Mesa, cada vez más acorralado por las protestas
La capital, paralizada y aislada por marchas y disturbios.
LA PAZ (AFP) – La capital de Bolivia seguía ayer paralizada y aislada del resto del país por la protesta de miles de campesinos y mineros , en un clima de creciente radicalización política, obligando al gobierno boliviano a desmentir su renuncia y a hacer un llamado al diálogo por la pacificación del país.
El presidente Carlos Mesa reiteró ayer su decisión de cumplir su mandato hasta agosto del 2007, en medio de crecientes rumores sobre un golpe militar. Políticos, empresarios y analistas, casi por unanimidad, creen que las elecciones anticipadas serían la única salida para la crisis del país
La radicalización de la demanda de nacionalización parece haber rebasado las expectativas de algunos de los líderes populares, como el líder de los agricultores cocaleros y jefe del Movimiento al Socialismo, Evo Morales.
El líder cocalero llamó a defender la democracia boliviana con o sin el presidente y acusó al líder obrero Jaime Solares de alentar un golpe militar en Bolivia. Solares, máximo dirigente de la COB, declaró estar dispuesto a respaldar a «un coronel o un general», al estilo del presidente de Venezuela Hugo Chávez, que pudiera surgir como solución a la actual crisis política (ver aparte).
El centro de La Paz estaba envuelto ayer en una nube de gas lacrimógeno con manifestantes que pugnaban por entrar a la Plaza Murillo, el centro del poder donde se ubican la casa de gobierno o Palacio Quemado y la sede del Congreso.
Las refriegas se extendieron a todas las calles céntricas, severamente resguardadas por policías antimotines con la orden de defender el Palacio y el Parlamento como si fuese una plaza fuerte, mediante el fuego graneado de bombardas de gas, lanzadas para alejar a los marchantes.
Seis personas resultaron heridas de levedad en los enfrentamientos entre la fuerza pública y los manifestantes, informó la independiente Asamblea de Derechos Humanos (APDHB).
En medio de los desórdenes, con rotura de vidrios de automóviles y de ventanales d tiendas, el presidente Carlos Mesa se reunía en la casa de gobierno con sus asesores para analizar la delicada situación política del país, según su vocero, Osvaldo Candia.
El mandatario viajó ayer a Sucre, 740 km al sudeste de La Paz, para encabezar los actos cívicos de la capital de Bolivia. A menos de 300 metros del palacio campesinos y mineros gritaban «Mesa, carajo, Bolivia está caliente», pedían su renuncia y exigían la convocatoria a una Asamblea Constituyente.
«Que no quepa duda que estoy cumpliendo mi deber y lo haré hasta el último día de mi mandato (…) No pasa por mi cabeza la idea de renunciar. Mi obligación, más que nunca, es cumplir el mandato de la Constitución Política del Estado», dijo.
«Los movimientos sociales tienen una visión expresada de manera muy parcial y muy radicalizada por pequeños grupos con gran capacidad de vocinglería y de ruido. Pero no son masivos en el contexto de cómo entender un movimiento», dijo Mesa.
«Nosotros tenemos la mejor voluntad de ir otra vez al diálogo y al encuentro» con una convocatoria «a todos», declaró el ministro de la Presidencia, José Galindo. «Hay que conducir las demandas del país, hay que conducirlas buscando la unidad», reclamó.
El presidente dijo que no firmó la reciente ley de hidrocarburos, promulgada por el Congreso, porque no le hace bien a Bolivia, pero que no la vetó «para evitar un descalabro del sistema democrático».
Mesa rechaza la nacionalización de los hidrocarburos, que exige la Central Obrera Boliviana (COB), así como organizaciones sociales y campesinas, lo que le ha valido ser calificado como «un neoliberal y sirviente de las transnacionales». Las empresas petroleras califican la nueva ley como «confiscatoria», posición que es la antípoda de la que enarbolan los movimientos de campesinos y mineros que reclaman la nacionalización y ocupación de los campos de hidrocarburos.
Notas asociadas: Un enviado argentino Divisiones en la oposición
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LA PAZ (AFP) - La capital de Bolivia seguía ayer paralizada y aislada del resto del país por la protesta de miles de campesinos y mineros , en un clima de creciente radicalización política, obligando al gobierno boliviano a desmentir su renuncia y a hacer un llamado al diálogo por la pacificación del país.
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