A la puerta de los cambios más importantes

Se cumplen 10 años desde la sanción de la Ley Ovina, cuya implementación sentó bases firmes para dar un salto de calidad sectorial. Rescatan la participación de los productores.

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Política y producción ovina

La Ley Ovina, como herramienta que ha impulsado la recuperación de la actividad, transita su tramo final. Pero lo hace con la expectativa de iniciar una nueva etapa de capitalización de errores y aciertos, para consolidar las estrategias de la futura ganadería ovina. Ocho años de gestión y trabajo junto al productor, a las organizaciones y a las diferentes instituciones que componen el sector, han dejado las bases para producir hoy los cambios más importantes. El 30 de junio del 2011 se cumplirán 10 años de la creación de la ley nacional 25.422, de Recuperación de Ganadería Ovina, que permitió –a través de un fondo fiduciario– una inyección de 20 millones de pesos anuales al sector. Fueron ochos años de gestión reales donde el proyecto evolucionó en distintas etapas, hasta llegar a lo que es en la actualidad. Apoyados en esta experiencia entendemos que es sustancial reafirmar, en primer lugar, la importancia que ha tenido y sigue teniendo esta herramienta, diseñada esencialmente por el sector ovino de la Patagonia, a través de un gran ejercicio de participación desplegado en innumerables talleres realizados a lo largo y a lo ancho del territorio. Si algo quedó demostrado durante estos años es la factibilidad de generar políticas para el sector involucrando a sus propios actores. No perder de vista este protagonismo –la participación de los productores en las decisiones y el diseño de las estrategias– será vital para el futuro de la Ley Ovina si su prórroga se aprueba. Para ello, respetar las autonomías de las Unidades Ejecutoras Provinciales ayudará a seguir definiendo las líneas de acción en forma conjunta y coherente con los sistemas productivos regionales y la idiosincrasia de su gente. Existe un sinnúmero de programas armados desde ámbitos ajenos al territorio donde se van a implementar, pero son muy pocos los que en estas condiciones pueden dar respuesta genuina a los productores. Ley Ovina se caracteriza por no ser uno de estos productos. Cuidar la implementación de esta herramienta y su espíritu es una responsabilidad de todos, pero mayormente del sector productivo. De ello dependerá la continuidad necesaria y adecuada para operar y afirmar los cambios iniciados durante estos años. Más allá de los números concretos que explican la cantidad de dinero aportado al sector a través de los beneficios directos, se pueden enumerar como principales logros cuestiones cualitativas de gran valor, como el nacimiento de los ámbitos de participación plurales que se generaron a través de los distintos ejes temáticos de trabajo: genética, pastizales, sanidad, Prolana, capacitaciones, emergencias y recientemente el programa de agua y el incipiente programa de carne. Estos ámbitos de discusión y decisión son el lugar donde se juntan todos aquellos que conocen sobre la materia –los expertos–, los que conocen el hacer –los productores– y los que trabajan específicamente para llevar adelante las acciones definidas y operar los cambios que necesita el sistema. En esas mesas se reúnen voces plurales, en forma participativa, sin distinción de instituciones, con la consigna concreta de cumplir los objetivos determinados por la mayoría. Algo realmente valioso que se ha logrado, a lo cual es loable agregar que no insume costos de la Ley Ovina, sino que cada institución solventa lo suyo. Otro de los grandes resultados es el crecimiento constante y la permanencia del proceso de desarrollo auspiciado por dicha norma. Todas las acciones se registran, se evalúan, se analizan y sirven como insumo para enfrentar los próximos desafíos. La continuidad no es un hecho común en este tipo de programas y ello se ha logrado. Más allá de los responsables de turno, la experiencia queda y debería utilizarse para seguir evolucionando. Desecharla sería negar la senda transitada y ciegamente establecer un punto de partida casi al final del camino. Los nuevos desafíos y el desarrollo completo de la actividad De cara al futuro cercano y dado el desarrollo alcanzado en el sistema, los nuevos desafíos pasan por la instrumentación de los Programas de Agua y Carne, ambos motorizados por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Sin dudas estos programas llegarán para brindar soluciones concretas a los productores rionegrinos, fundamentalmente a la zona del monte, en el caso del agua, donde su escasez es la gran limitante para un uso racional del pastizal, cuestión central a la hora de lograr sistemas productivos eficientes. Será vital diseñar herramientas crediticias con plazos de devolución amplios y adaptados a la capacidad de endeudamiento de cada estrato de