A veces el llanto de un bebé es un asunto nacional



Oslo (dpa).- El príncipe heredero de Noruega, Haakon, y su esposa, la princesa Mette-Marit, bautizaron en Oslo a su hija, la princesa Ingrid Alexandra, en una ceremonia parca en boato pero amenizada por los fuertes llantos de la pequeña. Ante 267 invitados oficiales, los príncipes presentaron a su primogénita, que nació hace tres meses. La pequeña, la segunda en línea de sucesión al trono detrás de su padre, sorprendió a los invitados por la potencia de sus pulmones. La única representante en la capilla de palacio de las casas reales extranjeras fue la princesa heredera sueca Victoria, quien es la madrina de la princesa bautizada. El padrino de la pequeña es su abuelo, el rey Harald V, quien hace una semana volvió a asumir sus tareas tras haber superado una operación por cáncer. La corte noruega justificó el hecho de que los parientes en las casas reales de Gran Bretaña y Dinamarca no asistiesen a la ceremonia en Oslo señalando que se trataba de un “asunto nacional”. Sin embargo, expertos señalan que con la inusual celebración de tres bodas reales en mayo (en Holanda, Dinamarca y España), el bautizo en Oslo ha tenido un menor perfil internacional. Pero eso no pareció ser la razón por la que la pequeña, nacida el 21 de enero, no parase de llorar durante toda la ceremonia. Ataviada con la vestimenta bautismal de 101 años de antigüedad que lució su bisabuelo, el rey Olav V (1903-1991), la princesa lloró a pleno pulmón durante la homilía del obispo de Oslo, Gunnar Stalsett, pero realmente sorprendió cuando sobre la pila bautismal recibió el agua bendita. Cuando al término de la ceremonia el obispo dio su bendición, la pequeña dejó de llorar. Mette-Marit, que lucía un modelo futurista con un tocado plateado en la cabeza, luchaba contra los llantos de la niña y en algunos momentos se la vio apurada, mientras que en otros sonreía, aunque no consiguió apaciguarla. Su hijo Marius de 7 años sencillamente se tapó las orejas. Marius es hijo de una relación anterior de Mette-Marit. La pequeña se calmó durante algunos momentos cuando su padre, vestido con el uniforme de gala, la cogió entre sus brazos. Para evitar mancharse el elegante uniforme, el príncipe se colocó una toallita sobre el hombro derecho. Entre los invitados al bautizo se encontraban representantes del gobierno noruego, así como la familia plebeya de la princesa Mette- Marit.


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