250.000 pesos por datos sobre doble crimen

La recompensa está vigente en la causa por el homicidio de los abuelos Ochoa.



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Paulina Valenzuela y Félix Ochoa fueron asesinados en agosto de 2014 (Foto: gentileza)

JUDICIALES

Sigue en vigencia la recompensa de 250.000 pesos para quien aporte datos que permitan el esclarecimiento del homicidio del matrimonio de Félix Ochoa de 86 años y Paulina Valenzuela de 78, quienes fueron encontrados sin vida el 13 de agosto de 2014 en la vivienda de Guido al 700.

Así lo confirmaron los hijos de las víctimas -Guillermo y Marcela- que si bien admitieron que “la investigación está lenta” aclararon que “no está estancada”. Además de la recompensa recordaron también que la Justicia garantiza la reserva de identidad para quien lo solicite en el caso de estar dispuesto a aportar algún dato que conduzca al o los autores de este robo seguido de muerte del que resultaron víctimas los dos abuelos que vivían en esa casa desde hacía más de 40 años.

Los hermanos viven en otras ciudades y estuvieron en Viedma para interesarse de la causa y abrir la vivienda de sus padres. “No nos vamos conformes porque no están los autores pero sabemos que se sigue trabajando. Pedimos Justicia y que no se olviden de los Ochoa que dedicaron su vida a Viedma”, sostuvieron.

La casa permaneció meses cerrada por pedido de la Justicia y de su interior fue levantada una importante cantidad de huellas, rastros y ADN que han sido cotejadas pero que -hasta el momento- no han dado un resultado positivo como para imputar el hecho a alguna persona.

Para los hijos el robo de dinero fue el objetivo del ingreso a la vivienda y para lograr ese objetivo sus padres fueron maniatados. Ambos murieron por un paro cardiorespiratorio, según el informe de la autopsia, producto de la extrema situación emocional vivida y que no pudieron resistir. Paulina murió primero y fue encontrada al lado de la cama matrimonial y luego Félix en el piso de la cocina producto de la importante pérdida de sangre de sus muñecas en un presuntamente prolongado intento por desprenderse de las ataduras con un alambre.

El matrimonio Ochoa, como tantos otros que caminaron juntos una vida entera, mantenían una rigurosa rutina. De allí que su hijo Guillermo deduzca que el ingreso fue a la hora del almuerzo porque la persiana estaba levantada y sin llave la puerta de la reja. “Deben haber tocado timbre justo cuando se sentaban a almorzar porque papá no había comenzado a comer y mamá había enroscado unos fideos en el tenedor pero seguro que lo esperaba para empezar cuando se debió levantar para atender la puerta”, estimó.

Los hermanos coincidieron en que Félix presentó resistencia a pesar de sus limitaciones físicas. “Es probable que por eso le ataron las muñecas con alambre”.

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