Dejó los cultivos tradicionales en Tandil y hoy vive de la flor más delicada y codiciada de la primavera

Cristián Bonadeo Miguens y Lola Bravo dejaron atrás sus actividades anteriores para dedicarse a la floricultura. Hoy tienen unas 20.000 plantas en producción en el paraje El Gallo, llegaron a exportar a Holanda y buscan convertir su campo en un paseo botánico abierto al público.

Por Auribel Zuarce

Cristián Bonadeo Miguens y Lola Bravo apostaron por el cultivo de peonías y hoy buscan ampliar su emprendimiento con propuestas de turismo rural. Foto: gentileza.

Cristián Bonadeo Miguens y Lola Bravo apostaron por el cultivo de peonías y hoy buscan ampliar su emprendimiento con propuestas de turismo rural. Foto: gentileza.

En Tandil, la primavera tiene un momento en el que el campo se llena de flores y el paisaje parece detenerse. Las peonías despliegan sus pétalos durante unas pocas semanas, después de meses de espera, frío y cuidados. Pero detrás de ese espectáculo hay una historia que empezó mucho antes de la primera cosecha, la de un productor que decidió cambiar de rumbo y encontró en las flores una nueva manera de trabajar la tierra.

En el paraje El Gallo, dentro del establecimiento La Rinconada, Cristián Bonadeo Miguens y Lola Bravo llevan adelante Flowery Hills, un emprendimiento que nació en 2016 y hoy reúne unas 20.000 plantas de peonías en dos hectáreas de cultivo.


De la soja y el maíz a las flores


Técnico en Producción Agropecuaria, Cristián nació en la ciudad de Buenos Aires, se crió en Rufino y vive en Tandil desde hace 14 años. Durante buena parte de su trayectoria trabajó con soja y maíz, además de prestar servicios de siembra y cosecha en campos desde Corrientes hasta Bahía Blanca.

El ritmo de esa actividad terminó empujándolo a buscar una alternativa. En un año y medio sufrió tres accidentes y decidió que necesitaba un cambio. La idea de dedicarse a las flores, sin embargo, venía de antes: desde chico le gustaban los jardines, las plantas y las huertas.

El momento decisivo llegó durante una campaña en Corrientes, cuando entró a un campo con 30 hectáreas de gladiolos.

«Cuando lo vi, dije: esto es lo que hay que hacer», recordó sobre aquella experiencia, que le permitió imaginar un futuro ligado a la producción de flores.

Flowery Hills cuenta con unas 20.000 plantas de peonías en casi dos hectáreas, en el paraje El Gallo, en Tandil. Foto: gentileza.

En 2016 le contó la idea a un socio mientras se encontraba en Tandil. El proyecto comenzó con ambos y con una pregunta por resolver: qué especie cultivar.

Cristián pensó primero en los tulipanes y buscó asesoramiento en Trevelin, donde conoció a productores especializados. Allí, Marcelo Sasaki, referente de la floricultura, visitó el campo y le recomendó apostar por las peonías.

Le advirtió que tendría que esperar dos o tres años para obtener una cosecha comercial. La demora no lo desalentó. Consiguieron unas 5.000 plantas en Trevelin y se prepararon para comenzar.


Un viaje accidentado y años de espera


El traslado de las primeras plantas quedó entre los recuerdos más particulares de los comienzos. Cristián y su socio viajaron hasta Trevelin con un carro, sin dimensionar del todo el volumen de la carga. En el camino encontraron hielo, nieve y lluvia, y una rotura los obligó a avanzar a unos 50 kilómetros por hora.

Cuando llegaron a Tandil, todavía quedaba mucho por hacer. El primer verano fue muy seco y tuvieron que resolver cómo garantizar el agua para las plantas. Instalaron cintas de riego por goteo para llevarla directamente al suelo y evitar mojar el follaje.

La peonía necesita condiciones climáticas específicas. Según explicó Cristián, requiere alrededor de 750 horas de frío, con temperaturas inferiores a los 7 grados, para florecer adecuadamente. Por eso, antes de vender rizomas, suele preguntar dónde vive quien quiere cultivarlos: sin las condiciones necesarias, la planta puede crecer, pero no dar flores.

Las peonías florecen durante unas pocas semanas en primavera y requieren condiciones específicas de frío para desarrollarse. Foto: gentileza.

La espera fue parte del aprendizaje. La primera cosecha comercial llegó en 2019, tres años después del inicio del proyecto.

Ese mismo año tuvieron la oportunidad de participar en una exportación a Holanda junto a los productores de Trevelin. Fue una experiencia importante para conocer el mercado internacional, aunque no volverían a concretar otro envío.


Una separación, una mudanza y un nuevo comienzo


Después de la pandemia, el emprendimiento atravesó uno de sus cambios más importantes. Cristián y su socio se separaron y el cultivo debió trasladarse a otro campo. A partir de entonces, Cristián continuó con el proyecto junto a su esposa, Lola Bravo.

La mudanza se concretó en 2021 y significó empezar otra vez, extraer los rizomas, dividirlos, diseñar nuevamente la plantación e instalar el sistema de riego.

