«Me dejaron en la calle»
Querido lector, siento una impotencia terrible, no soy de mucho hablar y menos escribir, pero el día 20/01/08 sufrí el cuarto robo en mi relojería. Dos por tres es la medida del taller donde tenía mis herramientas y todo el capital de más de cuarenta años de mucho sacrificio y trabajo. Lamentablemente, tenía muchos relojes de señores clientes que confiaron en mi honradez, hoy no sé cómo ni cuándo les voy a devolver lo que me robaron.
Como ciudadano nacido y criado en esta ciudad, donde todos conocemos el esfuerzo de cada uno para vivir honradamente, lamentablemente tengo que ver a estos ladrones sueltos, no entiendo cómo se mueve la Justicia ni entiendo de leyes. En el robo también se llevaron un arma cargada que tenía para defensa, porque siempre trabajé con miedo a un asalto. En Zapala nos cruzamos con los que nos roban, al mecánico amigo le robaron y están sueltos, a la vecina le robaron y están sueltos. Pregunto: ¿tendremos que seguir soportando semejante burla de parte de los ladrones y la Justicia? ¿por qué si son menores no pagan los padres o tutores como hacen en otros países?
Hoy, a los 70 años y con alguna enfermedad a cuestas, tengo que tomarme con mucha calma semejante daño material y ni hablar del daño psicológico que nos causa el ladrón y la Justicia, pero cuando hablo del tema con mis amigos no puedo evitar alguna lágrima.
Así vivimos los trabajadores de esta bendita ciudad. Convivimos con los vagos y caminamos junto a los que nos roban.
Una vez, dos veces, tres veces, hasta que le quitan la vida a cualquier vecino por $ 20. Entonces despertamos y preso el chorro y asesino, pareciera que le faltaba una materia: matar. Yo tengo la suerte de estar vivo, pero a mi edad empezar de nuevo no es lo mismo, porque me han dejado en la calle.
Sres. jueces, dice el tango: «No es lo mismo el que labura, noche y día como un buey, que el que vive de las minas, que el que roba, que el que mata y está fuera de la ley…», no es lo mismo señores, no es lo mismo.
Gracias al accionar de nuestra policía, los detuvieron, pero la ley en nuestra ciudad dice que tienen que entrar por una puerta y salir por la otra. Pido perdón porque soy un ciudadano trabajador y trato en lo posible de no faltarle el respeto a ningún vecino y amigo, pero quedarme en la calle… siento una impotencia tan grande, porque los que lograron esto se pasean junto a nosotros. Lamentablemente no sabemos quién será la próxima víctima ¿un albañil, un comerciante, un policía, un juez o un jubilado? Desgraciadamente a estas escorias humanas no les importa robar o matar, les da lo mismo. La droga les da el coraje que les faltó a sus padres para educarlos.
Escribo esto en memoria de la cantidad de amigos y vecinos perjudicados y que -como yo- no han recuperado absolutamente nada. No es fácil remar contra la corriente cuando nuestro cuerpo y nuestros brazos sufren el cansancio de tantos años de sacrificio.
Antonio Sebastián Pelz, LE 7.304.404
Zapala
Querido lector, siento una impotencia terrible, no soy de mucho hablar y menos escribir, pero el día 20/01/08 sufrí el cuarto robo en mi relojería. Dos por tres es la medida del taller donde tenía mis herramientas y todo el capital de más de cuarenta años de mucho sacrificio y trabajo. Lamentablemente, tenía muchos relojes de señores clientes que confiaron en mi honradez, hoy no sé cómo ni cuándo les voy a devolver lo que me robaron.
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