“Jorge Oyarzún: a tres años del crimen”
En Centenario, hace tres años que falta una joven vida que fue arrancada de manera brutal, macabra y en circunstancias que, hasta el día de hoy, son confusas e incomprensibles. Y esto no ha hecho más que aumentar el dolor. Hace tres años, Jorge Oyarzún salía de su casa, ubicada en la periferia de Centenario, y fue encontrado su cuerpo sin vida en un brazo del río Neuquén días después, a escasos 1000 metros de su hogar. De allí en más se conjeturaron hipótesis de lo más insólitas sobre el crimen y algunas hasta tuvieron eco en los medios de comunicación. El Poder Judicial, que cuenta (o debería hacerlo) con toda la infraestructura, tecnología y presupuesto para realizar una investigación casi inmediata en la escena del hecho, deja en manos de la Policía provincial las primeras pesquisas y esto, en el caso de Jorge, fue un error garrafal. La prueba de esta afirmación es que, un mes después, la misma Policía que estuvo sacando el cuerpo de las aguas del río se abocó a buscar su ropa en el basurero municipal. Este solo hecho invoca de inmediato la duda sobre el eficaz funcionamiento de esta parte del Estado, que debe administrar justicia en la resolución pacífica de conflictos y llevar adelante la persecución penal (en este último caso el Ministerio Público Fiscal). La línea de investigación se inclinó al atroz ataque de una jauría de perros que corrió literalmente a Jorge por todo un terreno baldío (ahora en plena urbanización) que se encuentra detrás del barrio Villa Obrera y del destacamento policial del puente Centenario-Cinco Saltos. Sin embargo, ante tamaña escena de gritos, ladridos y persecución a la luz del día, nadie vio nada. La lentitud y la burocracia del Poder Judicial hicieron que más de dos años (casi tres) después del inexplicable asesinato, con todas las supuestas pruebas a favor de la teoría del caso, se iniciara el juicio contra la dueña de la jauría. Si a menos de un año todas las pruebas se encontraban en posición de sostener el ataque fatal de la jauría contra el adolescente, amén de los “errores” policiales, ¿qué se esperaba para hacer justicia? La única imputada fallece un mes antes del comienzo del juicio y todo queda en la nada absoluta, en la misma incertidumbre que tiene la comunidad hasta hoy. La intención de esta carta no es atacar los principios de la persecución penal, sino marcar que la vida que se apagó hace tres años en Villa Obrera no ha tenido ninguna respuesta aún y los responsables de traer algo de luz y resarcimiento poco han hecho para cumplir efectivamente sus funciones. Nelson Castro Heredia, DNI 33.178.711 Centenario
Nelson Castro Heredia, DNI 33.178.711 Centenario
En Centenario, hace tres años que falta una joven vida que fue arrancada de manera brutal, macabra y en circunstancias que, hasta el día de hoy, son confusas e incomprensibles. Y esto no ha hecho más que aumentar el dolor. Hace tres años, Jorge Oyarzún salía de su casa, ubicada en la periferia de Centenario, y fue encontrado su cuerpo sin vida en un brazo del río Neuquén días después, a escasos 1000 metros de su hogar. De allí en más se conjeturaron hipótesis de lo más insólitas sobre el crimen y algunas hasta tuvieron eco en los medios de comunicación. El Poder Judicial, que cuenta (o debería hacerlo) con toda la infraestructura, tecnología y presupuesto para realizar una investigación casi inmediata en la escena del hecho, deja en manos de la Policía provincial las primeras pesquisas y esto, en el caso de Jorge, fue un error garrafal. La prueba de esta afirmación es que, un mes después, la misma Policía que estuvo sacando el cuerpo de las aguas del río se abocó a buscar su ropa en el basurero municipal. Este solo hecho invoca de inmediato la duda sobre el eficaz funcionamiento de esta parte del Estado, que debe administrar justicia en la resolución pacífica de conflictos y llevar adelante la persecución penal (en este último caso el Ministerio Público Fiscal). La línea de investigación se inclinó al atroz ataque de una jauría de perros que corrió literalmente a Jorge por todo un terreno baldío (ahora en plena urbanización) que se encuentra detrás del barrio Villa Obrera y del destacamento policial del puente Centenario-Cinco Saltos. Sin embargo, ante tamaña escena de gritos, ladridos y persecución a la luz del día, nadie vio nada. La lentitud y la burocracia del Poder Judicial hicieron que más de dos años (casi tres) después del inexplicable asesinato, con todas las supuestas pruebas a favor de la teoría del caso, se iniciara el juicio contra la dueña de la jauría. Si a menos de un año todas las pruebas se encontraban en posición de sostener el ataque fatal de la jauría contra el adolescente, amén de los “errores” policiales, ¿qué se esperaba para hacer justicia? La única imputada fallece un mes antes del comienzo del juicio y todo queda en la nada absoluta, en la misma incertidumbre que tiene la comunidad hasta hoy. La intención de esta carta no es atacar los principios de la persecución penal, sino marcar que la vida que se apagó hace tres años en Villa Obrera no ha tenido ninguna respuesta aún y los responsables de traer algo de luz y resarcimiento poco han hecho para cumplir efectivamente sus funciones. Nelson Castro Heredia, DNI 33.178.711 Centenario
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