“A mis nietos, perdón”



Como la gran mayoría de los adultos mayores de Argentina, trabajé duro para dejarles a mis hijos y a mis nietos el lugar donde me tocó vivir mejor que como lo encontré. Confieso que fracasé rotundamente. De un país con trabajo, de cielos y lagos limpios, ríos verdes y turbulentos, árboles fuertes y vitalicios; de mandatarios con valores y preocupación por el bienestar general; con el desarrollo que daban el ferrocarril, las industrias, el agro, la fruticultura; con educación de primera clase, la salud bien resguardada, seguridad en las casas con puertas sin llave y con una Justicia independiente; un sitio donde la palabra “patria” tenía sentido y estábamos orgullosos de la enseña azul y blanca que ondeaba libre y plena... me estoy marchado dejando tras de mí tierra arrasada. La tierra y el agua contaminadas, sin trabajo genuino y el medioambiente castigado sin piedad por el fracking, la megaminería y la ausencia de medidas de prevención para los desechos de todo tipo. Niños que se mueren desnutridos apenas nacen y, si sobreviven, los mata el paco o una bala que siempre encuentra en su recorrido a un inocente normalmente pobre. Los pueblos desaparecieron como sucedió con el ferrocarril. No hay trabajo. Las universidades se han devaluado, los cargos no son ocupados por los más idóneos sino por los dueños del poder, sus familiares o amigos. Se dejaron de construir obras de infraestructura como caminos y emprendimientos hidroeléctricos y el servicio doméstico pasó a ser el trabajo que ocupa el primer lugar después del empleo público, a causa de la ignorancia a que lleva la pobreza. Eso es hoy y la tendencia es a profundizar modelos de desastres, de privilegios, de marginación del hombre de a pie. El trabajo fue sustituido, en los mejores casos, por miserables subsidios que reemplazan la dignidad de la retribución ganada con la labor productiva. El pueblo cayó en manos de un conjunto de individuos que sólo tienen apetencias personales que se sustentan por la resignación de un pueblo manso y vencido que, como acto de contrariedad, se limita a cortar rutas, a hacer uno que otro paro o a exponer por escrito su necesidad, su bronca y su frustración. Es inútil seguir reclamando un trato justo a aquellos que se codean con negocios nefastos como los casinos y las explotaciones no convencionales de hidrocarburos, que claman por la megaminería que el pueblo rechaza. Pienso que se llega a extremos sin retorno cuando el gobernante advierte al pueblo que le tenga miedo o lo trata de golpista cuando reclama lo que legítimamente le corresponde. Asumo mi parte de culpa porque mi omisión entre tantas omisiones, tantos descuidos, tanto dejar hacer, hizo posible este autoritarismo, esta tierra arrasada que contribuí culposamente a dejar de herencia a mis nietos, a los que les pido perdón. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes

Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes


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