Llenar el gran hueco de la memoria
El guitarrista Leopoldo “Polo” Martí, invitado por la Fundación Cultural Patagonia y el Instituto Universitario Patagónico de las Artes, dará un seminario esta semana en Roca.
Eduardo Rouillet
El notable y sensible guitarrista Leopoldo “Polo” Martí cierra el ciclo 2012 de Seminarios y Conciertos, organizado por Fundación Cultural Patagonia y el Instituto Universitario Patagónico de las Artes, con tres días de clases y un concierto durante la última jornada, en el Auditorio “Ciudad de las Artes”. Nacido en Colón, Santa Fe, se graduó en la Cátedra de Guitarra del Instituto Superior de Música de la Universidad del Litoral. Reside desde el ‘89 y crea hoy en Mendoza y es titular de las cátedras de Música Popular Argentina I y II en la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), entre otras. Fue integrante del grupo Matiz en la década del 80 con el que realizó giras por Europa y actualmente junto a Beti Plana conforman un prestigioso dúo de flauta traversa y guitarra. Muchas de las composiciones de Polo, sobre letras de reconocidos poetas, son ejecutadas por numerosos músicos. “Río Negro” lo entrevistó en su casa de la capital mendocina, tras regresar de sus clases cotidianas. Otra de sus pasiones. “Mi contacto con la música desde niño, te diría, tuvo vínculos con la raigambre folclórica de un modo muy natural, como parte del paisaje sonoro infantil. Mi familia está relacionada con lo literario, mi padre (Jorge Enrique) es poeta; de mis cuatro hermanos, dos nos hemos dedicado profesionalmente al estudio musical, el mayor que vive en Neuquén, Jorge Francisco, guitarrista, compositor e integrante de un grupo de Carlos Aguirre, y yo que soy el menor de todos. Sin duda que esa iniciación unida a las raíces, sigue presente más allá de los estudios académicos. El punto de partida siempre, cualquiera sea mi actividad, es esa raíz. Mi mujer es música y mis hijas también”. –Camino difícil porque desde la propuesta del Movimiento del Nuevo Cancionero, allá por 1963, pasaron autores e intérpretes como Mercedes Sosa, el ‘Negro’ Aguirre, Jorge Fandermole en Rosario y tantos salteños, santiagueños, misioneros, bonaerenses, sureños, trabajando para consolidar una identidad a la que aún le cuesta mantenerse en pie. –Sí, sí… Es la tarea que yo particularmente hago –sin excluir el plural porque muchos trabajamos aportando a que eso se modifique y no sea marginal o lo que menos se está escuchando, promoviendo, registrando, proyectando, todos los gerundios que pueda poner al respecto– sino que sea la música a la que se accede naturalmente, así como yo la escuché de chico, compartida con mi familia, los vecinos, los amigos. Y así fui aprendiendo, igual que en la escuela. Ahora tengo 51 años y en la primaria tuve muy buenos maestros que me enseñaron músicas argentinas. Aquello que me sucedió podría haber sido de muchas otras maneras, pero lo sentí natural, como parte de la educación formal e informal también. Pero, a partir de los 70s y con la dictadura, eso cambió. Recuperar la naturalidad de que la música sea parte del paisaje sonoro compartido con las raíces, con nuestra historia y nuestra identidad es una tarea compleja, muy ardua, que lleva a trabajar en varios frentes: la docencia que vengo ejerciendo desde hace muchos años (también desde 1989), por el lado específicamente musical como compositor e intérprete, y después también he desplegado el periodismo en radio Universidad Nacional de Cuyo (FM 96.5), donde fui director de programación, tuve a mi cargo la musicalización y conduje varios programas en los que la música de raíz folclórica argentina era la que más difundíamos. Y siempre con gran amplitud porque al hablar de esa raíz, me refiero a un latido básico que puede tener muchas ramas, muchos frutos. No hablo de folclore en estado puro, tradicionalista, sino además de los vuelos que puedan surgir y han surgido de ahí, muy variados por cierto. –¿Cómo es la relación entre esta prédica tuya y de tantos otros con los estudiantes a quienes les llevas casi treinta años y tienen otra información musical, instrumental? –Muy buena en cuanto a su apertura y su interés. Particularmente, en la UNCuyo tenemos el honor, el orgullo de haber creado en 2004, una licenciatura en Música Popular que trabaja a partir de las raíces folclóricas argentinas y latinoamericanas. Es la primera en su género en la universidad pública de nuestro país. Por esos años, también surgió en el Conservatorio Manuel de Falla, justamente de la mano de Juan, la carrera de tango y folclore, que ahora pasó a la órbita de la educación superior a través del IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte). Debo remarcar que nuestros estudiantes han decidido abordar una formación de estas características, y de hecho el interés está. Ahora, el lado menos feliz o menos fluido que presenta es el gran hueco que hay en la memoria porque no ha sido alimentada. Por lo destruido en dictadura y posdictadura, ellos han crecido con ausencia de vínculo con el espectro musical del que estamos hablando. Entonces, es difícil. Cuando estoy explicando algo y menciono a los grandes referentes, se ve un signo de pregunta sobre sus cabezas. Hablo de Yupanqui o un montón de autores importantísimos y los chicos me miran como diciendo, no lo conozco. ¿Han escuchado, por decir, a Rodolfo Chacho Müller de Rosario, al “Chivo” Rolando Valladares o a Huayna Sumaj (cuarteto vocal) de Tucumán, los Hermanos (Gerardo y Pepe) Núñez? Y contestan que no. La lista es muy larga, de modo que la reconstrucción es muy grande, profunda, de muchas dimensiones en el espacio y en el tiempo para recuperar eso en ellos, que consideramos fundamental. Porque no podemos estudiar la música sin remitirnos a la historia, a cómo surgió, quiénes han sido los grandes maestros en las distintas épocas y qué obra nos han legado. Entonces, ahí, en ese corte, hay que tomar mucha fuerza y reconstruir junto a ellos este rompecabezas maravilloso que sería lindo que ya tuvieran incorporado.
El guitarrista, que mantiene viva la música de raíz folclórica, cierra el ciclo 2012 de Seminarios y Conciertos con su curso.
Eduardo Rouillet
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