A ras del suelo y para el ‘lio’

<b>Así jugará este seleccionado de Sergio Batista, émulo del Barcelona de Guardiola y dependiente del genial</b><b> Lionel Messi</b>

“Ojalá podamos cerrar la temporada con la Copa América. El equipo ajusta detalles para jugar como quiere el Checho”, aclaró.

Sergio Batista llegará a la Copa América 2011 con algo menos de un año de gestión al frente del seleccionado argentino y con una marca favorable de siete victorias, tres empates y la misma cantidad de derrotas. Lo hará también con la presión de saber que en esta competencia se juega buena parte de sus aspiraciones de aterrizar como DT al Mundial de Brasil 2014 y con la certeza de que su equipo, el titular, es de lo mejor del planeta.

¿Por qué la aclaración de el titular? Porque en estos 11 meses, el Checho probó tres tipos de conjuntos: el de Mascherano, Messi y Cía; la versión local con Carrizo, Pillud, Hauche y Mouche; y el sub 25 que pasó un papelón de novela ante Nigeria.

El titular, el ideal, triunfó en cinco de sus ochos presentaciones (Irlanda, España, Brasil, Portugal y Albania ), igualó en dos (Estados Unidos y Costa Rica) y cayó sólo ante Japón, en la segunda actuación del ciclo.

Desde el 11 de agosto de 2010, cuando el seleccionado fue dirigido por primera vez por Batista después de la ruidosa y poco clara salida de Diego Maradona, hasta el 20 de junio pasado, cuando Argentina goleó a la flojísima Albania en el estadio Monumental, el entrenador ha repetido una base de jugadores y basado su fútbol en una estructura de toque de balón y rotación que se apoya siempre en Lionel Messi.

La Pulga es el alma del equipo, el primer eslabón y el último en la cadena de pases que impone el seleccionado de Batista para llegar al arco de enfrente.

Su incidencia es tan grande que en los siete partido que jugó en la era Batista (en el 0-0 ante Costa Rica prefirieron preservarlo por pedido del Barcelona), en cinco actuó los 90 minutos, en el 4-1 frente a los campeones del mundo fue sustituido por Andrés D’ Alessandro en el último minuto y sólo contra Irlanda jugó 57’.

Aunque Pelé diga lo contrario, el rosarino tuvo actuaciones asombrosas en este seleccionado y durante todos los partidos fue figura. Es más, es el goleador del ciclo, con cuatro anotaciones y algunas joyitas para enmarcar, como los tantos contra España y Brasil o la apilada con habilitación incluida en el tanto de Ángel Di María ante el seleccionado portugués de Cristiano Ronaldo.

Pero el factor Messi puede llegar a ser un arma de doble filo justamente por la dependencia que el mejor del mundo genera en sus compañeros. Batista, apenas se calzó el buzo, intentó dar un golpe de timón (y de efecto) y borrar de la memoria colectiva la gestión Maradona. Por eso convocó a Javier Zanetti y a Esteban Cambiasso, le dio chances a Ezequiel Lavezzi, se inclinó por un medio con tres volantes centrales (Mascherano, Banega y Cuchu) y auguró un ataque con Di María (ahora al parecer jugaría Carlos Tevez), un delantero más (su debilidad es el Pocho) y Lio de 9.

Pero en realidad, Messi jugó de 9 y de muchas cosas más, muy parecido a lo que hizo en Sudáfrica 2011, cuando arrancaba de mitad de cancha y terminaba casi todas las jugadas (sin fortuna en la red).

Esta Argentina, al menos en la idea medular de su entrenador, se muere por emular al gran Barcelona de Pep Guardiola.

Ha conseguido algunas sociedades futbolísticas interesantes (Banega-Messi es la que más se repite y mejor funciona), intenta siempre mantener el balón a ras del suelo y gestar su ofensiva a partir de la posesión y la rotación de balón y hombres.

Hubo algunas actuaciones que encendieron la ilusión, como la goleada ante España, el primer tiempo frente a Estados Unidos y ciertos momentos contra Brasil, con victoria en el último suspiro gracias a que el genio rosarino frotó la lámpara.

Pero igual que en los últimos ciclos (Basile y Maradona sobre todo), Argentina no defiende bien. La presión en campo ajeno pocas veces da resultado, los delanteros presionan sin ser un bloque, Mascherano pena muchas veces en soledad por la recuperación del medio (por eso se excede en el juego brusco) y en el fondo aún no hay una zaga central que genere confianza plena.

Batista conoce virtudes y falencias de su equipo. Quiere que Zanetti y Rojo pasen al ataque y sean opción de descarga, que Banega oficie de Xavi y que Cambiasso sea el termómetro del equipo, el encargado de apoyar el sabueso Mascherano.

La inventiva, la cuota de magia, destreza y vértigo quedará para Messi, un Messi que intentará convencer definitivamente a algunas almas incrédulas que aún deambulan por aquí.

Se sabe a lo que juega el equipo y la muestra fehaciente es que ningún defensor marcó goles en el ciclo de Checho (es decir, poca pelota parada) y que entre los volantes sólo se anotó en el score Cambiasso (1-1 contra Estados Unidos). También que sobran volantes centrales y hay muchos delanteros. Habrá que fortalecer las virtudes, trabajar en las deficiencias y definitivamente estructurar una filosofía de juego. Potencial no falta, hay que hacerlo valer.


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