El misterio más grande
En abril del 2015, durante el Aviation Americas Summit de Las Vegas conversé largamente con Tony Fernandes, CEO de Air Asia. Habían pasado pocos meses del accidente que ponía a su compañía al borde de parecerse a Malaysia Airlines. La desaparición del vuelo 370, de la que hoy se cumplen dos años, es una pesadilla que, además de haberse llevado 239 vidas, en pocos meses convirtió a una de las top veinte mundiales en una empresa quebrada y a la venta. El 29 de diciembre de 2014, tal vez el peor año para las aerolíneas asiáticas, se había caído un Airbus A320 de Air Asia. Tony Fernandes, que vive en Kuala Lumpur, me dijo que la desaparición del Malaysia Airlines 370 (MH370) estuvo más de 40 días en prime time televisivo de las cadenas norteamericanas. Sabía que si eso le pasaba a su empresa podía perderla completamente. Más allá de que el manejo de crisis y la comunicación con el público a través de los medios fue completamente diferente de parte de Air Asia al que llevó adelante el primer ministro de Malaysia (Razak), su ministro de transporte y otros, la gran diferencia es que en menos de dos semanas el Airbus A320 (QZ8501) que viajaba de Indonesia a Singapur apareció en el fondo del mar y el MH370 todavía no. La revista “Business Insider” calificó la desaparición, al cumplirse el primer año, como uno de los misterios más grandes de la historia. La desaparición del MH370 es seguro el misterio de la aviación contemporánea, y posiblemente de toda la historia jet, más grande que haya habido. Y hasta hoy despertó cientos de teorías conspirativas. ¿Qué sabemos? El 8 de marzo de 2014, pasada la medianoche, comenzó el pushback del Boeing 777-200ER; era el comienzo del vuelo regular MH370 que debía cubrir la ruta entre Kuala Lumpur y la capital de China, Beijing. El avión avanzó normalmente cumpliendo todos los procedimientos hasta la cabecera de la pista 32R para despegar 12:40. Todo fue normal en un aeropuerto que, pese a ser uno de los veinte con más tráfico de pasajeros del mundo, mostró deficiencias de seguridad muy importantes. Por ejemplo, en el avión había dos ciudadanos iraníes que abordaron el MH370 suplantando identidad, con pasaportes falsos. También se observa debilidad en el chequeo de capitán y primer oficial, en las cámaras de seguridad y una actitud extraña del capitán que no fue corroborada. El MH370 obtuvo autorización para despegar y lo hizo a las 12:41. Su ruta estaba estipulada para cruzar el mar de China, Vietnam y luego subir hasta Beijing para llegar a las 6 de la mañana. Antes de la primera media hora de vuelo, el MH370 ya estaba en su altitud crucero: 35.000 pies (unos 10.500 metros sobre el nivel del mar). El controlador de tráfico aéreo de Kuala Lumpur despidió al vuelo malayo y le dio la frecuencia de radio a la que debía pasar por su posición y rumbo, Ho Chi Min, que era el controlador de Vietnam. Se cree que quien se despidió del control de tráfico, y cuyas palabras se convirtieron en las últimas provenientes del vuelo, fue el primer oficial Fariq Abdul Hamid y no el capitán Zaharie Ahmad Shah. Todo sucedió con normalidad. En ese momento, el radar primario que ofrece a los controladores información clave –nombre de la aerolínea, número de vuelo, altitud y velocidad– desapareció de los radares. En un instante, el MH370 pasó de dar toda la información regular a tierra a ser un punto que titila en una pantalla sin brindar ninguna información. El Boeing 777 nunca estuvo en emergencia. ¿Cómo lo sabemos? Sencillamente no hay nada que lo indique. Tampoco es ya una suposición dónde cayó el Boeing de Malaysia. Hace unos meses, en la costa de la isla La Reunión, en el océano Índico, aparecieron los únicos restos hasta ahora confirmados del MH370. Una parte del ala. Hubo acción deliberada para sacar al MH370 de su ruta y llevarlo al Índico sur. También sabemos que el MH370 no estuvo en emergencia, porque no se conoce