Las detenciones que sacuden la provincia
Panorama de río negro
Preso tiene que estar Cortés, preso”. Faltaban minutos para que María Eugenia Martini asumiera como intendenta surgida del voto, en diciembre de 2013, y el senador nacional Miguel Pichetto lanzaba la frase en las bambalinas del salón donde se hizo el acto. Dos años y medio después, la Justicia detuvo al poderoso jefe del sindicato mercantil de Bariloche, condenado a cuatro años de prisión por una estafa al Estado nacional con un aporte del Tesoro federal de dos millones de dólares.
Martini había sucedido a principios de ese año a Omar Goye, suspendido y más tarde destituido como consecuencia de los saqueos que en diciembre del 2012 comenzaron en Bariloche y se reprodujeron en otros puntos del país. Goye también está preso en la cárcel federal de Esquel.
A Ovidio Zúñiga, que maneja otro de los tres sindicatos fuertes de Bariloche, el gastronómico (el tercero es el municipal), no lo pudieron apresar porque lo fueron a buscar a la casa de su exmujer. Estuvo una mañana entera esperando a la policía en la cabaña donde vive, dando entrevistas, y al mediodía se hizo humo por recomendación de sus abogados. Se ve que ni el juez federal Gustavo Villanueva, que tenía la responsabilidad de detenerlo, ni la policía de Seguridad Aeroportuaria leyeron los portales de noticias esa mañana.
Víctor Cárcar, el cuarto condenado por la estafa, ya no vive en Bariloche, sino en Neuquén, donde hace lo mismo que hacía 17 años atrás: maneja el sindicato de los obreros de la construcción, la Uocra. Tampoco estaba la noche del viernes en su casa.
El martes los jueces del Tribunal Oral Federal de Roca tendrán varios pedidos de los defensores para resolver. Los magistrados tienen al menos media docena de causas muy parecidas que se resolvieron de manera idéntica.
Los condenaron porque a finales del gobierno de Carlos Menem el policlínico Arbos, que manejaban los cuatro junto a Gonzalo Madrazo (tres años de prisión en suspenso), recibió dos millones de pesos/dólares y, en vez de ingresarlos a la entidad, lo colocaron en la cuenta de una empresa fantasma que estaba a nombre de algunos de ellos. Trataron de corregir la irregularidad, pero el delito se había cometido, según los jueces que los condenaron.
Para Bariloche, la condena a los dos referentes sindicales de las actividades privadas más importantes de la ciudad (comercio, turismo y gastronomía) tiene un alto valor simbólico, pero también efectos políticos cuyas consecuencias son difíciles de adivinar.
La detención de un exintendente peronista sería igual de impactante si no fuera porque Goye viene en caída desde que lo destituyeron, voto popular mediante.
El poder de Cortés es transversal. Hay comerciantes que actúan como socios, fiscales y jueces que le temen, convictos que lo acusan y hasta sectores populares sobre los que despierta una extraña fascinación.
Con el dinero, los aportes casi compulsivos del sector patronal para su mutual, levantó un imperio de medicina privada, medios de comunicación, espacios recreativos y financiamiento de campañas políticas.
Participa de la vida política de la Cooperativa de Electricidad Bariloche (CEB) y del ente que regula la concesión del cerro Catedral, a cuyos empleados representa.
Igual que Zúñiga en Gastronómicos, el poder sindical de Cortés es acotado. Difícilmente lograría llamar a un paro que tuviera el grado de acatamiento de gremios más democráticos, como Unter. Lo de ellos fueron los cortes de calles y rutas, y los escraches, todo con un puñado de activistas.
Tal vez se olvidó de que en el 2013 quiso verlo preso: dos años después Pichetto cerró filas con Cortés en el armado de listas para las elecciones que perdió a manos de Weretilneck, y así el sindicalista hoy detenido colocó a Dana Guzmán en la lista de candidatos para la Legislatura. El precio que pagó es enorme: dejó afuera al sector de su compañera de bloque en el Senado Silvina García Larraburu.
El imperio de Cortés lo hereda su mano derecha, Alberto Arabarco, pero es un interrogante enorme si recibe también su poder.
Se derrumba un bloque que durante años manejó poder, y recursos públicos y privados. Para Goye es el fin de un proceso que se inició con su destitución.
Cortés montó desde el sindicato mercantil una estructura que atravesó transversalmente al PJ, la Cooperativa de Electricidad y el cerro Catedral.
Datos
- Se derrumba un bloque que durante años manejó poder, y recursos públicos y privados. Para Goye es el fin de un proceso que se inició con su destitución.
- Cortés montó desde el sindicato mercantil una estructura que atravesó transversalmente al PJ, la Cooperativa de Electricidad y el cerro Catedral.
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