Absurdas obras millonarias en Neuquén

Los acueductos Mari Menuco y Los Barreales nacieron con la ambiciosa idea de regar miles de hectáreas y dar impulso así a la economía provincial, pero sólo sirvieron para complementar el abastecimiento de agua de la capital y la comarca petrolera. ¿Negligencia, corrupción o impunidad?



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Caños gigantescos de 1,80-1,90 metros de diámetro recorren los más de 40 kilómetros del ducto Mari Menuco para transportar el agua hasta Confluencia.

Investigación

Ítalo Pisani | Javier Lojo | Archivo de “Río Negro”

– ipisani@rionegro.com.ar | jlojo@rionegro.com.ar

Pregunta de Perogrullo: ¿de dónde sacarías el agua que saciara la urgencia de miles de habitantes de una capital neuquina -flanqueada por los ríos Neuquén y Limay- que no cesa de expandirse?

Obvio: de esos ríos tan cercanos a la ciudad. Eso mismo es lo que dijeron varios especialistas cuando fueron consultados en su oportunidad. Hasta el obispo Marcelo Melani decía: “Me causa risa. ¡Usemos el sentido común! ¿Cómo puede faltar agua en una ciudad rodeada de ríos?”.

Pero no. El gobierno neuquino se empeñó en tomar el agua de un lago a 47 kilómetros por un acueducto que costó $ 468 millones (260 millones más de lo previsto), endeudando a la Provincia, cuando podía haberlo construido con un cómodo financiamiento externo que estaba disponible. Tardó once años en concretar el ducto entre el lago Mari Menuco y Confluencia. El colmo es que concibió la obra hídrica básicamente para regar y poner en producción 40.000 hectáreas con las que imaginaba 500.000 toneladas de alimentos y 20.000 empleos directos e indirectos. Nada de eso ocurre hoy. Sólo el consuelo de llevar agua para consumo humano a una parte de la capital neuquina y Centenario.

No fue el único disparate. La provincia del Neuquén gastó otra fortuna en el canal Barreales-Cutral Co, ideado para regar de 2.500 a 5.000 hectáreas y para industria. Sin embargo hoy, tras casi una década de espera, no riega nada, aunque -hay que admitirlo- por lo menos ayuda a darle buen caudal de agua potable a la castigada comarca petrolera. La obra se hizo por una traza de 60 kilómetros, que obligó a colocar gigantescas bombas para sortear desniveles de 260 metros, cuando el sentido común indica que podría haberse construido en paralelo con otros dos acueductos ya existentes y bastante más cortos que se nutren del río Neuquén.

En definitiva, dos megaobras hídricas que costaron $ 700 millones ($ 1.760 millones a valores de hoy, actualizados por el IPC de Neuquén) y no sirvieron para su propósito original. Claramente pudieron haberse evitado. Algunos funcionarios y estudios técnicos lo intentaron, pero pudo más el empecinamiento en exhibir emprendimientos sólo provechosos para la ostentación y necesidad política, amén del beneficio de las grandes empresas constructoras, que a cada ciudadano ahora le toca pagar.

Esta es la historia de un absurdo. “Río Negro” pudo reconstruir cómo se pergeñaron estas iniciativas, una de ellas inducida por foráneos “encantadores de serpientes”; cómo fueron las internas dentro del gobierno entre quienes buscaban colocar racionalidad y quienes les hacían oídos sordos; las engañosas promesas y vaivenes sobre los tiempos y características de las obras, y los imprevistos que se debieron sortear sumando millones de pesos que no habían sido presupuestados.

San Isidro Labrador, que conecta el lago Los Barreales con la comarca petrolera, es definido como el acueducto más grande del país. Se lo concibió para regar pero eso no ocurre hoy. Se eligió la traza más larga.

Primer disparate:

Mari Menuco-Neuquén

Fue el caudillo Felipe Sapag, en 1996, el primero en soñar con un “nuevo oasis” a partir de un canal desde el lago Mari Menuco hasta Neuquén, que regase 20.000 hectáreas a su paso y suministrase agua para consumo humano a la capital. Imaginaba un gran polo de desarrollo urbano-rural. Rápido de reflejos, intentó entusiasmar a empresarios de Nueva Jersey.

