A los 88 años Vidal Pérez rememora la gesta del Lanín
JUNIN DE LOS ANDES (ASM).- Está ciego. Y casi sordo. Pero su memoria es prodigiosa. A los 88 años, Vidal Pérez, el «cóndor del Lanín», dejó de ascender al coloso de 3.776 metros en el que hizo cumbre en más de 2.000 ocasiones, tanto que su hazaña primera hasta lo involucró en asuntos de soberanía nacional cuando corría 1950.
Acompaña el ritmo de su cansada respiración disparando frases que sorprenden. «Ya pasé el nuevo siglo y aquí estoy, cuando muchos me creían con los pies para adelante. ¿Cuánto se habló del nuevo siglo no? Como si fuese el acabose, pero hay que dejarse de jorobar con tanto lío, hay que agudizar el entendimiento y discernir mejor las cosas… la gente no vale por lo que tiene sino por sus quilates como persona…»
De aquella niñez en las tierras bañadas por aguas del Aluminé, Vidal Pérez recuerda los corrales de palo a pique y la peonada trabajando con su padre, cuando a los 3 años llegó a Junín de los Andes.
«La peonada era muy barata, casi se arreglaba con la comida y los vicios, pero el trabajo era muy duro. Cuidaban animales y andaban casi todo el día a caballo…», rememora. Y por cierto: «Junín era más lindo. San Martín de los Andes era más pobre que Junín; apenas un caserío, pero con gente muy instruida como el juez del Valle…», apunta.
Pero en 1950, la vida de Vidal Pérez se codeó con la historia, cuando formó parte de un puñado de hombres que fueron los primeros argentinos en ascender el volcán que es emblema de la provincia y uno de los principales atractivos del Parque Nacional Lanín. «Hasta entonces nunca había sido subido por argentinos, sino por extranjeros; alemanes que venían de Chile pero no dejaban ninguna referencia de cómo era el Lanín en la cumbre. La gente de acá les preguntaban pero no daban bolilla…», dice.
«Yo -continúa con su relato mientras los ojos se mueven de un lado a otro imaginando rostros en la tiniebla- siempre me destaqué en la escuela cuando había que hacer trabajos sobre los próceres, y en especial sobre el general San Martín».
Llegó el año sanmartiniano y, entonces, «la autoridad nacional invitó a hacer alguna acción que honrara la memoria de San Martín. Con un amigo de San Martín, un ingeniero de YPF, pensamos que lo mejor era cruzar los Andes y yo propuse por qué no hacerlo desde la cumbre del Lanín».
«Formamos una comisión en la que había un militar, el teniente Benavídez; un sacerdote, mi hermano; otros muchachos y yo. Y fuimos». El ascenso demoró 8 horas. «Había nieve y hielo y creo que el Lanín era más alto porque el hielo era mucho. Desde la cumbre veíamos el Pacífico… era algo hermoso». Pero, dice con gestos de hombros encogidos, «la verdad es que no pensábamos haber hecho ninguna hazaña; el periodismo se encargó de darle esa calificación cuando se enteró de que habíamos hecho cumbre como los primeros argentinos en el Lanín».
El entonces ministro de guerra del general Perón, Sosa Molina «me mandó una carta muy conceptuosa. Dijo que era una hazaña que tendría muy en cuenta en caso de que se viera afectada la soberanía y que contaría con mis conocimientos si fuese necesario…».
Pero más allá de las implicancias políticas del momento, Vidal Pérez recuerda aquel día con intensidad, en un revolver de sentimientos que se mezclan con su actualidad de movimientos limitados. «Se renueva la sangre, se desatan las ataduras del cuerpo, se revive», señala como si comprendiese cosas que no puede explicar a su interlocutor en la salita de estar de su vivienda del barrio 15 de Febrero. Desde 1950, el «cóndor del Lanín» practicó más de 2.000 ascensiones a la montaña, y por años fue guía sin cobrar un peso a los contingentes.
«Yo lo hacía así porque me parecía que no había que cobrar, de todos modos después tuve un sueldo de provincia y llevaba a chicos a hacer excursiones…».
En 2000, Vidal Pérez fue declarado ciudadano ilustre por el Congreso de la Nación. En su casa tiene la medalla que muestra sin entusiasmo pero tampoco con desdén. En cambio, de su cuello pende otra de oro que le regaló el pueblo de Junín de los Andes.
A los 88 años, Vidal Pérez se ayuda con su sobrina para moverse de un lado a otro de la casa. Pero el sigue ascendiendo al Lanín. Nunca dejó de hacerlo. Está en su sangre y en su memoria.
JUNIN DE LOS ANDES (ASM).- Está ciego. Y casi sordo. Pero su memoria es prodigiosa. A los 88 años, Vidal Pérez, el "cóndor del Lanín", dejó de ascender al coloso de 3.776 metros en el que hizo cumbre en más de 2.000 ocasiones, tanto que su hazaña primera hasta lo involucró en asuntos de soberanía nacional cuando corría 1950.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios