Pescar con mosca en el Caribe y el mar Cortés de México: la aventura que nació en la Patagonia y no para de crecer
Luis Brunt y Lalo Tait convirtieron su amor por la pesca con mosca en una propuesta que lleva a pescadores de todo el país a explorar Holbox, Xcalak y Baja California. Entre peces desafiantes y paisajes soñados, construyeron un proyecto en el que la aventura también se mide en amistades.

“Somos pescadores compulsivos. Compartimos una misma pasión: la pesca”, dicen Luis Brunt y Lalo Tait. Impulsados por ese amor, forman Salt Fishing Adventures, el emprendimiento con el que invitan a otros a vivir una experiencia que, durante años, ellos mismos soñaron. Como escribió el francés Stendhal, “la pasión no es ciega, es visionaria”, fieles a esa idea, cruzan fronteras y, desde la Patagonia, llevan a pescadores de todo el país a descubrir los desafíos de la pesca en el Caribe y el mar de Cortés, entre especies de gran porte y paisajes hermosos.
La historia empezó con los viajes de Luis a México. Guía de pesca en Chubut desde el año 2000, encontró en esas aguas una manera de ampliar sus propias experiencias. Al principio viajaba por iniciativa propia; después, sus amigos le decían que querían acompañarlo y el boca a boca hizo el resto.
Su primer viaje a México fue en 2012. En 2017 volvió con un grupo y entre los viajeros estaba Lalo. Luis empezaba a pensar en hacer menos y estaba un poco cansado de ocuparse de la logística en soledad, pero Lalo llegó para proponerle sumar destinos y ampliar la experiencia. La diferencia de energías, lejos de convertirse en un obstáculo, terminó por fortalecer el proyecto. “Él tenía muchas ideas y muchas ganas, y esa energía me volvió a entusiasmar”, cuenta Luis.
A partir de entonces, Holbox dejó de ser la única propuesta en México. Se sumaron Xcalak, al sur del país, frente a Belice, y Baja California, donde el mar de Cortés les abrió las puertas a otros paisajes y especies. Las ideas de Lalo y la experiencia de Luis volaron como una mosca.

Y el pique acompañó. En estos tres años reunieron pescadores de Neuquén, Cipolletti, La Pampa, Puerto Madryn, Esquel, Comodoro Rivadavia, Buenos Aires, Chaco, Córdoba y Salta. Para 2027, la demanda les exige ampliar algunos programas: solo para Baja California cuentan con casi 25 clientes y tuvieron que sumar una tercera semana a las dos que habían previsto.
Tres destinos, distintas maneras de pescar
Holbox fue la primera gran apuesta. La isla, ubicada a unos 200 kilómetros de Cancún, sobre el golfo de México, ofrece un entorno tranquilo y playas hermosas. Allí, la experiencia también incluye a quienes acompañan al pescador y prefieren disfrutar del paisaje mientras el resto del grupo sale en busca de peces. “Les ofrecemos el hotel y todas las comodidades. Es un lugar increíble, con una pileta y el hotel frente al mar. Mientras nosotros pescamos, quienes nos acompañan pueden disfrutar de la playa y del entorno”, cuenta Lalo.
El principal atractivo para los pescadores es el big tarpon, conocido en español como sábalo. Es un pez de gran porte y fuerza extraordinaria, con ejemplares que pueden pesar entre 80 y 90 kilos. Holbox es uno de los destinos reconocidos del Caribe para buscar esos gigantes, aunque enfrentarlos exige preparación y un equipo específico.

“Para pescarlos necesitás un equipo número 12. Veíamos que para un cliente no tiene sentido comprar un equipo de esas características, que es muy costoso y quizás va a usar una sola vez en su vida”, explica Luis. Por eso, incorporaron equipos propios para los viajeros. Hoy cuentan con siete u ocho equipos número 12, uno por embarcación, para que los participantes no tengan que afrontar esa inversión.
Holbox también ofrece otras especies y alternativas. El spinning es una modalidad permitida por la reglamentación mexicana y, según Luis y Lalo, muchos la eligen porque no quieren o no pueden realizar tanto esfuerzo físico. “La pelea con un tarpon de 70 u 80 kilos puede extenderse durante dos horas o más, una exigencia importante incluso para un pescador experimentado”, cuentan.
Xcalak, en cambio, se destaca por la variedad. Allí también se puede pescar tarpon, además de bonefish, conocido como macabí; permit, o palometa; robalo y otras especies. El lugar también tiene un significado especial para Luis y Lalo por el Maya Permit, un torneo de pesca para guías al que se accede por invitación de otro guía. “Yo tuve la suerte de participar por primera vez hace cinco años, invitado por Alejandro Vega, una figura muy reconocida de Holbox. Y ahora, hace tres años que participo junto con Lalo”, cuenta Luis.