Pero no tardaron en hacerle notar que debía bajar las expectativas. Expertos de Latinoconsult concluyeron que el acueducto desde Mari Menuco no era rentable, no sólo por la extensión de la obra sino también por los costos añadidos de la energía necesaria para superar elevaciones del terreno. Proponían circunscribirse a traer agua para potabilizar desde el río Neuquén a la altura de Cañadón de las Cabras, lo cual hubiera costado 18 millones de pesos/dólares frente a los 60-70 millones de la alternativa más ambiciosa. Es que, además, se expresaban serias dudas sobre la calidad de las tierras para regadío aguas abajo del Mari Menuco.

Desde el gobierno salieron a descalificar el dictamen de los consultores antes de “cajonearlo” definitivamente. “El río Neuquén es una cloaca llena de bacilos colifecales y residuos tóxicos industriales”, asustaron.

No pasó un año que el EPAS desempolvó el proyecto de Mari Menuco. Volvió el entusiasmo oficial. En marzo del 99, la gestión de “don Felipe” anunció que estaba decidido a gastar 20 millones de pesos/dólares en el acueducto para dejar bajo riego la planicie y abastecer a las poblaciones de Neuquén, Plottier y Centenario.

No sólo se había desautorizado a Latinoconsult. Hubo un estudio técnico que había hecho el propio EPAS a fines de la década de los 80 bajo la gestión de Aníbal Coco (padre del exministro de Energía de Jorge Sapag), que determinaba claramente que era un disparate la idea de traer el agua desde Mari Menuco. Daban por fantasioso el proyecto del riego pues conocían otro estudio del CFI que había anticipado que la tierra era caliza, prácticamente inepta para producción. Y concluyeron en que esto era lo que convenía hacer: 1º) obtener el recurso del río Neuquén, 2º) del río Limay, 3º) de Arroyito y 4º) Mari Menuco.

Pasaron unos años. En el 2003 el nuevo gobernador Jorge Sobisch se adueñó de la idea del acueducto Mari Menuco-Confluencia, pese a las opiniones adversas.

Nadie se quiso perder la fiesta del lanzamiento de San Isidro Labrador, once años después de pergeñado.

Inmediatamente su eterno rival, el intendente Horacio Quiroga, lanzó un proyecto similar. Tenía con qué: el municipio era dueño de tres lotes que habían sido adquiridos durante la gestión de Aníbal García y por donde debía pasar la traza del canal. Así, ambos mandatarios pulsearon por la paternidad del proyecto. Hasta que Sobisch le dijo en la cara al intendente, en el cumpleaños de la ciudad (septiembre del 2005): “El acueducto será mi regalo. Lo pagaré con bonos que emitiré por 220 millones de dólares a diez años”. Quiroga retrucó: “¡Y lo deberé terminar de pagar yo cuando esté en su lugar!”.

El destino de la obra estaba echado. Neuquén se endeudó a través de la ley 2505 (bonos Tidepro) por 250 millones de dólares para hacer la traza Mari Menuco y Barreales-Cutral Co. Paquete cerrado: los dos acueductos, que terminarían siendo prácticamente inútiles.

Mari Menuco fue licitado finalmente en septiembre del 2007, tras varios anuncios fallidos. Habían pasado más de ocho años desde la promesa de Eduardo Müller en 1999: “En dos semanas llamamos a licitación”.

También equivocó pronósticos el entonces ministro de Sobisch Alfredo Esteves, cuando vaticinó en el 2007: “En dos años funcionará”. Erró por seis años. Recién a mediados de abril del 2015 se logró conectar el ducto a la cisterna del barrio neuquino Alta Barda.

No todo fue un lecho de rosas con Mari Menuco. Había un obstáculo insalvable, que inexplicablemente nadie tuvo en cuenta. La traza debía pasar por 39.000 hectáreas de tierras privadas que necesariamente había que expropiar. La discusión de varios meses terminó saldada en la Legislatura, que aprobó la iniciativa, lo cual significó sumar otros 70 millones de pesos al proyecto. Para entonces todos calculaban que los costos se dispararían en 270 millones. Se quedaron muy cortos.

