Transfemicidio de Azul en Neuquén: «overkill, fuerza brutal y sadismo» el patrón del crimen que reveló un forense
Uno de los médicos que declaró detalló las heridas que pudieron causar la muerte de la víctima y trazó un posible perfil criminológico del acusado basado en el odio.
Doctor Gabriel Jeréz, médico forense durante el juicio por jurados por el transfemicidio de Azul Semeñenko. Foto: Oscar Livera
La crudeza de los hallazgos médicos signó una jornada clave en la Sala 12 de la Ciudad Judicial de Neuquén, donde se desarrolla el juicio por jurados contra Roberto Daniel Sánchez por el transfemicidio de Azul Semeñenko. Ante el jurado popular, uno de los médicos forenses expuso evidencia técnico-científica que no solo detalló las heridas que pudieron causar la muerte de la víctima, sino que trazó un posible perfil criminológico del acusado basado en el odio, el sadismo y la deshumanización.
La audiencia comenzó con la declaración del médico forense del Poder Judicial, Gabriel Jeréz, quien tuvo a su cargo la autopsia realizada en octubre del año pasado. Un procedimiento que aseguró se realizó bajo estrictos protocolos con perspectiva de género. Jeréz explicó que el cuerpo fue hallado envuelto en plástico, sujetado con alambre y tela, sumergido en agua y en un avanzado estado de putrefacción, lo que obligó a confirmar la identidad de Azul mediante cotejos de ADN.
«Fuerza brutal» y lesiones de defensa
El análisis forense presentado por Jeréz reveló una secuencia de extrema violencia. Según el testimonio del experto, en el cráneo de Azul se registraron fracturas en la zona frontal izquierda, mandíbula y hueso malar (debajo del ojo), para las cuales se requirió la aplicación de una «fuerza brutal» superior a los 200 kilos.
Asimismo, se detectaron 14 lesiones punzocortantes entre el tórax y el abdomen, de las cuales la N°12 —ubicada en la zona intercostal— fue descripta como «limpia y demostrativa de un gran impacto». Las puñaladas que atravesaron el corazón y la arteria aorta tenían entidad suficiente para causarle la muerte de forma independiente o conjunta en cuestión de minutos.
«El instinto de naturaleza hace que una persona ponga la mano para proteger partes vitales», sostuvo el perito al describir al menos siete lesiones defensivas, entre ellas una fractura de envergadura en la mano izquierda y cortes en los miembros superiores.
Un patrón de «Overkill» vinculado al sadismo
El punto culminante del testimonio del Dr. Jeréz fue la categorización del crimen bajo el concepto criminológico de overkill una tipología donde la cantidad y tipo de lesiones excede en demasía lo necesario para quitarle la vida a una persona.
Jeréz remarcó que este tipo de homicidios son «antiguos, raros y poco frecuentes» —recordando como antecedente histórico las dinámicas de Jack el Destripador— y enfatizó que siempre conllevan una «carga de odio y desprecio absoluto hacia la víctima».
El especialista señaló que en más del 70% de estos casos existe una vinculación con parafilias y gratificación sexual a través del «piquerismo» (acto de pinchar o infligir heridas punzocortantes).
Jeréz explicó que el autor del crimen operó bajo un patrón que incluyó la captación de una persona en situación de vulnerabilidad, la satisfacción de impulsos violentos sin necesidad de un detonante previo y el uso de una «conciencia forense» destinada a ocultar el cadáver.
«Escena planificada, captación, motivación de satisfacer un deseo, multiplicidad de lesiones con varios elementos y conciencia forense para ocultar el cuerpo: todos son elementos que nos llevan a pensar en un patrón de overkill vinculado al sadismo», concluyó el forense ante las preguntas de la querella y la defensa ejercida por Ezequiel Leanza.
Tres lugares de hecho y rastros de sangre
A su turno, el licenciado en Criminalística Cristian Lepen expuso el análisis dinámico de la escena del crimen.
Lepen calificó el caso como una escena «atípica» fragmentada en tres puntos clave. En primer medida destacó el lugar del hecho (la casa de Sánchez en Copahue al 1100), el elemento de traslado (la camioneta del imputado que tenía sangre de Azul) y por último el lugar del hallazgo (canal de riego).
Previamente, también prestó declaración el médico legal y neurocirujano Carlos Gordillo, quien examinó al imputado el día de la detención, constatando que Sánchez presentaba escoriaciones por traumatismos recientes en el labio superior y en un brazo. Todas ellas habrían sido posteriores al día del crimen.
Un debate decisivo ante el Jurado Popular
El debate oral es conducido con la acusación a cargo del fiscal jefe Agustín García, la querella representada por los abogados Fernando Gómez y Shirley Sarasola, y la defensa técnica de Ezequiel Leanza.
En las próximas jornadas, el tribunal popular compuesto por doce ciudadanos continuará evaluando el conjunto de pruebas, escuchas telefónicas y testimonios clave para determinar la responsabilidad penal de Roberto Daniel Sánchez.

La crudeza de los hallazgos médicos signó una jornada clave en la Sala 12 de la Ciudad Judicial de Neuquén, donde se desarrolla el juicio por jurados contra Roberto Daniel Sánchez por el transfemicidio de Azul Semeñenko. Ante el jurado popular, uno de los médicos forenses expuso evidencia técnico-científica que no solo detalló las heridas que pudieron causar la muerte de la víctima, sino que trazó un posible perfil criminológico del acusado basado en el odio, el sadismo y la deshumanización.
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