productor. Para poder dar estabilidad a los sistemas en una gran proporción de los establecimientos se necesitan inversiones en infraestructura de alto costo (captación y distribución de agua, divisiones, mejoramiento de mallines, etc). Por otro lado, resulta fundamental un componente de ANR para costear aquellos gastos vinculados con la alta dispersión geográfica y con la falta de servicios que caracteriza a la Patagonia (principalmente fletes y gastos de protocolo). En cuanto al Programa de Carne, largamente demandado por la Unidad Ejecutora Provincial de Río Negro, es para destacar que con sus lineamientos se apoyará y fomentará la diversificación productiva con el fin de variar el monocultivo de la lana, propuesto por décadas como única opción. Igualar con la carne las posibilidades que le dio el Prolana a un producto por excelencia de la Patagonia como es la lana, es una deuda pendiente que existe con el sector productivo, con la cadena de valor y con el medio ambiente. La meta deberá ser el aumento de la tasa de extracción de los campos, que actualmente es de un 15%. Si alcanzamos un 40% a mediano plazo, habremos mejorado los ingresos de los productores y la sustentabilidad ambiental, ya que nadie puede producir carne eficientemente sin atender al recurso forrajero. Dadas las características de producción en el caso de Río Negro (tanto por la distribución geográfica como por la presencia de importantes valles irrigados) y a herramientas como los corrales de engorde y el congelado, con una adecuada planificación y organización es posible permitir la desestacionalización de la oferta. El otro gran desafío consiste en fortalecer el Programa de Prevención de Emergencias y aceptar que vivimos en una región donde las “sequías” son recurrentes. En esta tarea será importante seguir con la aplicación y difusión de las Tecnologías de Manejo Extensivo (TME), como las suplementaciones estratégicas, la creación de bancos de forrajes, la consolidación de un sistema de alerta temprana y de un seguro ganadero. Por otro lado, surge como problemática ineludible el abandono de los campos y su incidencia en el incremento de las plagas en los predios vecinos por la falta de control. Como consecuencia, estamos frente a la necesidad de una legislación que permita poner esos campos a producir bajo alguna figura (como los fideicomisos) y que cree herramientas específicas para la recolonización de estos sectores. Hay una gran oferta de tecnología para mejorar los sistemas. La mayor debilidad está dada en el sistema de transferencia, que siempre dispone de pocos técnicos en relación con el número de productores y de escasos recursos para la movilidad de los mismos. Es importante que los programas de intervención existentes puedan articular mejor y apoyar a las organizaciones o a grupos de productores a través de la figura del “idóneo”. El capital humano y el aspecto social de la producción El Centro Permanente de Capacitación Rural previsto en el campo provincial del El Cuy es una asignatura pendiente, donde los jóvenes, empleados rurales y productores de la región puedan asistir a capacitarse en distintas temáticas referidas a la producción ganadera. Esto generaría la existencia y expansión de una importante cantidad de mano de obra capacitada y especializada. Es primordial preparar a los jóvenes que se han quedado en los campos y que además son los de menor formación y posibilidades de emigrar. Aquellos que se fueron no regresarán. Para revertir este proceso no basta con mejorar los aspectos relacionados con la producción, sino que es fundamental generar condiciones de vida dignas que impliquen un plan de mejora de viviendas y servicios en el ámbito rural. Una estrategia para una mayor llegada de información, tecnologías y beneficios globales a los productores pasa por el fortalecimiento de las organizaciones como prestadoras de servicios. Muchas cooperativas en la Región Sur de Río Negro están siendo un gran ejemplo, allí los productores se nutren de información, acceden a créditos y aportes no reintegrables y además comercializan sus productos a precios acordes al mercado. Masificar esta estrategia debería ser un objetivo importante. Ello conforma la mejor oportunidad de llegar a la gran población dispersa con una abundante oferta de programas, financiamiento y capacitación existentes en el Estado. Una base del desarrollo de la actividad está consolidada. Una red de comunicación y conexión entre los diferentes actores del sector se ha logrado. Los objetivos para alcanzar a producir en todos los eslabones de la cadena de valor y elevar la producción ovina hacia un lugar antes impensado están a la vista. Estamos a la puerta de los cambios más importantes. De las decisiones dependerá el resto. (*) Coordinador provincial UEP Río Negro

Edgardo Tejeda (*) etejeda@produccion.rionegro.gov.ar


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