Huellas de la época dorada del vino en el Valle Medio rionegrino

Una crónica sobre bodegas abandonadas. Son partes de nuestra historia.

22 dic 2017 - 07:54
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Un relato sobre Luis Beltrán, sus bodegas y sus enormes productores. Una tierra que vio nacer a Rodolfo Walsh, que fue susurrada por Spinetta en alguna canción y que produjo un vino mágico, dejando un legado en familias de la zona, bodegas abandonadas y un puñado de historias.

Julia, de sesenta y pico de años, dice que nació en la misma pieza donde duerme y donde se va a morir. A Julia las ausencias le duelen y la tristeza le impide ir al fondo de su casa. El fondo de su casa, patio mediante, es una de las tantas bodegas del Valle Medio rionegrino devoradas por esa fuerza gris llamada abandono, desidia, impotencia. Esa bodega se llamaba Santa Margarita. Silenciosa duerme el paso del tiempo, junto a otros elefantes blancos y medianos edificios de Beltrán y alrededores, que sufrieron el impacto.

La historia del vino en Río Negro es inmensa. Está llena de pozos y de sueños. Éste es apenas un relato de uno de los puntos claves para entender la vitivinicultura en la provincia.

Estamos a un puñado de kilómetros de Lamarque. Federico Witkowski, docente de viticultura y uno de los tipos que más sabe sobre la historia del vino rionegrino, cuenta que antes Lamarque se llamaba Pueblo Nuevo de Choele Choel, lugar donde nació Rodolfo Walsh y el mismísimo Luis Alberto Spinetta susurra en una frase de una hermosa canción del disco La La La.

Carlos Murray es el anfitrión. Un productor rural que un día partió con su familia desde las entrañas de Buenos Aires y se instaló en esta parte del mundo a laburar la tierra. Buen tipo, hace varios años que de menor a mayor comenzó a hacer vinos y hoy, junto a un par de amigos conforman el grupo Trafen, que en mapudungun significa coincidir, y producen el vino Enclave Sur.

Huellas de la época dorada del vino en el Valle Medio rionegrino

Este grupo está integrado por Guillermo Massenberg, Gerardo Costaguta, Luis y Mario Filippi, Santiago Fernández y Carlos y José Murray. Cada uno de los que compone Trafen son productores de uvas, cada cual tiene su viñedo y el enólogo que elabora los vinos, Mario Lazcano, elige qué uvas serán cosechadas para cada vino.

Las variedades son malbec, merlot, cabernet sauvignon y sauvignon blanc, destacándose la elaboración de los vinos sauvignon blanc cosecha tardía y un rosado de malbec elaborado como blanc de noir.

Una apuesta fuerte la de estos hombres intentar llevarse bien con las uvas durante un par de años y avanzar a pasos agigantados logrando un notable vino. Suave, con buena madera en su línea reserva, frutado, de buen final y para nada egoísta, buena carga tánica y en los blancos, principalmente en el sauvignon blanc, las notas cítricas están a la orden del día.

Los comienzos

Vinimos a Beltrán con la intención de ver de cerca lo que queda de las bodegas de principios de siglo XX. La historia del vino en Río Negro es apasionante y en el Valle Medio tiene uno de los capítulos más productivos de su historia. A fines de 1800 nace el punto inicial de la vitivinicultura en Río Negro. Las primeros tipos de uvas los trajo el coronel Belisle a la zona de Choele Choel, también trajo productores italianos para que laburen la tierra. Alfalfa, uvas y frutales, ese era el combo mágico que florecía en el primer cuarto de siglo de 1900. Las primeras bodegas comenzaron a florecer en el Valle Medio. Vinos finos en poca cantidad.

Huellas de la época dorada del vino en el Valle Medio rionegrino

En la entrada de Beltrán, detrás de la iglesia salesiana, se encuentran los restos de lo que alguna vez fue la bodega de los curas. Puntapié para crear la escuela de enología, de la cual luego saldrían muchos soldados del vino. El exceso de producción bajó la calidad de los vinos. Se alcanzó un volumen de producción que superaba ampliamente el mercado comprador, la llegada de inmigrantes europeos le daba otra impronta y característica al vino, y Mendoza copaba la parada. Acechaba uno de los primeros maremotos económicos y la gente comenzó a organizarse en cooperativas, para tener una alternativa ante semejante crisis.