De las 5.000 plantas iniciales, unas 2.500 permitieron obtener cerca de 6.000 ejemplares mediante la división de rizomas. Luego incorporaron otras 3.000 plantas importadas de Holanda.

Actualmente, Flowery Hills tiene unas 20.000 plantas en producción en dos hectáreas y reúne distintas variedades de peonías, entre ellas Festiva Maxima, Duchesse de Nemours, Karl Rosenfield y Red Charm, que se distinguen por sus colores y características.

El crecimiento, sin embargo, no eliminó los problemas productivos. La variedad Alertie, que brota temprano, presentó dificultades sanitarias asociadas a las condiciones de frío y humedad. Las manchas en las flores complicaron la posibilidad de volver a exportar y obligaron a concentrar los esfuerzos en el mercado interno.


Por qué dejaron de exportar


La experiencia en Holanda les permitió conocer de cerca los costos y los riesgos de vender flores en el exterior. Cristián explicó que el precio que recibían allí era aproximadamente un tercio del que podían conseguir en Buenos Aires.

«Uno piensa que la exportación es la salvación, pero la realidad es otra», planteó al describir una actividad que requiere mucha mano de obra y en la que cualquier observación del comprador puede traducirse en descuentos.

El emprendimiento nació en 2016 y llegó a exportar flores a Holanda antes de concentrarse en el mercado argentino. Foto: gentileza.

A eso se suman los gastos de acondicionamiento y transporte, además del riesgo de que las flores no lleguen en las condiciones esperadas. También señaló la competencia de Chile, que cuenta con una producción importante y una estructura exportadora consolidada.

Por ahora, Flowery Hills apuesta al mercado argentino. Comercializa las flores a través de internet y realiza entregas directas. Una vez por semana, Cristián viaja a Buenos Aires para distribuirlas entre florerías y clientes particulares. También comenzaron a recibir pedidos de Mar del Plata y consultas desde Mendoza.


Venta directa y precios: cómo comercializan las peonías


Flowery Hills comercializa sus flores a través de internet y realiza entregas directas a florerías y clientes particulares. Una vez por semana, Cristián viaja a Buenos Aires para distribuir los pedidos. Este año también prevén llegar a Mar del Plata y ya recibieron consultas desde Mendoza.

El productor explicó que el emprendimiento está orientado a la venta de flores de corte, no de plantas. Sin embargo, uno de los desafíos es encontrar compradores para una producción concentrada en pocas semanas.

Según contó, «producen entre 300.000 y 350.000 flores, pero venden alrededor de 8.000″.

Para esta temporada, Bonadeo estimó que cada flor podría venderse a unos $5.000, mientras que los rizomas rondarían los $25.000. La venta directa les permite mantener el vínculo con los compradores y evitar intermediarios, aunque requiere organizar la cosecha, los pedidos y la distribución en un período acotado.


Un campo que busca florecer durante más meses


La producción de peonías se concentra en una ventana breve de la primavera. Por eso, la pareja empezó a buscar alternativas para que el campo pudiera generar actividad durante el resto del año.

El turismo rural surgió cuando cada vez más personas comenzaron a acercarse para conocer las flores y recorrer el establecimiento. Las visitas espontáneas se multiplicaron y decidieron organizar recorridos para explicar cómo es el cultivo y contar la historia del emprendimiento.

«Empezó a entrar gente en el campo, cada vez más, y llegó un momento en que dijimos: bueno, esto hay que atenderlo», contó Cristián.

La respuesta del público los llevó a pensar en una propuesta más amplia. Ahora buscan sumar especies como dalias y rosales para crear un parque con flores durante cuatro o cinco meses, incluso cuando las peonías ya no estén en temporada.

En el paraje El Gallo, entre las sierras de Tandil, Flowery Hills combina la producción de flores con nuevos proyectos vinculados al turismo rural. Foto: gentileza.

El proyecto contempla también una casa de té para que los visitantes puedan pasar el día y disfrutar del paisaje de Tandil.

La diversificación es especialmente importante después de que el año pasado se incendiara la cosechadora con la que Cristián complementaba sus ingresos. Desde entonces, la pareja intenta sostener el emprendimiento hasta la llegada de una nueva floración.

De aquel productor que recorría el país entre campañas agrícolas al campo de peonías que hoy recibe visitantes hay un recorrido de cambios, aprendizajes y decisiones difíciles. Cristián empezó con un socio, volvió a empezar después de una mudanza y continuó junto a Lola con la misma apuesta: construir un proyecto propio alrededor de las flores.

Ahora, además de producir peonías, buscan que Flowery Hills tenga vida más allá de esas pocas semanas en las que la primavera despliega su espectáculo.


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En Tandil, la primavera tiene un momento en el que el campo se llena de flores y el paisaje parece detenerse. Las peonías despliegan sus pétalos durante unas pocas semanas, después de meses de espera, frío y cuidados. Pero detrás de ese espectáculo hay una historia que empezó mucho antes de la primera cosecha, la de un productor que decidió cambiar de rumbo y encontró en las flores una nueva manera de trabajar la tierra.

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