La política se mide en la pantalla chica

Toman partido y hablan de hechos reales o utópicos.

Redacción

Por Redacción

silvina fernández

sfernandez@rionegro.com.ar

Que el hombre es un animal político por naturaleza ya lo decía Aristóteles. Que necesita organizarse en comunidad también, con las diferencias que estos conceptos tuvieron a la largo de la historia. Cómo lo hace, quién ejerce el poder y quién fiscaliza el mismo es parte del contrato social que los ciudadanos establecen con sus representantes en los regímenes democráticos. Un contrato que está presente en el acontecer cotidiano y actualmente en la comunicación audiovisual. Y en la televisión que toma el testigo de las representaciones en los teatros al aire de la antigüedad y de los juglares para marcar las fallas de los gobernantes o plantear cómo sería un país ideal.

Estos planteos se expresan en las ficciones. Telefilmes, miniseries y series abordan normalmente temas políticos, aunque pocos los hacen su centro. Algunas producciones se basan en personajes históricos y otras crean sus propios protagonistas.

El sueño de ser presidente varios lo lograron en la ficción, pero pocos quedarán en la memoria como el Josiah “Jed” Bartlet que Martin Sheen interpretó en “The West Wing” (ver aparte).

Geena Davis también ocupó el Salón Oval como la presidenta Mackenzie Allen en la serie “Commander in Chief”, que en el país emitió Warner. Sin mucho vuelo y llena de clichés, planteaba la llegada de una mujer por primera vez a la jefatura de estado. Claro que, machismo mediante, no había sido elegida para el cargo sino que asume ese puesto después de que su predecesor muere a causa de un aneurisma.

Estados Unidos vive un año electoral y eso se refleja en la pantalla más allá de los debates de los candidatos. Dos series, especialmente, se enfocan en la política de distinta manera y, ambas, con perspectiva crítica: “Boss” y “The Newsroom”.

Kelsey Grammer (“Frasier”) es el protagonista de “Boss”, serie por la que ganó un Globo de Oro. Interpreta al alcalde de Chicago Tom Kane, y la referencia a “El ciudadano” de Orson Welles no es nada casual. La primera temporada, que en la Argentina emitió TNT, sorprendió por su calidad, aunque algunos de sus creadores ya hacían prever un resultado por lo menos no convencional. Además de Grammer son productores de la serie Farhad Safinia (“Apocalypto”) y Gus van Sant (“Milk”), quien dirigió el piloto y marcó la impronta estética que no abunda en planos medios y cámara “limpia”. Primerísimos planos, imágenes desenfocadas, cámaras cenitales que convierten los ambientes en croquis profundizan la sensación de oscuridad y refuerzan guiones con pocos cabos sueltos que van mostrando la historia de este hombre que sólo quiere el poder por el poder mismo. Sufre un desorden degenerativo neurológico que ocultará todo lo que pueda a sus allegados. Sobornos, chantajea, asesinatos, todo es válido para él si lo ayuda a conseguir lo que quiere; hasta entrega su hija a la Policía.

“The Newsroom”, que se puede ver en HBO, enfoca la política desde los medios de comunicación. Creada por Aaron Sorkin (ganador del Oscar por “La red social” y productor de “The West Wing”) muestra la “la cocina” de un noticiero con algunos aciertos y también errores. El protagonista es Jeff Daniels quien interpreta a Will McAvoy, un presentador de noticiero que después de un escándalo regresa a la conducción de su programa, pero deberá aceptar modificaciones nada cómodas, como el cambio de su equipo de producción que estará encabezado por su idealista ex novia MacKenzie McHale (Emily Mortimer), quien quiere hacer un noticiero que haga las preguntas que nadie hace y no corra detrás del rating.

Entre los pros de la serie están sus diálogos rápidos e ingeniosos, con remates de humor, pero se contraponen con monólogos y resolución de situaciones muchas veces sensibleros.

Sus personajes protagónicos son bienintencionados periodistas con pies de barro.

A diferencia de otras series, ésta sigue una línea temporal y hechos concretos y muestra cómo este equipo hubiera trabajado con ellos. Ataques al Tea Party por sus posturas, el vertido de petróleo de BP en el Golfo de México, la iniciativa antiinmigración en Arizona y hasta la captura y muerte de Osama bin Laden, pasan por esa redacción que resuelve todo casi inmediatamente, aunque sus periodistas se distraigan bastante con historias amorosas que muchas veces incomodan más de lo que atraen. “Newsroom” no es perfecta, pero es rescatable el planteo sobre la libertad e independencia periodísticas.


silvina fernández

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