Tai Chi a orillas del río Negro: la búsqueda de la paz en cámara lenta

Unas 800 personas pasaron por los seis talleres que actualmente se dictan en la capital rionegrina con el objetivo de mejorar la salud, pero sobre todo de encontrar el equilibrio.

12 ago 2017 - 00:00
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Allí donde todo pasa rápido, ellos se mueven en cámara lenta, formando figuras, a orillas del río Negro. Callados, meditan en movimiento.

En Viedma, un grupo de adultos busca captar la energía vital con una serie de movimientos elementales. Cuando el buen tiempo ayuda, lo hacen en medio del paisaje de la costanera. Cuando hace frío, se mantienen abrigados en un gimnasio.

En uno u otro caso, buscan lo mismo: sentirse bien.

“Se trata de una disciplina que es de vida porque no empieza y termina en una hora de práctica. Uno adquiere conocimientos de respiración, de relajación, que son muy útiles para lo cotidiano, cuando tenemos enfrente complicaciones de trabajo, estrés o familiares. Así, aplicando ejercicios de respiración vamos a tener una perspectiva diferente”, afirma la instructora y campeona, Shirley Siegenthaler.

Shirley insiste en el concepto de “disciplina de vida”. Argumenta que no sólo es una actividad que involucra al cuerpo. “Es algo integral. Como seres humanos hablamos de un ‘combo’: tenemos mente, cuerpo, espíritu; y vamos a trabajar en los tres planos y evolucionar en ellos”.

La instructora asegura que se trata de una opción con gran demanda en virtud de que la gente necesita “encontrar respuestas en un mundo en el que se prioriza lo rápido, las respuestas mágicas a los problemas. Pero –advierte– esto implica una trayectoria de introspección, de paciencia y con mucho amor con uno mismo. Con un par de clases es imposible encontrar un estado de relajación, y la gente debe entender que no es algo que se pueda comprar dado de que la actividad implica esfuerzo, disciplina y compromiso”.

La práctica del Tai Chi se impone como una nueva modalidad de relajación corporal y mental. Esta alquimia interna, que implica tiempo y dedicación, es una de las prácticas que cada vez más se usa como complemento de la medicina tradicional.

El acceso a este pequeño mundo, quizá desconocido e incierto para algunos neófitos, empieza con un ejercicio similar a un saludo. Se llama Tan Tien y busca el punto donde se centra la respiración, cerca del ombligo.

Luego, los practicantes empiezan a escribir su propia historia de los movimientos para conseguir la energía, como herramienta esencial.

Lo cierto es que se puede aplicar en actividades cotidianas, como por ejemplo colocar los pies sobre la tierra al darse cuenta de que mientras se está frente a un escritorio los tiene enroscados entre las patas de una silla.

La belleza y la gracia de sus movimientos consiguió popularidad merced a varios maestros pioneros. Y de 2006 en adelante
–durante la gestión municipal de Mario Fernández en Deportes– comenzó a tomar fuerza en lo institucional. Se estima que desde entonces hasta la actualidad, sólo por ese espacio público asistieron a clases alrededor de 800 alumnos.

Esta propuesta se ofreció como un adicional buscando salir de la estructura tradicional deportiva que, en distintos lugares de la ciudad y en forma gratuita, logró aceptación en una importante franja de adultos.

La actividad se puso en valor, primero desde el gimnasio Fioravanti Ruggeri, y luego por diversos barrios capitalinos. Por caso, el colegio Paulo VI tiene su espacio con el instructor Ricardo Arregui.

Los principios de esta disciplina oriental se fueron consolidando con diversas acciones de perfeccionamiento como la visita de Jorge Dip, fundador de la Escuela Alma de Bambú de Santiago del Estero. Este instructor estuvo en 2009 en China, en el “Templo del Cielo Púrpura” de los monjes taoístas de Wudang Zhang para entrenar durante dos meses bajo la supervisión del maestro Yuan Xiu Gang.