En un principio apareció la Cooperativa Agrícola Colonia Choele Choel. En la década del 70 esa cooperativa se ubicó como la segunda bodega privada con mayor capacidad de almacenamiento: unos ocho millones de litros. De ahí salieron marcas como “Choele Choel”, “El Barón de la Isla” y “La Niña del Sud”.

En la década del ochenta, el Estado rionegrino optó por no apoyar a la producción vitivinícola, los viñedos, ancianos, comenzaron a sentir el paso de los años y el horizonte dejó entrever una de las peores crisis del sector. Para sobrevivir muchos optaron por la fruticultura, dejando abandonadas cientos de hectáreas de viñedos.

La región de Cuyo absorbió ese mercado que quedó y el tiro de gracia dejó herido de muerte el sueño de una provincia que prometía instalarse como una de las principales productoras de vino.

Huellas de la época dorada del vino en el Valle Medio rionegrino

En la Isla de Choele Choel se calculaba, en las mejores épocas, más de 15 bodegas conviviendo. La realidad hoy es una postal comida desde sus bordes para adentro. Salvo algunas excepciones, las bodegas aún permanecen cerradas o herrumbradas.

La esmeralda del Valle Medio

En 1911 el sueño del ingeniero Alfredo Gutiérrez Acha se transformó en La Esmeralda, una de las bodegas del Valle Medio con mayor ingeniería y capacidad que la época haya conocido.

El riego, en un principio era natural, por inundación, cuenta Carlos Videla Dorna, uno de los actuales propietarios. Su abuela se casó en segundas nupcias con Gutiérrez Acha y la genealogía hoy permite escuchar el relato en palabra viva.

La familia de Carlos decidió trasladarse desde la provincia de Buenos Aires en 1961 recalando en Beltrán y sumergiéndose en la historia de la bodega de manera muy cercana.

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Carlos y su hermano Ignacio, casi cien años después del nacimiento de la bodega, con el tiempo y el abandono sobre la espalda de la historia, decidieron reflotar y poner a producir a ese hermoso elefante blanco, de noble material y con una ingeniería y fortaleza admirable.

En un principio la bodega llegó a tener 50 hectáreas de viñedo, uvas criollas y parrales venecianos, tipo “rayos”. Había doce variedades diferentes de uvas, la capacidad de la bodega rondaba en unos 450.000 litros entre piletas y cubas, y prometía transformarse en uno de los emprendimientos más poderosos en materia de vino del sur argentino.

La Esmeralda fue la niña bonita del Valle Medio, pituca, proyectada en un futuro interminable por los cráneos de la época. Pinoteas y herramientas desde Europa. Prensas, moledoras, todo traído desde el Puerto de Roma, viajando interminables días por el océano, llegando a Buenos Aires, traslado de la maquinaria por el ferrocarril Roca hasta Darwin, las piezas se subieron a carretas que llegaron a cruzar luego en Balsa y se quedaron para siempre en el corazón de la bodega. La Esmeralda es hoy Bodega Videla Dorna.

A principio de los años 30, comenta Federico Witkowski, un tal Don Jaime Fon Saravia (1907 – 1966) estuvo al frente de la administración de la firma. Posteriormente se transformaría en un célebre locutor y conductor, integrante de LR1 Radio El Mundo, en esa vertiginosa historia porteña que tiene el éter y toda su mística.

La mayor cantidad de hectáreas con viñedos se dio en el año 1975, cuando Río Negro poseía 17.579 hectáreas mientras que Neuquén 602.

Río Negro tiene actualmente entre 600 y 700 hectáreas de variedades criollas. Neuquén calidad noble de uvas, ya que su historia arranca hace menos de 15 años.

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Editor Yo Como: Horacio Lara
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