Las impresionantes bombas de 1.700 HP que tuvieron que colocar para impulsar el agua por elevaciones de 260 metros.

“Todos sabíamos cómo eran esas tierras… Hasta Luis Sapag las caminó y nos reconoció: ‘Tienen razón: son una mierda’”.

Hubo otras graves incongruencias:

¿Hacer un canal a cielo abierto o cerrado para evitar la contaminación? Tampoco nadie lo tenía en claro. Tras idas y vueltas, determinaron que sólo los primeros cinco kilómetros serían abiertos. El resto soterrado… Y más caro, desde luego.

• Increíblemente Walter Ceballos, el coordinador general de la Unidad Ejecutora de la obra que desembarcó desde San Luis (lo señalan como el mentor de la disparatada obra), decía cuando los trabajos estaban a punto de comenzar: “En unos meses determinaremos la aptitud de los suelos”. ¿Cómo? ¿Iban a hacer un canal para regar sin saber si realmente se podía regar?

• Otro anuncio que quedó en quimera: Senillosa resultó excluida de la provisión de agua prometida al principio para cinco localidades (además de Neuquén, Centenario, Vista Alegre y Plottier).

Apenas asumido, el nuevo gobernador Jorge Sapag tomó el gravoso legado de Sobisch con cierto recelo. Para entonces se dio cuenta de que necesitaría más plata, y no poca precisamente. Advirtió que no había sido contemplada la línea eléctrica para alimentar bombas (se creía ingenuamente que todo iba por gravedad), nexos para conectar el acueducto a cisternas y cañerías, plantas potabilizadoras…

Frente a la opción de seguir o claudicar, Sapag optó por anunciar una “reingeniería de Mari Menuco”. Para eso había que emitir más deuda en una Provincia ya seriamente endeudada. Anunció así la emisión de bonos por 150 millones de pesos más en marzo del 2008.

Con nuevo oxígeno financiero, Sapag recuperó el entusiasmo por entregar en su gestión una hercúlea realización como Mari Menuco.

No obstante, algunos de sus funcionarios de Vialidad provincial estuvieron a punto de hacer el intento para que desactive una obra que el mismo el sentido común señalaba como insólita. Lo cuenta así uno de ellos: “Con un compañero teníamos muy presente el estudio que hizo Coco padre que ponía a Mari Menuco como la última opción para traer el agua a Neuquén. Se hizo muchos años antes de que vinieran estos inventores de la pólvora en la época de Sobisch. Le advertimos a Guillermo Coco -que no sabía que su papá había estudiado el proyecto- que una forma de desactivar la obra para no hacer tanto quilombo era que una mínima parte quede para riego y que se haga el proyecto original. Así les respetas el contrato a las empresas, ¡pero hacés una obra que sirva! ‘¿Nos acompañás a ver al gobernador?’, le pedimos. Aceptó. El día que íbamos a verlo, Jorge Sapag estaba sentado al lado de Ezequiel Sapag (su sobrino y presidente de la empresa CN Sapag, una de las adjudicatarias de las obras). Cuando lo vimos, pensamos: ‘Ya está… estamos al horno’”.

La idea fija del riego siguió su curso hasta que el Ejecutivo se topó con un serio inconveniente: a nadie le interesaban las tierras para invertir y producir (salvo los proyectos turísticos dentro del istmo Mari Menuco de gremios y clubes).

La polémica de las tierras insumió todo el 2011 y el 2012. Primero acusaban al gobierno de entregar tierras a precio vil. El Ejecutivo fijaba a bajo valor cada hectárea para estimular a los inversores (los quería grandes y solventes frente a la presión para que pequeños crianceros pudiesen acceder a las tierras). Definieron finalmente parcelas para todos los gustos: chicas y grandes. Hubo sucesivos llamados a licitación, prórrogas… Pero sólo consiguieron contadas ofertas sin importancia. Finalmente, el ministro Rodolfo Dómina debió admitir el fracaso de la licitación de las 14.000 hectáreas que se esperaban irrigar. El proyecto quedó desierto, literalmente.

La toma del canal Mari Menuco, cuando aún se construía. Kilómetros y kilómetros por un desierto donde es imposible regar.

