Abre incógnitas la desaparición de conocido pastor
Nadie sabe dónde está Cáceres, líder de la Iglesia del Centro. Antes de partir, le advirtieron sobre denuncias de estafa y acoso sexual. "Se llevó parte de lo recaudado del diezmo", acusan damnificados.
ROCA (AR).- Para algunos la noticia pareció un chiste de mal gusto, pero con el correr del tiempo los rumores fueron dando lugar a las certezas. Lo cierto es que desde hace tres semanas, Ismael Cáceres, el pastor que predicaba en la Iglesia Evangélica Bautista del Centro de Roca, desapareció de su templo y según algunos de los fieles que seguían firmes sus oraciones, «se llevó parte de los bienes que posee la iglesia, la recaudación del diez-mo y el dinero destinado a pagar las cuotas del templo».
Además, dejó una importante deuda en una inmobiliaria de la ciudad -a la que le alquilaba una lujosa casa por 900 pesos, meses atrás- y a una particular por la compra en cuotas del local donde funcionaba la iglesia.
Consultada por este tema, Adriana Maurizi, una allegada de confianza del pastor que vive en Roca, se refirió a la ausencia de éste lacónicamente: «Como también ocurre en la Iglesia Católica, a los pastores los trasladan a otro lugar; con Cáceres pasó eso».
Según se pudo reconstruir a partir de testimonios de damnificados, el pasado martes 30 de enero, Cáceres recibió una carta particular donde le advertían que «dentro de dos días vamos a radicar una denuncia contra vos, por acoso sexual y estafa».
Según estas mismas fuentes, el religioso embaló todas sus pertenencias y el miércoles 31, entre las 14 y las 16, las subió a un camión de mudanza.
«Lo acompañaba su mano derecha, Daniel», agregó otro damnificado que también pidió el anonimato. «Tenemos miedo».
Desde ese día, la Iglesia del Centro de la avenida Roca ya no es la misma. Hoy sus puertas se encuentran cerradas, el local sucio y con la apariencia de haber sido abandonado.
En este sentido, el Consejo Pastoral de la región intervino en el lugar para reactivar las actividades que esta iglesia viene realizando desde hace varios años, sobre todo en lo referente a la entrega de comida a pobres y desocupados.
Según trascendió, los pastores «se sorprendieron» cuando se dieron cuenta de que «todas las decisiones de la Iglesia pasaban por una sola mano, la de Cáceres; que no había un cuerpo administrativo formal, como se acostumbra a tener».
«El último tiempo lo que veíamos era muy poca gente en el templo, a la hora del almuerzo. Parece que los corrían», dijo un vecino del lugar.
Pero los que más sufren la ausencia de su pastor son los casi 300 fieles que desde hace nueve años depositaron su rezo de confianza en Cáceres. «Este señor me hizo muy mal, hizo todo lo contrario a lo que predicó», confió Claudio, uno de sus seguidores que desde hacía cuatro meses ya no trabajaba para él y que hoy debe pagar «religiosamente» un crédito bancario por negocios que ambos compartieron, como una empresa de taxis local.
Otra de las propiedades de la congregación, la radio FM «Tiempo de Bendición» que transmitía en el 95.1 del dial, desde principios de este mes sólo reproducía cintas grabadas con la voz del pastor a su audiencia, sin aclarar que éste ya no lo hacía en persona. De eso no se habla, era la consigna.
Más damnificados
Otro testimonio recogido deja al descubierto algunas actitudes del cuestionado pastor. Cáceres habría prometido a una feligresa un canje, en el que la mujer no salió beneficiada. Con la promesa de pagarle una vivienda, el religioso -según fuentes consultadas- «le hizo vender una casa a una compañera de la iglesia para ayudar a pagar las cuotas del templo».
Esto no sucedió porque aún la damnificada se encuentra cuidando una de las propiedades que Cáceres habría comprado en el barrio de Islas Malvinas a metros de la Escuela 56, en Roca.
Por otra parte, el testimonio de una mujer que trabajaba en el comedor que alimentaba a más de 100 personas diariamente manifestó haber sido discriminada por no haber podido contribuir más con la iglesia. «Me alejé de la iglesia cuando en una ocasión no pude pagar el diezmo. Al otro día, en la cocina nadie me decía nada pero me dijeron que ya no podía trabajar más con ellos» .
