano del ex presidente Eduardo Duhalde, el programa se mantiene en ‘punto muerto’ con los mismos ejes del 2002: paridad cambiaria competitiva y sostenida en forma artificial, superávit fiscal para poder tener la caja y una positiva balanza comercial para acaparar dólares. Este esquema, sin dudas, ayudó en su momento a sostener la economía de los últimos años.
Pero con los cambios en el escenario internacional, este programa debería adaptarse y, dentro de las modificaciones a tener en cuenta, el gobierno debería intentar mejorar la competitividad de la economía para hacerla así menos permeable a los ciclos que definen las crisis externas. Sin cambios estructurales, cada vez estaremos más lejos del mundo.
Un reciente informe elaborado por la Fundación Mediterránea detalla que, entre los principales lineamientos, la agenda del gobierno nacional debería incluir los siguientes puntos:
• Definición una estrategia de inserción mundial y apoyo a los clusters regionales que involucren sectores con potencial exportador.
• Apoyo del sector público para mejorar la provisión de infraestructura tecnológica que facilite aumentar la calidad y el nivel tecnológico de todos los escalones de la cadena productiva.
• Reducción de la incertidumbre acerca del futuro abastecimiento energético.
• Redefinición de la política tributaria procurando quitar el sesgo anti-exportador.
• Modernización de la educación técnica de manera que responda a las necesidades de mayor calificación de un modelo exportador.
Si bien son las empresas las que compiten en los mercados, y no los países, la competitividad empresarial se ve afectada por el entorno en el que ésta opera. El estudio en cuestión destaca que la ‘competitividad’ de un país depende crucialmente de la calidad del ambiente económico e institucional para el desarrollo sustentable de actividades productivas privadas que compitan exitosamente en el mundo, en base a un creciente aumento de la productividad y la calidad, sin necesidad de comprimir salarios.
El trabajo de Fundación Mediterránea destaca varios puntos sobre los que la competitividad de la economía argentina se ve hoy afectada.
El tipo de cambio es una de las variables más relevantes al momento de hacer una evaluación de la competitividad de un país. Particularmente porque suele compensar insuficiencias en otros determinantes de competitividad genuina. Teniendo en cuenta las estadísticas oficiales, el tipo de cambio se ha mantenido relativamente estable en el período 2004-2005. Tomando como referencia 1997, el tipo de cambio real (TCR) multilateral se mantuvo alrededor de 1,96 en el 2005. Para este año se prevé un tipo de cambio real multilateral alto, factor que debería otorgar un plus de competitividad frente a los principales socios comerciales, pero que en muchos casos no se da.

Productividad Laboral

Esta es otra de las variables de análisis. En el último año, resalta el informe, Argentina ha recuperado parte del nivel de productividad perdida desde 1998, con un aumento de 5% durante el 2005, pero todavía se ubica un 7% por debajo de la cifra de ese año. Desde el punto de vista de la competitividad, el menor nivel de productividad laboral evidencia un retraso con respecto a Chile, país que ha incrementado el nivel de producto por trabajador desde 2000 en un 13%, mientras que nuestro país tiene el mismo nivel de ese año (ver infogramas).
En el caso de la productividad por obrero industrial, a partir de la recesión se amplía la brecha con Brasil y EE. UU. La recuperación es notoria desde 2002.
Por otra parte, el aumento del 8% en el costo laboral unitario (CLU) entre diciembre de 2004 y diciembre de 2005 resulta principalmente del incremento del nivel de salarios, que se ha centrado en el sector formal. Los salarios en este sector aumentaron un 26%, superando el poder de compra de 2001 en un 10%.

