Pura probabilidad

Redacción

Por Redacción

Maldición eterna a quien lea estas páginas. Si usted cree que detrás de todo acontecimiento hay un motivo trascendente; si está convencido de que una fuerza superior es la responsable de ciertos encuentros y desencuentros que nos tiene preparados la vida; si cree en el destino y “en el por algo será”… hum, tal vez, sólo tal vez, no debería leer el último libro de Alberto Rojo, “El azar en la vida cotidiana” (Siglo XXI). En este atrapante texto Rojo explica, con paciencia y buenas maneras, que una gigantesca variedad de hechos sorprendentes ocurren porque probabilísticamente pueden ocurrir. No, no es la “mano de Dios” sino la del azar. Parafraseando a Borges, sería necesario un libro para explicar el libro de Rojo, pero, por mencionar sólo uno de los mucho ejemplos planteados por el científico, piense en bulón unido a su tuerca. Sí, atornillados. ¿Quién los puso así? ¿Pudieron haberse acoplado juntos por obra y arte del movimiento continuo, en medio de una suerte de caos que deja un amplio espacio a la duda, sin la intervención directa de una persona o un ángel? Realice la aventura de poner bulones y tuercas por separado pero en una misma lata cerrada, gírelos y vea qué sucede.


Maldición eterna a quien lea estas páginas. Si usted cree que detrás de todo acontecimiento hay un motivo trascendente; si está convencido de que una fuerza superior es la responsable de ciertos encuentros y desencuentros que nos tiene preparados la vida; si cree en el destino y “en el por algo será”... hum, tal vez, sólo tal vez, no debería leer el último libro de Alberto Rojo, “El azar en la vida cotidiana” (Siglo XXI). En este atrapante texto Rojo explica, con paciencia y buenas maneras, que una gigantesca variedad de hechos sorprendentes ocurren porque probabilísticamente pueden ocurrir. No, no es la “mano de Dios” sino la del azar. Parafraseando a Borges, sería necesario un libro para explicar el libro de Rojo, pero, por mencionar sólo uno de los mucho ejemplos planteados por el científico, piense en bulón unido a su tuerca. Sí, atornillados. ¿Quién los puso así? ¿Pudieron haberse acoplado juntos por obra y arte del movimiento continuo, en medio de una suerte de caos que deja un amplio espacio a la duda, sin la intervención directa de una persona o un ángel? Realice la aventura de poner bulones y tuercas por separado pero en una misma lata cerrada, gírelos y vea qué sucede.

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