Al este del Edén: cómo Netflix reinterpreta a la madre monstruosa de Steinbeck

En la miniserie de Netflix protagonizada por Florence Pugh, Cathy Ames, la madre cruel y amoral de la novela de John Steinbeck, tiene una historia de abuso que el libro no cuenta. El cambio reabre una pregunta incómoda: ¿el mal se hereda, se elige o tiene una explicación?

Por Verónica Bonacchi

East of Eden. (L to R) Mike Faist as Charles Trask, Christopher Abbott as Adam Trask, Florence Pugh as Cathy Ames in episode 103 of East of Eden. Cr. Courtesy of Netflix © 2026

East of Eden. (L to R) Mike Faist as Charles Trask, Christopher Abbott as Adam Trask, Florence Pugh as Cathy Ames in episode 103 of East of Eden. Cr. Courtesy of Netflix © 2026

Hay algo extremadamente incómodo en Cathy Ames, la mujer que atraviesa “Al este del Edén”, la novela que el premio Nobel John Steinbeck publicó en 1952 y que acaba de llegar otra vez a la pantalla, esta vez en una miniserie de Netflix protagonizada por Florence Pugh. Cathy no es una madre que se equivoca, que se arrepiente o que intenta reparar el daño. Abandona a sus hijos, Aron y Caleb, y sigue su vida. Después de parirlos, le dice al padre que “puede tirarlos en un pozo”, antes de dispararle al hombre y huir.


La novela de Steinbeck es una epopeya que transcurre en el valle de Salinas, California, y sigue la historia de dos familias a lo largo de varias generaciones. En el centro está la relación entre padres e hijos, la herencia familiar y la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. La historia recupera el relato bíblico de Caín y Abel a través de los hermanos Caleb y Aron Trask, hijos de Adam y de Cathy. Mientras Aron parece encarnar la bondad, Caleb lucha contra la sospecha de haber heredado la oscuridad de su madre.
Steinbeck construye a Cathy como una excepción radical.

Desde niña, la presenta como alguien capaz de manipular y matar sin experimentar la culpa, un ser despiadado y amoral, una suerte de Tom Ripley femenino. El escritor no le dio una infancia desgraciada que explique sus actos o vuelva comprensible su maldad. Es su naturaleza. Cathy es el desafío que plantea la novela para reflexión sobre el bien, el mal y la posibilidad de elegir. La palabra hebrea “timshel”, que ocupa un lugar central en la novela, condensa esa posibilidad: el ser humano puede elegir. No está condenado a repetir la historia de sus padres.


Pero la nueva adaptación, escrita y producida por Zoe Kazan, nieta de Elia Kazan, el que dirigió la mítica película de 1955, con James Dean (que sólo se ocupa de la última parte del grueso libro de Steinbeck), introduce un cambio sustancial. La miniserie de siete episodios muestra a Cathy como una niña víctima de abuso sexual, algo que en el libro no figura. Así, algunos de los episodios más oscuros, pueden leerse bajo otra luz. O bajo la luz.


El cambio es enorme: el pasado funciona como explicación.
Florence Pugh, que brilla en su papel, construye así una mujer que puede resultar aterradora y, al mismo tiempo, despertar compasión. La pregunta central se convierte entonces en qué hizo el mundo con ella para que su capacidad de daño sea letal.


La decisión de Kazan abrió un debate entre quienes consideran que esa transformación vuelve al personaje más humano y quienes creen que debilita una de las apuestas más radicales de Steinbeck: la de esa madre monstruosa y amoral que representa Cathy. Ese monstruo que tan bien define Steinbeck en el capítulo 8 y que ilumina -u oscurece- toda su epopeya familiar: “Creo que en el mundo nacen monstruos de padres humanos. Y esto no es culpa de nadie (…) Para un monstruo, la norma debe parecerle algo monstruoso, puesto que cada cual se percibe a sí mismo como normal. Para el monstruo interior, la situación debe resultar aún más confusa, ya que carece de rasgos visibles con los que compararse con los demás. Para un hombre nacido sin conciencia, alguien atormentado por su alma debe parecerle ridículo; para un criminal, la honestidad es una insensatez. No debemos olvidar que un monstruo no es más que una variación y que, para él, la norma resulta monstruosa”.

Cathy era eso.


Hay algo extremadamente incómodo en Cathy Ames, la mujer que atraviesa “Al este del Edén”, la novela que el premio Nobel John Steinbeck publicó en 1952 y que acaba de llegar otra vez a la pantalla, esta vez en una miniserie de Netflix protagonizada por Florence Pugh. Cathy no es una madre que se equivoca, que se arrepiente o que intenta reparar el daño. Abandona a sus hijos, Aron y Caleb, y sigue su vida. Después de parirlos, le dice al padre que “puede tirarlos en un pozo”, antes de dispararle al hombre y huir.

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