“¿Dios y la Patria os demandarán?”

Redacción

Por Redacción

Los ciudadanos muchas veces cometemos errores y nos cuesta acercarnos al camino de los aciertos. Es por ello que como humilde lector, al escribir alguna de mis reflexiones, soy pasible de recibir críticas de propios y extraños al intentar defender aquello que me parece que está bien, aunque es obvio que mi verdad no es la de los demás. Creí que resultaba algo coherente escribir sobre el respeto a la “investidura”, y en especial si hablamos de la señora presidenta que inicia su retirada. Para que les voy a contar. El resultado fue un fracaso rotundo para mi ilusión de poder aportar un poco de paz a la situación violenta que estamos viviendo en medio de tanta ideología manoseada. Mis amigos y aquellos que no lo son respondieron con palabras que no me animo a reproducir, porque no merecía ningún tipo de consideración en esta oportunidad la figura presidencial como tal, habida cuenta del mal trato, casi inhumano hacia nosotros, los ciudadanos comunes. Al final, como la “señora” se despide de sus gobernados, será mejor que no lleve en sus hombros el peso de tanto enojo; por eso decidí “dejarlo ahí” y a otra cosa, porque entendí que, contra una verdad así, es difícil imponer la mía. Va a costar mucho acostumbrarse y aceptar que es algo absolutamente normal escuchar y ver al presidente o ministros del Poder Ejecutivo haciendo declaraciones a la prensa con buen tono de voz, amables, sin rencores permanentes, alejados del pasado y sin culpas hacia los demás, como algo cotidiano y lógico, como se hace en Estados Unidos o Europa y algunos países de nuestra América. En tantos años de soberbia las mentiras se convirtieron en una costumbre a la que, lamentablemente, nos fuimos acostumbrando, y lo mismo ocurrió con atropellos y arrebatos de lo nuestro. Se rompió la cadena de valores y, ante la permisividad del poder y la falta de preocupación por lo que pudo padecer el pueblo humilde y trabajador, germinó en los ámbitos de la economía la semilla de la inflación y por ende la causa de los flagelos que hoy azotan a la sociedad en su conjunto, como inseguridad, muertes, secuestros y una innumerable lista de delitos en donde el Estado tiene mucho de culpa por la falta de previsibilidad, desidia o desinterés. Pensando en voz baja para no recibir otra queja de mis amigos, comencé a observar las carencias de todos nosotros, el pueblo que se sacrifica todos los días para llevar a su casa lo más elemental, que es el sustento para la familia, la misma que vio cómo se iba deteriorando, alejándose de aquel orgulloso sistema de vida construido en tiempos de paz, libertad, prosperidad, respeto y confianza… Y es extraño porque, aunque parezca mentira, estamos en democracia y son esos los valores que nos fueron quitando de a poco, con el agravante de saber que muchos ciudadanos no se dieron cuenta o eligieron el fanatismo cuando les hablamos de la mentira del modelo. Toda vez que Argentina estuvo en crisis económica, al salir de la misma no fuimos capaces de organizarnos civilizadamente y, como solución mágica, incorporamos a miles de ciudadanos a los “trabajos estatales”, vaciando las escuelas de oficios, dejando las calles sin plomeros, carpinteros, electricistas, gasistas, azulejistas y agigantando las aulas con estudiantes de Asistencia Social, como si ya se hubiera sabido que el futuro de nuestro amado país estaba en el asistencialismo por tanta mano de obra destruida con un sistema que los mismos gobernantes fueron creando. Esto en política se llama “voto cautivo” y muchos lo sabían, pero miraron para otro lado. Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví – Misiones

Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví – Misiones


Los ciudadanos muchas veces cometemos errores y nos cuesta acercarnos al camino de los aciertos. Es por ello que como humilde lector, al escribir alguna de mis reflexiones, soy pasible de recibir críticas de propios y extraños al intentar defender aquello que me parece que está bien, aunque es obvio que mi verdad no es la de los demás. Creí que resultaba algo coherente escribir sobre el respeto a la “investidura”, y en especial si hablamos de la señora presidenta que inicia su retirada. Para que les voy a contar. El resultado fue un fracaso rotundo para mi ilusión de poder aportar un poco de paz a la situación violenta que estamos viviendo en medio de tanta ideología manoseada. Mis amigos y aquellos que no lo son respondieron con palabras que no me animo a reproducir, porque no merecía ningún tipo de consideración en esta oportunidad la figura presidencial como tal, habida cuenta del mal trato, casi inhumano hacia nosotros, los ciudadanos comunes. Al final, como la “señora” se despide de sus gobernados, será mejor que no lleve en sus hombros el peso de tanto enojo; por eso decidí “dejarlo ahí” y a otra cosa, porque entendí que, contra una verdad así, es difícil imponer la mía. Va a costar mucho acostumbrarse y aceptar que es algo absolutamente normal escuchar y ver al presidente o ministros del Poder Ejecutivo haciendo declaraciones a la prensa con buen tono de voz, amables, sin rencores permanentes, alejados del pasado y sin culpas hacia los demás, como algo cotidiano y lógico, como se hace en Estados Unidos o Europa y algunos países de nuestra América. En tantos años de soberbia las mentiras se convirtieron en una costumbre a la que, lamentablemente, nos fuimos acostumbrando, y lo mismo ocurrió con atropellos y arrebatos de lo nuestro. Se rompió la cadena de valores y, ante la permisividad del poder y la falta de preocupación por lo que pudo padecer el pueblo humilde y trabajador, germinó en los ámbitos de la economía la semilla de la inflación y por ende la causa de los flagelos que hoy azotan a la sociedad en su conjunto, como inseguridad, muertes, secuestros y una innumerable lista de delitos en donde el Estado tiene mucho de culpa por la falta de previsibilidad, desidia o desinterés. Pensando en voz baja para no recibir otra queja de mis amigos, comencé a observar las carencias de todos nosotros, el pueblo que se sacrifica todos los días para llevar a su casa lo más elemental, que es el sustento para la familia, la misma que vio cómo se iba deteriorando, alejándose de aquel orgulloso sistema de vida construido en tiempos de paz, libertad, prosperidad, respeto y confianza… Y es extraño porque, aunque parezca mentira, estamos en democracia y son esos los valores que nos fueron quitando de a poco, con el agravante de saber que muchos ciudadanos no se dieron cuenta o eligieron el fanatismo cuando les hablamos de la mentira del modelo. Toda vez que Argentina estuvo en crisis económica, al salir de la misma no fuimos capaces de organizarnos civilizadamente y, como solución mágica, incorporamos a miles de ciudadanos a los “trabajos estatales”, vaciando las escuelas de oficios, dejando las calles sin plomeros, carpinteros, electricistas, gasistas, azulejistas y agigantando las aulas con estudiantes de Asistencia Social, como si ya se hubiera sabido que el futuro de nuestro amado país estaba en el asistencialismo por tanta mano de obra destruida con un sistema que los mismos gobernantes fueron creando. Esto en política se llama “voto cautivo” y muchos lo sabían, pero miraron para otro lado. Ricardo Bustos, DNI 7.788.556 Capioví - Misiones

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