Voy + Golfo San Matías

Viaje a los secretos del mundo marino

Comenzó la temporada de avistaje embarcado. Ballenas, delfines, lobos de mar, pingüinos, petreles y albatros, entre otras especies, convocan a los visitantes. ¿El punto de salida? El Puerto San Antonio Este.

13 ago 2017 - 00:00
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¿Cómo son los cortejos de apareamiento de las ballenas? ¿Cómo reaccionan cuando hay orcas cerca? ¿Cuáles son las especies de delfines más amistosas? ¿Por qué los pingüinos atraen tanto a los visitantes? ¿Y por qué parece que saludan los lobos marinos de dos pelos? Estas y otras preguntas tienen respuesta en el golfo San Matías, de la mano del conocimiento de los biólogos y de la experiencia de primera mano de los patrones de los semirígidos que surcan las aguas del Atlántico con pasajeros a bordo. Todos llegan a estas costas rionegrinas con la misma ilusión: contemplar de cerca el maravilloso espectáculo de la fauna marina.

Agustín Sánchez es uno de esos patrones. De 43 años, con pasado de buzo marisquero, se dedica a salir a navegar con turistas desde el 2006. Como sus colegas, vive pendiente de la combinación del pronóstico meteorológico con las altas y bajas de la marea. Cuando todo se alinea, ya es cuestión de suerte e intuición. Ayer, por ejemplo, se acercó a una ballena que era perseguida por cuatro machos que pugnaban por aparearse con la hembra y daban vueltas en círculos como parte del cortejo: no era el día para despertar su atención. En otras ocasiones, cuando la embarcación detiene su marcha a 50 metros de una de ellas (lo máximo permitido) tarde o temprano alguna se acerca.

Encuentros

La experiencia de tantos avistamientos es útil para decidir dónde parar el motor. Por ejemplo, un indicio valioso es qué actitud toma el gigante del mar cuando ve venir el bote y qué hace después.

“Algunas como que te llaman, quieren que te acerques, se muestran. Les decimos ‘periscopio’: sacan la cabeza y se asoman como mirándote. Son muy curiosas. De ahí su nombre, franca. Es dócil y por eso casi se extingue, porque es muy fácil de harponear. Para colmo, por la cantidad de grasa que tiene, flota mucho. Aquí, en aguas poco profundas, vienen a a parir, a reproducirse y en menor medida a alimentarse de zooplancton”, cuenta Agustín. Y agrega que nada las pone más tensas que la presencia de la mayor y más inteligente depredadora del océano, la temible orca.

Fue testigo del paso de una familia de orcas en viaje hacia las playas de Chubut donde cazan lobos marinos. “Nunca vi tan nerviosas a las ballenas”, recuerda Agustín, que como todos se acerca a ellas en semirígidos con un máximo estipulado de 10 pasajeros. Se pueden internar tres millas náuticas en el Atlántico, alrededor de 5,5 km.

En esas incursiones los pingüinos atraen las miradas. “Tienen algo mágico. Podemos estar con una ballena al lado y si aparecen ellos seguro que captan la atención de la gente”, afirma. Y también están los más fieles compañeros de aventuras, los delfines. El común y el oscuro acompañan a las embarcaciones y cuando el patrón acelera también aumentan la velocidad, mientras hacen cabriolas con la estela. Pingüinos y aves como petreles y albatros, entre otras especies, son otros de los habitantes de un golfo que nunca deja de sorprender a sus visitantes. La función 2017 ya comenzó.

Habitantes
del Atlántico
Ballena franca. De unos 16 metros de largo, pesan entre 40 y 60 tn.
Delfines. Hay tres especies: el nariz de botella (tímido y arisco pese que protagonizó la famosa serie “Flipper” en los 60), el común y el oscuro son más sociables.
Lobos marinos. El de 1 pelo suele estar en tierra y es común verlo en el muelle, relajado. Es curioso y juguetón. El de 2 pelos siempre está en el agua. Es frecuente que ponga las axilas al sol, por eso parece que saluda.
Pingüinos. Los más mirados. También hay albatros y petreles, entre otras aves.
Los precios
$ 1.200
por el paseo embarcado por adulto en las cuatro empresas prestadoras. Los chicos de 4 a 12 años pagan $ 1.000.
A 65 kilómetros de Las Grutas por la Ruta 3, en el parador Serena cercano al Puerto San Antonio Este, operan los
cuatro prestadores habilitados.
“Algunas ballenas francas sacan la cabeza, te miran y después se acercan. Les decimos ‘periscopio’. Son muy curiosas”.
Agustín Sánchez,
patrón de una de las embarcaciones.
san antonio

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