Con la presencia de Dip, los asistentes encontraron la manera de lograr un salto de calidad al adquirir nuevos conocimientos y detalles valiosos; y apropiándose de fundamentos traídos desde China. Asimismo, sirvió para crear una nueva conexión entre el visitante y sus ocasionales alumnos.

Pero a su vez, los instructores locales abrevan los lineamientos específicos de la teoría y la práctica con el maestro Hugo Silvero (coordinador general de la Asociación Argentina de Artes Marciales Chinas). Éste es discípulo de Liu Ming, quien cobró mayor trascendencia por haberse convertido en el médico acupunturista del Papa Francisco.

Su colega Gabriel Vázquez
–principal animador de los talleres municipales– siente que esta antigua actividad “está empezando a crecer basado en núcleos pequeños con mucha apertura y gente interesada ”.

En los talleres, además de la clases, también hay charlas sobre lo que significa la práctica del Tai Chi y se impulsan intercambios de lo que le está sucediendo a cada persona En la Junta Vecinal del barrio Sargento Cabral, una treintena de mujeres de entre 70 y hasta 93 años usan esta antigua gimnasia para mejorar su elongación, respiración y la parte articular. “Una alumna que vive en un departamento me contó que tropezó y que los movimientos que practica la ayudaron para evitar males mayores, y otras dicen dormir mejor porque están más relajadas”, cuenta la instructora Andrea Salinas.

Los pergaminos de los
instructores viedmenses
La instructora de Tai Chi y campeona Shirley Siegenthaler comparte sus vivencias personales.
“En lo físico –apunta– fui evolucionando en los problemas de columna. Hago un trabajo continuo porque entreno de lunes a viernes, y esto hace que mi columna respire, se acomode, se oxigene, y junto con la atención de un médico acupunturista, se está corrigiendo y, para sorpresa de la medicina, las hernias están curadas”.
Esta practicante integró en 2010 la Selección Argentina y participó del Campeonato Mundial de Tai Chi en Taiwán. Allí, Shirley obtuvo un segundo puesto.
“Me sirvió mucho para entrenar mi cuerpo y mi mente, verme cara a cara con mi ego, fue algo importante. Pero es parte del pasado, y ahora estoy en una escuela que no compite y se dedica de lleno al camino de mejorar las condiciones de salud”, concluye Shirley.
Su colega, Gabriel Vázquez, tuvo una excelente participación en el Mundial de Tai Chi en Taiwán 2010, donde alcanzó el sexto puesto
Vázquez llegó a esa instancia deportiva luego de conseguir el título de Campeón Panamericano en Puerto Madryn ese mismo año.
En 2013, el director de la Escuela Municipal de Tai Chi obtuvo un segundo puesto en el Panamericano.
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Lo que hay que
tener en cuenta
El Tai Chi es originario del imperio chino.
Su práctica está relacionada con la consecución de un mayor equilibrio físico y psíquico.
Reduce considerablemente los niveles de estrés y ansiedad, debido al control de la respiración necesario para la realización de los ejercicios; mejora la flexibilidad y resulta bastante eficaz a la hora de combatir la artritis o problemas y dolores musculares; estimula el sistema cardiovascular aunque, por los movimientos suaves y de ejercicios en su mayoría anaeróbicos, también controla la presión arterial.
La representación básica en figuras que desarrolla un practicante, luego del Tan Tien, es el armado de una esfera con las manos, y posteriormente le siguen los movimientos de acariciar la crin del caballo, colocar las manos en punta de flecha, la representación de una serpiente, el oso empuja y la grulla.
La indumentaria básica es ropa liviana, practicar antes de comer o bien después de la digestión.
“Desde que empecé estoy energizada todo el tiempo. Empecé a sentir esa sensación de mover la energía y de sentir cómo cambiaba”.
Graciela, una de las alumnas que practican Tai Chi Chuan.
“Yo fui fumadora,
me reguló la hipertensión y tengo artritis pero ahora tiro patadas. Para mí es sanador porque bajé los decibeles”.
Gladis, una de las mujeres que asisten a las clases que se dictan en Viedma.
Viedma