“Maestra admirable”
Silvana Mora y Claudio Ploger relatan la experiencia que tuvieron con su pequeño hijo.
Hace tres años notamos en uno de nuestros hijos ciertas dificultades, casi imperceptibles hasta ese momento, para relacionarse con sus pares, interactuar con sus compañeritos en el jardín, rigidez en los juegos, conductas estructuradas en el seno familiar. Lo que en un principio interpretamos –quizás por no querer verlo o por ignorancia– como un matiz en su personalidad con el correr de los meses cambió a preocupación y luego a angustia. Así fue que comenzamos nuestro periplo de consultas e interconsultas especializadas con pediatras, psicólogos, neurólogos, y análisis de sangre con dosajes rarísimos, topografías, resonancias, con diagnósticos poco claros –imprecisos– que variaban en la frontera de trastornos del espectro autista, mutismo selectivo, asperger, que fueron haciéndose tristemente familiares para nosotros en un principio, con pocos resultados favorables o alentadores y, lo terriblemente angustiante, sin cambios en su conducta. A principios de este año, tan desolados como desorientados, fuimos derivados al centro SER de Neuquén y nuestro hijo inició su escolaridad primaria en el Colegio Don Bosco de nuestra ciudad. Y empezamos a notar cambios muy, muy pequeños, pero que para los padres significan un universo de esperanza. Con un trabajo impecable de Melina, Paola y Silvio, su “gran” acompañante terapéutico. Pero muy especialmente de su maestra, Ana, de primer grado C del colegio. Ella lo acompañó, lo abrazó, lo intuyó, lo apoyó, lo integró y lo entendió, tratándolo como a uno más en el aula, con humildad, amor, silencio y respeto. Dignifico en el sentido más amplio de la palabra a su profesión de maestra, tan difícil, tan ingrata a veces, tan exigente. Hoy, con limitaciones aún y mucho trabajo por delante, nuestro hijo ríe, lee, juega, corre con sus amiguitos… esas cosas simples, diarias, que tanto anhelamos cuando no las tenemos. Y Ana, su maestra, probablemente ayudó a cambiar un destino. A hacer feliz a alguien. A integrar a un niño. Tan simple, tan invalorable, tan mágico como eso. Por eso nos sacamos el sombrero. Te saludamos y te agradecemos infinitamente. Y también a la vida, el haberte puesto en nuestro camino, en el camino de lo que más amamos en el mundo, sinceramente. Y que nuestros colegios se inunden de maestras como Ana. Silvana Mora DNI 29.858.901 Claudio Ploger DNI 18.425.151 Neuquén
La gente opina
Hace tres años notamos en uno de nuestros hijos ciertas dificultades, casi imperceptibles hasta ese momento, para relacionarse con sus pares, interactuar con sus compañeritos en el jardín, rigidez en los juegos, conductas estructuradas en el seno familiar. Lo que en un principio interpretamos –quizás por no querer verlo o por ignorancia– como un matiz en su personalidad con el correr de los meses cambió a preocupación y luego a angustia. Así fue que comenzamos nuestro periplo de consultas e interconsultas especializadas con pediatras, psicólogos, neurólogos, y análisis de sangre con dosajes rarísimos, topografías, resonancias, con diagnósticos poco claros –imprecisos– que variaban en la frontera de trastornos del espectro autista, mutismo selectivo, asperger, que fueron haciéndose tristemente familiares para nosotros en un principio, con pocos resultados favorables o alentadores y, lo terriblemente angustiante, sin cambios en su conducta. A principios de este año, tan desolados como desorientados, fuimos derivados al centro SER de Neuquén y nuestro hijo inició su escolaridad primaria en el Colegio Don Bosco de nuestra ciudad. Y empezamos a notar cambios muy, muy pequeños, pero que para los padres significan un universo de esperanza. Con un trabajo impecable de Melina, Paola y Silvio, su “gran” acompañante terapéutico. Pero muy especialmente de su maestra, Ana, de primer grado C del colegio. Ella lo acompañó, lo abrazó, lo intuyó, lo apoyó, lo integró y lo entendió, tratándolo como a uno más en el aula, con humildad, amor, silencio y respeto. Dignifico en el sentido más amplio de la palabra a su profesión de maestra, tan difícil, tan ingrata a veces, tan exigente. Hoy, con limitaciones aún y mucho trabajo por delante, nuestro hijo ríe, lee, juega, corre con sus amiguitos… esas cosas simples, diarias, que tanto anhelamos cuando no las tenemos. Y Ana, su maestra, probablemente ayudó a cambiar un destino. A hacer feliz a alguien. A integrar a un niño. Tan simple, tan invalorable, tan mágico como eso. Por eso nos sacamos el sombrero. Te saludamos y te agradecemos infinitamente. Y también a la vida, el haberte puesto en nuestro camino, en el camino de lo que más amamos en el mundo, sinceramente. Y que nuestros colegios se inunden de maestras como Ana. Silvana Mora DNI 29.858.901 Claudio Ploger DNI 18.425.151 Neuquén
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