Por su parte, Julio Mezi, dueño de una inmobiliaria roquense, aseguró que «el pastor Ismael Cáceres mantiene una deuda con la empresa de más de 5.000 pesos que aún no ha cancelado». En este mismo sentido, Roberto Fernández -propietario de otra inmobiliaria- dijo que «yo le alquilé una casa a Cáceres pero el contrato de locación de la última vivienda ubicada en la calle Moreno lo firmaron tres personas que no eran él y que actualmente no tienen problemas con el pago».
Según trascendió, estas personas habrían salido de garantes después de haber tenido dificultades de deuda con la anterior inmobiliaria.
Convergían los indigentes
Tres veces por día, a las puertas de lo que fue el antiguo cine Roca, largas filas de desocupados e indigentes que no tenían cómo costearse el almuer-zo cotidiano esperaban ansiosos su ración de comida.
A la hora del desayuno, el almuerzo o la merienda, lentamente se acercaban ancianos, niños, madres, algunas con sus bebés y hasta familias que buscaban llenar su estómago vacío.
El máximo de espera fue entre el «96 y el «98, dicen los vecinos del lugar.
También fue conocido el convenio que la iglesia realizó el año pasado con los dirigentes del veranismo estudiantil en la Facultad de Roca. Todos los días, cerca de 80 estudian-tes de las residencias universitarias recibían su almuerzo.
(AR)
Contexto: Angustia, descreimiento y silencio… las estaciones de los fieles de Cáceres
Hay momentos en que la gente está muy angustiada porque no tiene en qué creer o porque creyó en algo o en alguien y la defraudaron. Porque las creencias, para una mayoría, son formas de pensar y sentir que permiten incluirse dentro de un campo de pensamiento común con las otras personas.
Angustia, descreimiento, soledad. Este es el periplo que recorren cientos de almas del Alto Valle en las últimas semanas, cuando pudieron confirmar la «desaparición» del pastor Cáceres, el personaje a quien seguían y que sin explicaciones de por medio los dejó otra vez solos, con las creencias tambaleando.
Tanto las creencias religiosas como las políticas e ideológicas hacen pie en los temores ocultos que la mayoría expresa: quedar desconectados, solos. Excluidos. Detectado el temor, las creencias entran a tallar, unas con mejor performance que otras. Pero todas trabajan básicamente sobre el malestar, un malestar relacionado con una sensación de fragmentación, de pérdida.
En esta dirección, la creencia propone siempre formas de unificación. Creer es unificar el mundo, «unificarse uno al mundo».
La religión, así, propone un discurso básico que tiene que ver con que hay una sola explicación sobre el mundo; si hay dos discursos no hay religión porque la religión exige unificación, creer en un solo camino, en una sola historia y en una sola solución para los problemas. Si se duda, las creencias entran en crisis. Cuando los elementos que constituían una creencia se rompen, se oye decir: «creía en un político y me decepcionó», «creía en el pastor y el pastor se fue con todo», «qué pasó con el pastor que se fue con el diezmo».
Las creencias se rompen y aparece la angustia, y en ese momento la persona va a buscar automáticamente solucionar su angustia por medio de otra creencia, busca otra forma de unir los elementos de su vida. Las creencias se construyen y se destruyen colectivamente, afirma Daniel Lutzky, docente de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.
En tiempos tan mediáticos como los que corren, estas crisis suelen estar relativamente paliadas por la televisión. Mirar tevé reemplaza el ir al templo o a un comité, es una forma de pertenecer. La gente mirando televisión siente que pertenece. La televisión actúa como paliativo de la angustia y produce un cambio muy grande en cuanto a la forma de construir las creencias que cada vez más tienen que ver con las imágenes y con una mayor pasividad (la televisión no exige un trabajo interno de imaginación, las imágenes están allí puestas, sólo hay que conectarse con ellas).
Qué mejor, entonces, que la tele para menguar la angustia.
Lo terrible va a ser para muchos de los seguidores de Cáceres cuando enciendan la pantalla y aparezca la figura de su pastor hipermediático, fugado por estos días del templo y de Roca, gritando desaforadamente con su voz ronca: «¡Hermano, hermana, esto sí que es un milagro!» Como siempre lo hacía, mientras estuvo en Roca.
Horacio Lara
ROCA (AR).- Para algunos la noticia pareció un chiste de mal gusto, pero con el correr del tiempo los rumores fueron dando lugar a las certezas. Lo cierto es que desde hace tres semanas, Ismael Cáceres, el pastor que predicaba en la Iglesia Evangélica Bautista del Centro de Roca, desapareció de su templo y según algunos de los fieles que seguían firmes sus oraciones, "se llevó parte de los bienes que posee la iglesia, la recaudación del diez-mo y el dinero destinado a pagar las cuotas del templo".
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