Ese enorme abismo del conocimiento

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Redacción

Por Redacción

La alegoría de la caverna, de «La República» de Platón, sigue vigente: humanos encerrados en una gruta alrededor de una hoguera que proyecta sombras difusas sobre las paredes y ese es su universo conocido. Uno zafa de la situación, ve la luz de la entrada de la cueva, las luces del exterior y sale a buscar, se asoma al abismo del conocimiento. Por momentos, parece que aún estamos en la cueva, alrededor del fuego…

– Siento que es medio así. Hace muy poco apareció ese uno por ciento que nos diferencia del chimpancé; el humano es un animal muy joven. Pero creamos instrumentos que nos van a modificar estructuralmente, ya no nuestro pensamiento únicamente. El homo habilis cambió su vida basándose en la habilidad de diseñar y usar herramientas; pero finalmente, las está usando sobre sí. El hombre está buscando cambiar su morfología externa y también la interna, para producir una nueva especie a partir de la que hay. Ahí empieza de verdad el desarrollo futuro y no sé también si no será el fin del hombre tal cual lo conocemos hoy».

«No me suena aterrador, pero sí, dramático. Involucra un drama de vida y muerte. Los clones humanos que puedan llegar a concebirse no son el problema, sino que la sociedad ya tiene elementos para lograr que seres diferentes, piensen todos igual. Y eso es mucho más patético que un clon. Al sistema no le hace falta generar seres idénticos, porque ya los puede hacer desde adentro de la cabeza, con los modos de educación que ha implementado. El poder utiliza cada vez método más sutiles y logró pensamiento hegemónico a escala de millones de personas, con nosotros mismos. Evidentemente, como especie nos encargamos de exterminar y diluir a otros hombres o proto-hombres que existieron. Me pregunto si no nos está por pasar lo mismo, con la que estamos por engendrar?».

«¿Queremos invalidar o revalidar al ser humano? Para mí, ese es el problema más complejo que se nos está viniendo. El tema es si el próximo hombre no dominará al actual? Supongamos que interviniendo genéticamente se pueden obtener seres con sentidos distintos; pensemos por un momento que se generen personas que vean los colores con la piel… Que se descubre un gen que lo permita…».

«Un gen de ciertas moscas hace que cuando pierden una antena, una de sus patas cumple esa función; se transforma en su estructura interna y pasa a ser antena, en posición inadecuada claro, pero sirviendo como tal. Están viendo de intercalar ese gen en humanos, para regenerar tejidos no regenerables hasta el presente y que no haya que intervenir quirúrgicamente. Perdí un dedo, va a salir… El control de eso, se está buscando. Más allá de lo moral, tales búsquedas son inevitables. El hombre es un primate curioso; el punto es que la curiosidad viene alimentada por una sociedad de mercado perversa. Si las leyes están atrasadas para juzgar a la Internet, imaginate cómo están para enjuiciar a la genética. Ya hay laboratorios registrando la propiedad intelectual de genes. Comprar propiedades humanas es un concepto tremendo, más allá de toda moral, y no puede ser aceptado. Ahí, me pondría medio moralista (ríe nuevamente). Los genes deben ser patrimonio de la humanidad. Es un hecho que no se detendrá la investigación genética. Si no los hay, habrá clones humanos, pero no pueden ser patentados. Hoy está ocurriendo». (E.R.)

Todos los estilos de un músico

Músico y productor, Melero nació el 12 de enero del «58 en Capital Federal. Desde 1982 -junto a Los Encargados- su nombre figura en más de 40 compactos. Sus producciones han bordeado diversos estilos, pop, rock, folk, noise. Pionero del tecno en la Argentina, es faro ineludible de numerosos solistas y grupos que, para conocer su opinión, le envían semanalmente un promedio de doce demos.

Primeros partícipes necesarios: David Princen, dúo con Ulises Butrón; Siam, junto a Javier Miranda en batería, el bajo de Ricky Sáenz Paz, Richard Colleman y Butron, ambos en guitarra y voz; y Los Encargados, el primero que lideró.

Con Los Encargados grabó «Silencio» (1986), con Gustavo Cerati «Colores Santos» (92). Como solista hizo «Conga» (88); «Colección Vacía» (90); «Cámara» (92); «Recolección Vacía» (93); «Travesti» (94); «Operación Escuchar» (95); «Rocío» (96); «Daniel Melero 1 y 2» (98, editado en Chile); «Piano» (editado primero en España y luego en Argentina), «Fantasías Animadas» y «Dejaré que el tiempo me alcance» (99) y «Tecno» (2000). (E.R.)

Una sombra de los objetos

-Represéntate a unos hombres encerrados en una especie de vivienda subterránea en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende en toda su longitud. Allí, desde su infancia, los hombres están encadenados por el cuello y por las piernas, de suerte que permanecen inmóviles y sólo pueden ver los objetos que tienen delante, pues las cadenas les impiden volver la cabeza. Detrás de ellos, a cierta distancia, hay un fuego cuyo resplandor los alumbra, y entre el fuego y los cautivos se extiende un camino escarpado, a lo largo del cual imagina que se alza una tapia semejante al biombo que los titiriteros levantan entre ellos y los espectadores y por encima del cual exhiben sus fantoches.

– Imagino el cuadro.

– Figúrate además, a lo largo de la tapia, a unos hombres que llevan objetos de toda clase y que se elevan por encima de ella, objetos que representan, en piedra o en madera, figuras de hombres y animales y de mil formas diferentes. Y como es natural, entre los que los llevan, algunos conversan, otros pasan sin decir palabra.

– ¡Extraño cuadro y extraños cautivos!.

– Semejantes a nosotros. Y ante todo, ¿crees que en esa situación puedan ver, de sí mismos y de los que a su lado caminan, alguna otra cosa fuera de las sombras que se proyectan, al resplandor del fuego, sobre el fondo de la caverna expuesto a sus miradas?

– No, porque están obligados a tener inmóvil la cabeza durante toda su vida.

– Es indudable que no tendrán por verdadera otra cosa que no sea la sombra de esos objetos artificiales.

Considera ahora lo que naturalmente les sucedería si se los liberara de sus cadenas a la vez que se los curara de su ignorancia. Si a uno de esos cautivos se lo libra de sus cadenas y se le obliga a ponerse súbitamente de pie, a volver la cabeza, a caminar, a mirar a la luz, (…).

(Fragmento inicial). «República». Platón. Libro VII.


La alegoría de la caverna, de "La República" de Platón, sigue vigente: humanos encerrados en una gruta alrededor de una hoguera que proyecta sombras difusas sobre las paredes y ese es su universo conocido. Uno zafa de la situación, ve la luz de la entrada de la cueva, las luces del exterior y sale a buscar, se asoma al abismo del conocimiento. Por momentos, parece que aún estamos en la cueva, alrededor del fuego...

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