El momento de comunicar la dolorosa verdad llegó en febrero del 2010: se cayó el proyecto Mari Menuco.No hay dinero para la colonización agrícola”, decía el ministro Leandro Bertoya. Se necesitaría que un inversor desembolse $ 200 millones para el costoso sistema de bombeo y riego mecanizado.

El entonces presidente del EPAS, Nelson Damiani, fue más crudo aún: “Si bien los estudios de suelo dieron que era buena tierra, hoy es un talco de tan seca que está”.

En definitiva, Mari Menuco-Confluencia terminó con estos datos del fracaso:

• De 40.000 hectáreas irrigables imaginadas se terminó en cero.

• Se necesitaron once años para construirlo.

• Se debieron expropiar tierras y adicionar costosas obras que el presupuesto no preveía.

• Se creyó que con 200 millones de pesos alcanzaba. Se gastaron 467,8 millones ($ 1.450 millones a valores de hoy).

• Se podía haber obtenido el dinero de programas hídricos internacionales. En cambio se optó por el endeudamiento.

• Se ignoraron las recomendaciones de no hacerlo.

• Se decía que el canal regaría por gravedad. Pero muchos años después se terminó admitiendo la necesidad de bombas.

El resultado: el canal “multipropósito” Mari Menuco no sirvió para su objetivo original. Al menos refuerza la dotación de agua potable para los centros poblados de Confluencia. Consuelo de tontos.

Costoso. El soterramiento de la gigantesca cañeria.

Segundo disparate:

Los Barreales-Cutral Co

Si ya tenés dos acueductos, tenés expropiada toda la tierra, tenés el sistema eléctrico que es carísimo, ¿por qué se te ocurre hacer otro acueducto? ¡Para colmo tenés que subir 300 metros! ¿Por qué no hacías uno paralelo? Se construía rápidamente, usando la misma gente… Es una barbaridad. Aparte una burrada: ¡para riego! Si en Cutral Co no crece una planta. ¡Somos todos petroleros!”.

El exintendente de Cutral Co Ramón Rioseco se agarra la cabeza del mismo modo que lo hacía cuando el gobierno de Sobisch comenzó a fantasear con hacer el acueducto lago Los Barreales-Cutral Co (llamado también San Isidro Labrador), con el exclusivo propósito de regar 2.500-5.000 hectáreas en la comarca petrolera. En esa época -diciembre del 2003- creían que la obra costaría 45 millones de pesos.

Coincidía Jorge Sapag. Entre sus íntimos no dudaba en considerar un disparate la obra los días posteriores a su asunción.

El ducto tardó once años en hacerse, costó casi 250 millones de pesos (306 millones de hoy) para lo cual hubo que endeudar a la Provincia, emplea un centenar de personas y no riega una sola planta. Sólo da agua potable a la comarca (que en su origen no estaba previsto), para lo que fue necesario colocar tres grandes bombas más y potabilizar el agua entre Huincul y Cutral Co.

El desatino parecía calcado del de Mari Menuco-Confluencia. Se lanzaron a hacer la obra por el trayecto más difícil, desconociendo trazas más cortas y menos sinuosas, ya probadas con los acueductos “viejo” y “nuevo”. No previeron que se necesitaban 123 millones más porque se habían olvidado de contemplar la línea de energía (redes troncales y ramales internos) y las expropiaciones de tierras. Gastaron mucho dinero en descomunales bombas (de hasta 1.700 HP) para elevar el ducto 260 metros en sus tramos iniciales. Empezaron por el último tramo (como si se empezara la casa por el techo). Licitaron sin tener todavía el dinero (no se habían aún emitido bonos). Y prometieron tiempos que no se cumplieron.

Al final, la obra tuvo el mismo resignado destino que Mari Menuco: reforzar la dotación de agua potable en una comunidad signada por la escasez histórica (aporta un 35% más de caudal de agua).

La providencia hizo que estuviera lista para cuando decidieron reparar el ducto -pésimamente construido- que había inaugurado Sobisch en 1995 (con la recordada postal del mandatario bañándose bajo un potente chorro de agua).

