Abrir puertas es un acto para asir la libertad

Cuando Mariana Esteban nació en Barda del Medio, en cercanías del dique Ballester, no sabía que ese “Gran Puente” iba a formar parte de su primera novela “Abriendo la puerta”. Tiene dos obras más inéditas. Contó trajinares y sinsabores, una verdadera gesta por las editoriales de renombre en el país, con el secreto deseo de ser publicada. De algunos sitios, salió malherida por los “lectores de editorial”, pero no se dejó amilanar y cumplió su empresa en la región.



NEUQUEN (AN).- El peregrinar de un escritor, si tiene la “osadía” de pretender interesar a una editorial de renombre, puede ser tan arduo como caminar por las piedras de un río de cordillera, descalzo y con cuarenta grados a la sombra.

Es más, caminar en estas condiciones hasta puede ser levemente placentero, porque alrededor hay belleza, paz y armonía. O por lo menos, la naturaleza, a pesar de nuestras continuas agresiones , siempre nos devuelve el respeto.

En cambio, para una autora anónima, con su primera novela bajo el brazo, provinciana casi del fondo del mapa para más penas, no es sólo trajinar y que las puertas se cierren, sino toda una exposición personal, que no siempre puede dejarla bien parada emocionalmente para seguir produciendo. Porque es cierto, una cosa es “ser críticamente constructivo” y otra una “topadora de futuros postulantes a editar”.

Con Mariana Esteban, nacida en Barda del Medio, novelista con formación en estudios humanísticos en la Universidad Nacional del Comahue, acercarse a su primer libro “Abriendo la puerta”, fue descorrer a la par, todo lo que sucede tras bambalinas. Anduvo por varias de las grandes editoriales de la capital federal y se encontró desde “oídos sordos” hasta estocadas a letra armada, con calificativos tan “eliminatorios” como cambalache, superchería, disparatados, barbarismos. Lo que en criollo cualquier paisano de nuestra tierra podría definir como “un crítico con mala leche”.

Finalmente Mariana tomó el toro por su propia cornamenta, se decidió por una “edición libre” lanzada desde Neuquén y distribuida por la propia escritora a lo largo de la región.

Y tuvo razón, porque el producto -su libro- puede tener los yerros o dificultades del que se lanza al ruedo (lo leímos y analizamos con la autora) pero goza de verdadero interés por las temáticas que abarca y un ritmo fluido y atrapante en su narración. Más allá de que pueda “enojar a algún lector acreditadamente avisado y entretenga a los que disfrutan con el acto de hallar”.

Su obra transita entre la realidad y una geografía ficticia aunque fácilmente reconocible en su “Gran puente” (dique Ballester), una Pehuenia o Pehuén que es región y ciudad, pero que no coincide con los lugares neuquinos, sino dentro de una amplia Patagonia que palpita. Sin embargo la autora jamás cae en lo localista sino en cierta universalidad, sin perder el sabor del país.

Su idea es llegar a un público juvenil, también a esa generación que está recreando desde sus páginas (entre los veintitantos y los más de treinta) y a todos en general y finalmente, porque alguien no escribe con la “idea fija”. Aunque sí, ha dicho que todo el tiempo estuvo pendiente del lector.

Lo explica, Mariana hasta en el mismo libro, ya que -dice- llevó la trama por los andariveles de un lenguaje coloquial, y hasta a conciencia se tornó repetitiva, con el fin de que no se le “volara” aquel sector de los lectores de poco hábito y más acostumbrado a hacer zaping ante la primera dificultad de una lectura.

¿Por qué “Abriendo la puerta”?. Según Mariana “abrir puertas (Y, porque no, decidir cerrar otras) es un acto necesario si es que uno elige la libertad. Puertas reales e imaginarias, del cuerpo para afuera y del cuerpo para adentro. Y si lo observamos desde la consecuencia, es una acción bastante diferente a la de abrir ventanas. Las puertas son más solidarias que las ventanas, permiten el roce, la caricia, el abrazo, la palabra. Las ventanas ´solitarizan´(producen soledad), nos alejan del mundo...”.

Después de pasar por la picadora de la selección en las editoriales, la rionegrina ha salido “entera”. No la amilanaron. Ya finalizó la novela “La cuadratura del cisne” en torno de una redactora de una editorial periodística y se encuentra con toda la energía puesta en su actual obra en preparación que sólo la nomina por cuatro letras (E.N.T.L). Cada una -dijo-corresponden a la palabra que definitivamente conformarán su futuro título.

Beatriz Sciutto


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