Cinismo
ENRIQUE LIBERATI (*)
La escuela cínica fue fundada en Grecia durante la segunda mitad del siglo IV a. C. Los cínicos fueron famosos por sus excentricida-des y porque compusieron numerosas sátiras contra la corrupción de las costumbres y los vicios de la comunidad griega de su tiempo, practicando una actitud muchas veces irreverente y crítica respecto de los males de la sociedad. La felicidad venía dada con llevar una vida simple y acorde con la naturaleza. El hombre, como atributo genuino, portaba en sí mismo los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía era de hecho el verdadero bien. El griego Antístenes fue su fundador y Diógenes de Sinope uno de sus filósofos más reconocidos y representativos de la época. En la modernidad Con el transcurso del tiempo numerosos conceptos cambian y se transforman como consecuencia de sus naturales procesos históricos. Se van alterando y se emplean en sentido distinto al de su concepción original, variando su alcance y comprensión; luego, así ocurrió con el término “cínico”. El uso moderno otorgó un significado peyorativo al vocablo, pues se transformó en una disposición a utilizar el lenguaje con falta de sinceridad en forma insolente, en defensa y práctica de acciones reprochables, en ocasiones ilegales. Desvergüenza en el mentir sin reparar en medios y sin importar si el destinatario del mensaje cree o no en esas afirmaciones. El cínico da una versión falsa de los hechos con la mayor tranquilidad y aplomo; el cinismo político enuncia sus razones bajo el argumento de la necesidad histórica y en defensa de un modelo patriótico. Algunos ejemplos Un señor de traje con una corbata azul se encuentra con otro que se desempeña como funcionario público y, sentados en el despacho de este último, se entabla el siguiente diálogo: Funcionario: “Qué linda corbata roja que tienes, ¿ahora te has convertido en socialista?”. El señor de corbata azul le contesta: “No, mi corbata es azul y, además, el color de la corbata nada tiene que ver con mi ideología política”. Funcionario: “Estás equivocado, tu corbata es roja y ello indica tu inclinación política”. Señor de corbata azul: “¿Cómo puedes negar algo tan evidente?”. Funcionario: “Es que no entiendes, es tu percepción contra la mía y, como yo tengo el poder, tengo la verdad, nada más hay que agregar”. Se trata del típico comportamiento cínico de un político. Ahora corresponde examinar algunos ejemplos de la vida cotidiana de nuestro entorno gubernamental. Revisemos los últimos dos años de las publicaciones del Indec. Cualquier ciudadano advierte que se miente descaradamente y los funcionarios del sector siguen afirmando que “las cifras son correctas de acuerdo con el modelo en marcha y para defensa de los intereses del Estado”. “Fútbol para todos”. Se gastan más de 800 millones de pesos al año para la propaganda de gestión del gobierno de turno y lo pagamos entre todos. Allí el gobierno despliega una escandalosa propaganda de sus “grandiosas obras” y miente explicando que no alcanza su financiación con la propaganda de las empresas privadas. Además de llevar a cabo una práctica configurada como delito de malversación de caudales públicos, contemplado en el Código Penal, utilizan el dinero del pueblo para su perpetuación. El colmo de las aberraciones: financian los viajes a Sudáfrica de los futuros punteros políticos –por cierto mantenidos con las arcas públicas– sosteniendo que se trata de una ONG (¡qué contradictorio!, “no gubernamental pero kirchnerista”). Estos cínicos lo tienen todo en claro, el que tiene el poder tiene la verdad y con mayor razón cuando el poder está apuntalado con una abultada y caprichosa billetera. Como una ofensa más a la inteligencia ciudadana, es necesario puntualizar el envilecimiento de la moneda cuando niegan la inflación. Pretenden cambiar la realidad con el ejercicio de un voluntarismo propio de la manipulación autoritaria del poder. Con la asunción reciente del nuevo canciller se confirma lo expuesto en esta nota. En efecto, ya negó públicamente que haya una “embajada paralela” en Venezuela, que sólo funciona en la mente de algunos periodistas. Sin dudas el flamante ministro de Relaciones Exteriores lo tiene muy en claro: el que detenta el poder tiene la verdad. Conclusión De rigurosa actualidad en la República Argentina. “Hay pocas cosas peores en la vida pública que sus dirigentes se conviertan en cínicos o bien, que siéndolo, puedan llegar a convertirse en representantes populares o en gobernantes… ¿Hasta cuándo el pueblo permitirá que los partidos que los encumbran en el poder continúen postulando a personas que, por su inconsistencia espiritual, están muy lejos de poder construir equipos y proyectos de trabajo que permitan revertir las oprobiosas condiciones de marginación, desigualdad y pobreza que hay en nuestro país?” (1). (1) Comentario en www.duendes.ultimahora.es/los-cinicos-me-superan (*) Doctor en Derecho
ENRIQUE LIBERATI (*)
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