Ese acueducto de Buena Esperanza, “llamado nuevo”, había sido hecho porque el viejo que se construyó en la década del 70 había resultado insuficiente. El problema es que se rompía a cada instante por “vicios ocultos” de construcción y, para repararlo, tuvieron que poner 120 millones de pesos entre el Ejecutivo neuquino y el ENIM (que administra fondos de Cutral Co y Huincul). Como si los despropósitos no fueran suficientes.

El viejo y el “nuevo” traían el agua del río Neuquén, pero a una distancia mucho más corta (40 km) que la del lago Barreales (60 km). Sentido común puro: ¿para qué optar por un camino 20 km más largo y para colmo subiendo 7,5 kilómetros de pendientes montañosas?

Reparar Buena Esperanza se llevó más millones.

Repasar la secuencia de las decisiones que se tomaron, sobre todo entre el 2005 y el 2010, revela un inventario de torpezas.

• La primera fue la elección de la traza más conveniente del acueducto que se planificaba: 1º) tomar el agua del río Neuquén (46 km más bombeo), 2º) tomarla del lago Ramos Mexía (57 km más bombeo de 16), y 3º) tomarla de los Barreales (52 km y bombeo de 7,5). Directamente no se consideró hacer un tendido paralelo a los dos existentes, mucho más cortos. Se eligió Barreales.

• En agosto del 2005 hablaron de licitar sólo la parte final del ducto. Mucho dinero no había. Y en ese mismo mes se reconocía la necesidad de reparar el acueducto hecho en el 95 por sus permanentes averías.

• En febrero del 2006, aún sin emitir los bonos, concretaron el llamado a licitación con la pertinaz idea de regar 2.500 hectáreas que comprendían Cutral Co, Huincul y Challacó. Sabían que necesitaban hacer un bombeo a elevación de 7, 5 km, pero nadie se puso a pensar seriamente -hasta el 2008- en la línea eléctrica de 132 kV requerida.

• En abril del 2006 se concentraron en el tema expropiaciones. Había que pagarles a ocho propietarios $ 3.000 la hectárea. En ese momento se hablaba de 600.000 pesos.

• En octubre del 2006 Sobisch se entusiasmó más con el riego: llegó a fantasear con 5.000 hectáreas irrigables.

• Apenas largada la obra en noviembre del 2006, los chacareros del área de Monte Hermoso se dieron cuenta de que los habían sacado del proyecto original: el derivador no se hacía.

• Jorge Sapag asumió y vio que varias cosas estaban irresueltas: las expropiaciones, las obras secundarias, la energía hasta la planta de bombeo, las redes y ramales de distribución y el sistema de riego. Lanzó en marzo del 2008 la “reingeniería” de Los Barreales. El gobernador se dio cuenta en noviembre del mismo año de que no le alcanzaba el dinero para las obras (por la falta de precisión en cuanto a la energía).

• Fue en septiembre del 2009 cuando comenzaron a advertir que el acueducto podría naufragar en su propósito de regar. Tal es así que empezaron a hablar de “canal multipropósito”.

• Cuando en abril del 2012 el acueducto estaba hecho en un 90% y se llevaban gastados más de 200 millones, salieron a admitir: “Aún no está programada el área de riego”.

• El intendente Rioseco comenzó a perder la paciencia y directamente pidió que se olviden del riego y que se haga sólo para suministrar agua potable.

• Eso hicieron. Obviamente hubo que pensar en sumar una planta potabilizadora que no estaba en las cuentas.

• Recién en octubre del 2014 se concluyó el acueducto. Fue catalogado por Jorge Sapag como la obra “hídrica más importante” del país. Habían gastado 232 millones de los 100 previstos. No regó pero al menos sumó 700 metros cúbicos por hora a los 2.000 que entregaba el viejo ducto, mientras el “nuevo” de Sobisch hacía literalmente agua por todos lados y su reparación terminó insumiendo la friolera de 120 millones de pesos.

ITALO investigación - Mari menuco

ITALO investigación - Mari menuco

Datos

“Todos sabíamos cómo eran esas tierras… Hasta Luis Sapag las caminó y nos reconoció: ‘Tienen razón: son una mierda’”.

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