un antecedente de acción positiva de pilotaje y no pudo volar siete horas más después de una falla masiva como la que debería haber ocurrido para que el Boeing desapareciera repentinamente de los radares y ni siquiera fuera capaz de comunicarse. La planificación fue casi magistral y al mismo tiempo una obra maestra del terror. Pasaron dos años y solo tenemos la parte de un ala del avión que apareció a miles de kilómetros de donde dejó de ser detectable para los radares. El Boeing nunca más apareció y, pese al optimismo del Martin Dolan (jefe de búsqueda del MH370 del gobierno de Australia), hay muchas posibilidades de que nunca sea encontrado. Parte de la obra de terror fue esto. No solo dejar 239 personas en un limbo por siempre, lo que per se lesiona la credibilidad y negocio aerocomercial, sino producir un daño inconmensurable al polémico gobierno de Razak en Malasia y a Malaysia Airlines. No parece poco para un lobo solitario. Justo después del 24 de marzo pasado cuando el capitán del Germanwings 9525 se estrelló deliberadamente en Los Alpes asesinando 149 personas, la inteligencia norteamericana informó que no tenían dudas respecto de que el MH370 había sido víctima de un evento similar. Alguien se apoderó del avión y decidió estrellarlo. El “Wall Street Journal” publicó un artículo ayer contando que una veintena de familiares de los 227 pasajeros que viajaban en el MH370 iniciaron demandas contra la empresa que podrían poner en riesgo su reestructuración y no sería extraño que hicieran peligrar su existencia. Quién sabe si esa fue la intención última del o los secuestradores del MH370 aquella madrugada de marzo, cuando el Boeing 777 de casi 250 toneladas se volvió un fantasma en el aire que se llevó la vida de 227 pasajeros, 12 tripulantes y produjo una conmoción mundial que tuvo horario central en televisión durante 60 días y que dos años más tarde sigue siendo un misterio insondable.
Opiniones
Franco Rinaldi @FrancoVRinaldi
En abril del 2015, durante el Aviation Americas Summit de Las Vegas conversé largamente con Tony Fernandes, CEO de Air Asia. Habían pasado pocos meses del accidente que ponía a su compañía al borde de parecerse a Malaysia Airlines. La desaparición del vuelo 370, de la que hoy se cumplen dos años, es una pesadilla que, además de haberse llevado 239 vidas, en pocos meses convirtió a una de las top veinte mundiales en una empresa quebrada y a la venta. El 29 de diciembre de 2014, tal vez el peor año para las aerolíneas asiáticas, se había caído un Airbus A320 de Air Asia. Tony Fernandes, que vive en Kuala Lumpur, me dijo que la desaparición del Malaysia Airlines 370 (MH370) estuvo más de 40 días en prime time televisivo de las cadenas norteamericanas. Sabía que si eso le pasaba a su empresa podía perderla completamente. Más allá de que el manejo de crisis y la comunicación con el público a través de los medios fue completamente diferente de parte de Air Asia al que llevó adelante el primer ministro de Malaysia (Razak), su ministro de transporte y otros, la gran diferencia es que en menos de dos semanas el Airbus A320 (QZ8501) que viajaba de Indonesia a Singapur apareció en el fondo del mar y el MH370 todavía no. La revista “Business Insider” calificó la desaparición, al cumplirse el primer año, como uno de los misterios más grandes de la historia. La desaparición del MH370 es seguro el misterio de la aviación contemporánea, y posiblemente de toda la historia jet, más grande que haya habido. Y hasta hoy despertó cientos de teorías conspirativas. ¿Qué sabemos? El 8 de marzo de 2014, pasada la medianoche, comenzó el pushback del Boeing 777-200ER; era el comienzo del vuelo regular MH370 que debía cubrir la ruta entre Kuala Lumpur y la capital de China, Beijing. El avión avanzó normalmente cumpliendo todos los procedimientos hasta la cabecera de la pista 32R para despegar 12:40. Todo fue normal en un aeropuerto que, pese a ser uno