Costo de capital

El costo del capital y el acceso al crédito son otros determinantes claves de la competitividad. La importancia se realza por la muy alta incidencia (75%) del capital en los costos unitarios de actividades transables con relación al promedio de la economía (50%).
Los últimos datos disponibles sobre costo de uso de capital para el primer trimestre de 2006, continúa resaltando el informe, evidencian un aumento del 25% respecto de igual período de 2005. Sin embargo, esta variable se ubica ahora un 76% por debajo del máximo alcanzado en el pico de la crisis, pero todavía un 120% por encima de niveles de 1998 (ver infogramas adjuntos).
Como puede apreciarse sólo con estos tres indicadores mencionados (paridad cambiaria, costo laboral y de capital) se puede notar que la economía está dejando de ser competitiva. El aporte de un tipo de cambio competitivo y la sostenibilidad fiscal no alcanzan para garantizar por sí solas la competitividad del sistema. No resulta extraño ver que los dos indicadores de “competitividad revelada” como son la atracción de inversiones y la participación de las exportaciones argentinas en el mundo (ver recuadro) no muestren una positiva tendencia sostenida.
En términos de inversión extranjera directa (IED), si se mide la misma como porcentaje del PIB, se observa una fuerte caída en la segunda mitad del 2005. De hecho, la IED en la primera parte del año fue 3.288 millones de dólares y en la segunda mitad fue casi 2.000 millones menos.
Lo preocupante es que, si se comparan las cifras de inversión para distintos países latinoamericanos, vemos que Argentina se encuentra rezagada respecto del resto de los países latinoamericanos.

El país pierde participación en las exportaciones

Si bien el gobierno nacional se desvive por señalar entre sus logros el mérito de haber alcanzado durante el año pasado un record único sobre las exportaciones, la realidad de las estadísticas muestra que la Argentina está perdiendo participación en el comercio mundial ya que éste crece a mayores tasas de lo que lo hace nuestro país.
Las exportaciones argentinas han venido subiendo, alcanzando un record de 40.000 millones de dólares en 2005, lo que representa un aumento del 16% respecto de 2004. El crecimiento fue de un 52% entre 2000 y 2005, cifra impactante pero que pierde fuerza cuando se la compara con el incremento total de las exportaciones mundiales que fue del 60%. Esto deriva en una caída de la participación argentina en el total exportado mundial de 0,41% a 0,39% durante los últimos cinco años.
Argentina viene perdiendo terreno frente a Brasil y Chile, por dar dos ejemplos cercanos.
Mientras el market share de las exportaciones argentinas en las exportaciones mundiales se contrajo a 0,39% en 2005, desde un máximo de 0,48% en 1998, durante el mismo período dicho porcentaje aumentó de 0,30% a 0,40% para Chile y de 0,94% a 1,17% para Brasil. Si se considera el último año, las ganancias en participación para Brasil pasaron de 1,17 (2005) partiendo de 1,07 (2004) y en Chile se modificaron a 0,40 (2005) de 0,35 (2004), valores sustancialmente superiores a los nuestro país que sólo creció 0,01 puntos al pasar del 0,38 en 2004 a 0,39 durante el 2005 (ver más detalles en infograma adjunto).
En segundo lugar, si se contrasta esta trayectoria con la de nuestro vecino, se aprecia que Brasil pasó de un market share de 0,86% a uno de 1,17% en igual período, cambio originado en una suba de sus exportaciones del 115%.
Por último, en términos de la trayectoria de las exportaciones argentinas a Brasil, se observa una pérdida de participación en sus importaciones, en momentos en que las importaciones totales brasileñas están registrando el mayor impulso de la década. Lo concreto es que en los últimos doce meses las exportaciones de nuestro país a Brasil han totalizado 6.600 millones de dólares, sólo el 8,5% del total importado por el país vecino.
Comparando con 1998, se han perdido casi 4 puntos porcentuales, ya que en aquel año los productos made in Argentina representaban el 12,3% del total de compras brasileñas al exterior. De haber podido mantener aquel market share, las exportaciones argentinas a Brasil redondearían unos 10.000 millones de dólares, ya que las importaciones del vecino se aproximan a los 80.000 millones de dólares anuales.
Hay que destacar en este sentido que la dificultad de los productores argentinos para penetrar en el mercado brasileño ocurre en un contexto de una significativa ventaja cambiaria a favor de Argentina. El tipo de cambio real brasileño contra el dólar estadounidense se ubica un 40% por encima del nivel de 1997, mientras que para Argentina esa cifra se aproxima al 120%.

 
 
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