“Huella con talla de patagón”

Redacción

Por Redacción

Conocí a Marcos Oliva Day cuando muy joven, flamante abogado, seguramente entusiasmado por su padre se radicó en Puerto Deseado, a mediados de los setenta, enamorándose de la “bella durmiente” localidad santacruceña, a la que contribuyó a despertar mirando al mar. Allí encontró su lugar en el mundo, construyó su hogar junto a Malala y Marquitos y compartió con montones de amigos, alternando durante décadas funciones judiciales con una inmensa tarea social, deportiva y docente que dio frutos especialmente en la Fundación Conociendo Nuestra Casa, que hoy ayuda a crecer a gran cantidad de chicos en contacto con la naturaleza, inculcándoles amor por su tierra y respeto hacia el prójimo. Así dejó una huella gigante que trasciende su existencia física y recuerdos del alma que lo proyectan a otros lugares y a nuevos tiempos. Básicamente fue un hombre de bien que transitó por esta vida con humildad y que se ganó el afecto de quienes lo trataron y la gratitud de sus educandos. Todo el pueblo deseadense fue testigo del paso que allí dejó esa huella tan notable y también mucha gente allende la Patagonia ha conocido su obra filantrópica, inclusive del otro lado de las montañas y más allá del mar. Una simple anécdota lo refleja. A fines de abril me acompañó a Concepción del Uruguay, pues quería conocer el histórico colegio, y en el camino me mostró una foto tomada la noche anterior, en la que se lo veía con Jorge Fernández Díaz, Alfredo Leuco y Arturo Pérez Reverte. Con humor me preguntó: “Quiénes son los tipos que están con Marcos”. En el destino abordamos un velero de mis parientes y desembarcamos un rato en la costa oriental, en la playa de una estancia uruguaya en donde habían anclado unas pocas naves. Se fue a nadar y poco después lo veo al borde del agua, estrechando un abrazo con otro navegante conocido que encontró en esa soledad. Revalidé la pregunta: ¿quiénes éramos los que estábamos en las fotos con Marcos? Yo al menos, como tantos, un testigo al que le comprenden las generales de la ley, por el cariño de la amistad. César B. López Meyer Roca

César B. López Meyer – Roca


Conocí a Marcos Oliva Day cuando muy joven, flamante abogado, seguramente entusiasmado por su padre se radicó en Puerto Deseado, a mediados de los setenta, enamorándose de la “bella durmiente” localidad santacruceña, a la que contribuyó a despertar mirando al mar. Allí encontró su lugar en el mundo, construyó su hogar junto a Malala y Marquitos y compartió con montones de amigos, alternando durante décadas funciones judiciales con una inmensa tarea social, deportiva y docente que dio frutos especialmente en la Fundación Conociendo Nuestra Casa, que hoy ayuda a crecer a gran cantidad de chicos en contacto con la naturaleza, inculcándoles amor por su tierra y respeto hacia el prójimo. Así dejó una huella gigante que trasciende su existencia física y recuerdos del alma que lo proyectan a otros lugares y a nuevos tiempos. Básicamente fue un hombre de bien que transitó por esta vida con humildad y que se ganó el afecto de quienes lo trataron y la gratitud de sus educandos. Todo el pueblo deseadense fue testigo del paso que allí dejó esa huella tan notable y también mucha gente allende la Patagonia ha conocido su obra filantrópica, inclusive del otro lado de las montañas y más allá del mar. Una simple anécdota lo refleja. A fines de abril me acompañó a Concepción del Uruguay, pues quería conocer el histórico colegio, y en el camino me mostró una foto tomada la noche anterior, en la que se lo veía con Jorge Fernández Díaz, Alfredo Leuco y Arturo Pérez Reverte. Con humor me preguntó: “Quiénes son los tipos que están con Marcos”. En el destino abordamos un velero de mis parientes y desembarcamos un rato en la costa oriental, en la playa de una estancia uruguaya en donde habían anclado unas pocas naves. Se fue a nadar y poco después lo veo al borde del agua, estrechando un abrazo con otro navegante conocido que encontró en esa soledad. Revalidé la pregunta: ¿quiénes éramos los que estábamos en las fotos con Marcos? Yo al menos, como tantos, un testigo al que le comprenden las generales de la ley, por el cariño de la amistad. César B. López Meyer Roca

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