Durante tres días, el torneo reúne a guías de Belice, Florida, Xcalak, Holbox y Costa Rica, entre otros lugares. La competencia importa, pero también el intercambio. “Compartís experiencias, conversás sobre técnicas y aprendés muchísimo”, explica. La edición de este año tuvo un cierre especial: ganaron un premio por la palometa más grande.
La tercera propuesta los lleva hasta Los Cabos, en Baja California, para conocer el mar de Cortés. Allí, el paisaje y la pesca ofrecen una experiencia que supera las expectativas. “Siempre nos habíamos movido por el Caribe. Pero cuando llegamos la primera vez, la sorpresa fue enorme, tanto por el paisaje, que nos dejó impresionados, como por la pesca, que era lo que habíamos ido a buscar”, recuerda Lalo.
En esas aguas buscan principalmente roosterfish, conocido como pez gallo, y mahi-mahi, el dorado. También hay distintas variedades de atún. Son especies combativas que exigen destreza y convierten cada jornada en un desafío. La variedad de los tres programas permite que muchos viajeros regresen para conocer otro destino. Para 2027, calculan que viajarán entre 60 y 70 personas.
La aventura empieza antes

Detrás de cada salida hay meses de organización. Entre noviembre y diciembre, Luis y Lalo suelen tener definidos los grupos de la próxima temporada. En febrero, marzo y abril viajan a Xcalak; a fines de junio llega el turno de Baja California y en julio, el de Holbox. Entre fines de enero y febrero compran los pasajes de los participantes.
La logística es una parte central del trabajo. Los traslados por tierra hasta los destinos pueden sumar cientos de kilómetros y requieren una coordinación precisa. Por eso, procuran que los grupos viajen en los mismos vuelos y lleguen en horarios similares. “Normalmente son entre ocho y diez pescadores por semana. De esa manera no tenemos que esperar a alguien que llegue más tarde o coordinar con otro que haya llegado antes”, explica Luis.
A la organización de los viajes le sumaron una franquicia de Pacífico Viaje, una empresa de turismo con la que también resuelven los pasajes y los traslados. Para sus clientes, muchos de ellos profesionales con agendas laborales exigentes, contar con esos detalles resueltos representa una ventaja.
Los programas incluyen salidas en lancha para pescar mar adentro y llegar a arrecifes, bahías y lagunas. Según el lugar, los pescadores pueden bajar de la embarcación y vadear, es decir, caminar dentro del agua, o probar suerte desde la costa. Cada ambiente propone una experiencia diferente y exige atención a las condiciones del lugar.

Luis y Lalo también preparan a quienes nunca pescaron en agua salada. Algunos conocen muy bien los ríos patagónicos, pero el mar requiere otras técnicas. Por eso, suelen dar charlas antes de las jornadas y aprovechan los momentos de descanso para conversar sobre las especies, el uso de los equipos y las situaciones que pueden presentarse.
“La pesca es diferente a la pesca en agua dulce. El pez de agua salada tiene una potencia muy superior. Por eso, los equipos son distintos y las modalidades, incluso dentro de la pesca con mosca, tienen características particulares a las que hay que adaptarse”, explica Luis.
Las amistades que quedan
La pesca es el motivo que los reúne, pero no es lo único que permanece cuando termina el viaje. Durante varios días, personas de distintas provincias comparten embarcaciones, comidas y expectativas. “Se forman grupos, hay muy buena onda y quedan amistades hermosas. No se trata solo de ir a pescar: también disfrutamos de compartir”, cuentan.
Luis y Lalo, además, no se limitan a contratar los servicios de los guías locales y dejar que los pescadores salgan por su cuenta. Durante las jornadas, rotan entre las distintas lanchas y acompañan a los participantes. Para ellos, estar presentes forma parte de la propuesta.

“Estamos ahí para ayudarlos ante cualquier inconveniente. Puede romperse un equipo o un reel, por eso llevamos material de repuesto. También damos asesoramiento técnico sobre el casteo, la forma de recoger la línea y cómo trabaja la mosca en el agua. Compartimos con ellos todo lo que aprendimos”, explican.
Esa presencia refleja la manera en que entienden el emprendimiento. No se trata solo de vender un paquete turístico ni de llevar a alguien hasta un lugar donde hay buenos peces. La idea madre sigue siendo la misma: compartir una pasión.
Para contactarlos, en: @saltfishingadventures o www.saltfishingadventures.com.ar.

“Somos pescadores compulsivos. Compartimos una misma pasión: la pesca”, dicen Luis Brunt y Lalo Tait. Impulsados por ese amor, forman Salt Fishing Adventures, el emprendimiento con el que invitan a otros a vivir una experiencia que, durante años, ellos mismos soñaron. Como escribió el francés Stendhal, “la pasión no es ciega, es visionaria”, fieles a esa idea, cruzan fronteras y, desde la Patagonia, llevan a pescadores de todo el país a descubrir los desafíos de la pesca en el Caribe y el mar de Cortés, entre especies de gran porte y paisajes hermosos.
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