Nueve
días después de la cancelación de sus
operaciones en la selva amazónica, Oxy está
aún presente en carteles y vallas, aunque su partida,
lejos de provocar nostalgia, permite a los ecuatorianos palpar
el humeante negocio petrolero que asoma tras el pleito legal.
Los avisos azules y rojos de la compañía estadounidense
guían el recorrido por los pozos de Limoncocha, ubicada
a unos 90 kilómetros de la población de Lago
Agrio (al norte, cerca de la frontera con Colombia), donde,
sigilosos, directivos y trabajadores de la estatal Petroecuador
perfilan la era post Occidental (Oxy).
En el también llamado Bloque 15 –una zona petrolera
de unas 2.000 hectáreas que debió abandonar
la multinacional, acusada por Quito de violar la ley–
nadie habla de repercusiones negativas, al menos no frente
a la prensa.
Como dictan los manuales de autoayuda, es mejor referirse
a la oportunidad que encierra todo fracaso.
Y en este caso la fortuna asoma tras la partida de Oxy por
cuanto Petroecuador podría ocuparse de la operación
que permitía a la estadounidense extraer 100.000 de
los 530.000 barriles diarios de petróleo que produce
Ecuador, quinto productor sudamericano de crudo.
“Miren qué negocio tan bello: Petroecuador necesita
invertir 30 millones mensuales para la operación del
Bloque 15, pero obtiene una utilidad de 120 millones de dólares”,
señaló emocionado el presidente de la estatal,
Fernando González, durante su primera visita a Limoncocha
luego de la salida de la petrolera extranjera.
Las cifras suenan tan contundentes que los ex obreros de Oxy,
ahora de Petroecuador, no entienden cómo el gobierno
evalúa una alianza con una empresa de Colombia, Chile
o Venezuela cuando, aseguran, el país podría
administrar el negocio sin ayuda externa.
“Petroecuador está en capacidad de asumir el
pleno control del Bloque 15. Una asociación con otra
estatal supondría pasar de las manos de Oxy a las de
otra compañía extranjera, cuando los ecuatorianos
podemos quedarnos con todas las ganancias”, dijo a la
AFP Fausto Robalino, presidente de la Asociación de
Profesionales de la estatal.
González comparte ese criterio, aunque, más
cauto, prefiere presentar el proyecto como “una oportunidad
que valdría la pena”.
“En 30 días tomaremos una decisión, ya
sea la de una alianza con la empresa de otro país o
una auditoría externa que contrate con Petroecuador”,
declaró González, sin dejar de insistir en que
su empresa cuenta con el respaldo técnico y laboral
para asumir el reto.
Pero si Petroecuador está facultada para administrar
el otrora negocio de Oxy y las cifras son tan favorables,
¿por qué Ecuador analiza otras opciones?
Es una pregunta sin respuesta o al menos no inmediata.
LA SOLUCION, EN UN MES
El presidente de la estatal reitera que la solución
definitiva llegará dentro de un mes, cuando Ecuador
anunciará si a la mesa que dejó servida Oxy
se sentará con invitados.
Entretanto, Petroecuador pule los nuevos contratos con los
ex empleados de la multinacional, cuyas condiciones podrían
ser las mismas, a excepción del reparto de utilidades
que por ley no es posible en empresas oficiales.
“Hemos llegado a un acuerdo con 280 trabajadores (el
80% de la planta con la que funcionaba Oxy) que aceptaron
vincularse con Petroecuador. Esperamos con ello seguir garantizando
la producción y, de ser posible, ampliar la explotación”,
indicó González.
Los obreros, por su parte, se abstienen de opinar y eluden
cualquier comparación entre las dos empresas que se
suceden en Limoncocha, donde la sensación es de normalidad
y expectativa.
Ecuador enfrenta esta encrucijada en momentos en que el subcontinente
camina en sentido contrario a la experiencia de los 90 en
materia de hidrocarburos. La política del presidente
Hugo Chávez en Venezuela, ampliando la participación
de la estatal PDVSA en los yacimientos operados por empresas
privadas, pero sobre todo la nacionalización de los
hidrocarburos en Bolivia son muestras de ese sendero. |