La Rinconada, relax a orillas del mar

08 ene 2017 - 00:00
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Calma, acantilados de suaves ondulaciones que descienden hacia el mar y el sonido de las olas. Ese es el paisaje que devuelve La Rinconada, una playa de fácil acceso que se ubica a la altura del acceso norte a Las Grutas pero guarda el encanto de los lugares que se preservan en estado puro.

Como es uno de los sectores en los que cuando se registra la pleamar la costa se cubre por completo, su imagen cambia radicalmente de manera cotidiana. En los momentos en los que el mar lo invade todo, los pescadores aprovechan y, desde las escalinatas que descienden hacia el agua, tiran sus líneas para ver qué enganchan. La mayoría de las veces sus lances tienen éxito, ya que en la zona abunda la pesca variada.

En plena bajamar, en cambio, queda al descubierto la restinga, esa superficie rocosa que conforma el lecho marino, y los que aman los tesoros naturales pueden recorrerla, descubriendo las formas caprichosas de las algas. También se puede dar con enormes caracoles o con la silueta de algunos de los pulpos o cangrejos que se parapetan entre las rocas.

Los chicos son los que más disfrutan de esta actividad, porque se dan el gusto de curiosear sin prisa, accediendo a rincones que usualmente quedan ocultos bajo el mar.

También es uno de los rincones favoritos de los que disfrutan de correr, realizar yoga o actividades aeróbicas viendo romper las olas.

Es que, debido a sus características, los que eligen pasar el día en el lugar cuentan con un perfil tranquilo. Es un público que escapa de las grandes aglomeraciones y de las estridencias de las bajadas céntricas, en las que la música de moda oculta los sonidos de la naturaleza. Por eso, nadie invade el rincón que otro turista eligió para instalarse y el relax se refleja en cada visitante.

Con esta premisa, las postales que arroja la costa difieren según el horario y la altura de las mareas. Bien temprano o al caer la tarde, si la bajamar rige, los deportistas se apropian del espacio. Al mediodía las familias se instalan, aunque si el agua está en su plenitud los que lo ocupan todo son los pescadores.

Por último, hay que tener en cuenta que, para aprovisionarse, el tradicional parador ubicado sobre las escalinatas ofrece platos, bebidas y los servicios que se necesitan para que el confort esté asegurado. Además, en las inmediaciones existen comercios que suman opciones y están a un paso de la playa.

Distancias
1.000 m
hay desde la vieja terminal de micros a la playa, yendo por mano derecha. Se llega por la avenida Currú Leuvú.
Para el confort al
borde del agua,
el parador ubicado en
La Rinconada abre
de 9 a 24 y ofrece todo lo que se necesita para
el día de playa.
El momento de
tirar la caña
La pesca variada es una característica del área.
Seis especies se capturan en la playa. Abundan pejerreyes, róbalos, pez gallo, lenguado, raya y pez palo. Por eso los pescadores aprovechan la pleamar para probar suerte con la caña.
Es usual que durante la pleamar se acoden a lo largo de los murallones de la costa y dejen pasar las horas abstraídos con la belleza del paisaje, aunque pendientes de sus capturas.
Los que los acompañan aprovechan para comer algo rico en el parador, mientras el mar despeja de a poco la costa.
El parador
Delicias junto al mar
El restaurante que funciona en el parador de La Rinconada ofrece pescados y mariscos frescos.
Una de las especialidades son los langostinos marinados con panceta, ahumados al ajillo. El plato se consigue por $ 230.
Otra de las opciones son las vieiras gratinadas, con un timbal de arroz como guarnición. El precio es $ 220.
“Los turistas pueden comer aquí, pero también funcionamos como rotisería, por eso muchos optan por llevarse las viandas y bajar a la playa”,
señala Marcos Repucci, prestador del parador de La Rinconada.
Corresponsalía San Antonio

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