Ablación favoreció a una paciente de Viedma

Una mujer del barrio Guido recibió el trasplante de riñón que esperaba desde hace diez años. El donante fue una de las víctimas de horrible accidente ocurrido en Roca.



VIEDMA (AV)- El abrazo solidario de una gran mujer le devolvió a otra calidad de vida. Sin saber una de otra, con historias diferentes y casi de la misma edad la vida misma las conectó en un acto de incomparable generosidad. Desde el dolor más desgarrador e irreparable Rocío Butín de Leiva autorizó las ablaciones de sus dos pequeños hijos de dos y 10 añitos y de su esposo, luego del peor día de su vida cuando la tragedia chocó el auto que conducía su marido en la ruta 22 al oeste de Roca el 10 de este mes. En ese momento del horror María del Carmen Hag de 35 años observaba las paredes del departamento del barrio Guido que le prestan para que día por medio pueda concurrir al Centro Renal dirigido por el médico Carlos Ochoa. Esa mirada que recorría los rincones seguramente repasaba el cansancio de estos últimos 10 años de dependencia que implica la diálisis. Había tenido un par de oportunidades de trasplante pero no pasaron de ser una expectativa de vida diferente. Su estado de ánimo no era el más optimista. Con la fuerza del amor de un marido ejemplar y de dos hijos que comenzaban a asomar a la vida, Rocío firmaba por tercera vez la autorización para la ablación de órganos de uno de sus seres más queridos. El llamado esta vez -después de tanto tiempo en lista de espera del Incucai- no alcanzó a generar ilusiones. Fue todo tan rápido que en poco tiempo estaba en el vuelo sanitario rumbo a Buenos Aires. Y en menos de 24 horas de aquel aviso, trasplantada. María del Carmen es de la Línea Sur pero por razones de salud hace tiempo que está radicada en Viedma. Consultado Ochoa sobre los trasplantes sostuvo que hacía bastante tiempo que no se realizaba ninguno renal en esta zona, mucho menos de donante cadavérico. El trasplante se realizó en el hospital Argerich de Buenos Aires. Una gran mujer dio una lección de vida pocas veces vista, seguramente fortalecida por lo compartido en el camino recorrido con su marido a quien ella misma definió como un hombre que “pasó su vida ayudando, dando una mano. Su corazón tan grande no le cabía en el pecho y se va dejándonos un modelo a seguir”. Muchas personas como María del Carmen deben estar agradeciendo ese modelo que Rocío continúa.


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