de los veinte con más tráfico de pasajeros del mundo, mostró deficiencias de seguridad muy importantes. Por ejemplo, en el avión había dos ciudadanos iraníes que abordaron el MH370 suplantando identidad, con pasaportes falsos. También se observa debilidad en el chequeo de capitán y primer oficial, en las cámaras de seguridad y una actitud extraña del capitán que no fue corroborada. El MH370 obtuvo autorización para despegar y lo hizo a las 12:41. Su ruta estaba estipulada para cruzar el mar de China, Vietnam y luego subir hasta Beijing para llegar a las 6 de la mañana. Antes de la primera media hora de vuelo, el MH370 ya estaba en su altitud crucero: 35.000 pies (unos 10.500 metros sobre el nivel del mar). El controlador de tráfico aéreo de Kuala Lumpur despidió al vuelo malayo y le dio la frecuencia de radio a la que debía pasar por su posición y rumbo, Ho Chi Min, que era el controlador de Vietnam. Se cree que quien se despidió del control de tráfico, y cuyas palabras se convirtieron en las últimas provenientes del vuelo, fue el primer oficial Fariq Abdul Hamid y no el capitán Zaharie Ahmad Shah. Todo sucedió con normalidad. En ese momento, el radar primario que ofrece a los controladores información clave –nombre de la aerolínea, número de vuelo, altitud y velocidad– desapareció de los radares. En un instante, el MH370 pasó de dar toda la información regular a tierra a ser un punto que titila en una pantalla sin brindar ninguna información. El Boeing 777 nunca estuvo en emergencia. ¿Cómo lo sabemos? Sencillamente no hay nada que lo indique. Tampoco es ya una suposición dónde cayó el Boeing de Malaysia. Hace unos meses, en la costa de la isla La Reunión, en el océano Índico, aparecieron los únicos restos hasta ahora confirmados del MH370. Una parte del ala. Hubo acción deliberada para sacar al MH370 de su ruta y llevarlo al Índico sur. También sabemos que el MH370 no estuvo en emergencia, porque no se conoce un antecedente de acción positiva de pilotaje y no pudo volar siete horas más después de una falla masiva como la que debería haber ocurrido para que el Boeing desapareciera repentinamente de los radares y ni siquiera fuera capaz de comunicarse. La planificación fue casi magistral y al mismo tiempo una obra maestra del terror. Pasaron dos años y solo tenemos la parte de un ala del avión que apareció a miles de kilómetros de donde dejó de ser detectable para los radares. El Boeing nunca más apareció y, pese al optimismo del Martin Dolan (jefe de búsqueda del MH370 del gobierno de Australia), hay muchas posibilidades de que nunca sea encontrado. Parte de la obra de terror fue esto. No solo dejar 239 personas en un limbo por siempre, lo que per se lesiona la credibilidad y negocio aerocomercial, sino producir un daño inconmensurable al polémico gobierno de Razak en Malasia y a Malaysia Airlines. No parece poco para un lobo solitario. Justo después del 24 de marzo pasado cuando el capitán del Germanwings 9525 se estrelló deliberadamente en Los Alpes asesinando 149 personas, la inteligencia norteamericana informó que no tenían dudas respecto de que el MH370 había sido víctima de un evento similar. Alguien se apoderó del avión y decidió estrellarlo. El “Wall Street Journal” publicó un artículo ayer contando que una veintena de familiares de los 227 pasajeros que viajaban en el MH370 iniciaron demandas contra la empresa que podrían poner en riesgo su reestructuración y no sería extraño que hicieran peligrar su existencia. Quién sabe si esa fue la intención última del o los secuestradores del MH370 aquella madrugada de marzo, cuando el Boeing 777 de casi 250 toneladas se volvió un fantasma en el aire que se llevó la vida de 227 pasajeros, 12 tripulantes y produjo una conmoción mundial que tuvo horario central en televisión durante 60 días y que dos años más tarde sigue siendo un misterio insondable.
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