Acomodar piezas

Argentina perdió una chance única ante España y el sueño de la Ensaladera se esfumó. Ahora, ¿cómo seguir?



MAR DEL PLATA (Cristian Helou, enviado especial).- Si se daba la reacción histórica, los trapitos quedaban archivados. Pero no, Argentina perdió con España y salieron todos al sol. Es cierto que hay aspectos por corregir y que un título habría tapado los errores, pero fue derrota y el bajón debe servir para intentar dar el golpe tan ansiado en el futuro.

Es difícil que se dé otra Davis con tantas localías seguidas, pero los jugadores criollos ya demostraron que pueden ganar “porotos” de singles a cualquiera en cualquier parte del planeta. Y sobre esta base, sólida si las hay, hay que buscar las soluciones.

Con el panorama de singles bastante resuelto, se impone la búsqueda del dobles. Una de las fallas de la gestión Mancini estuvo en el “punto sabatino” y ante la “Furia” fue determinante. Ya había ocurrido antes, pero Nalbandian o Del Potro sacaron la cara por el equipo. Verdasco-López, sin ser grandes doblistas, están acostumbrados a jugar juntos y eso, sin dudas, otorga un plus.

Otro tema a tocar es el del liderazgo. David es un número 1 y de eso no hay dudas, pero fueron cuestionables sus actitudes antes, durante y después de la final.

Ponerse la camiseta de Córdoba como lo hizo y salir con los tapones de punta cuando se enteró de que la elegida era Mar del Plata no cayó bien. El faltazo a la conferencia después de la derrota del dobles, tampoco. Y el de ayer, menos, porque tuvo la chance de recomponer su relación con los medios/ITF, pero optó por ir al hotel. Decididamente, un líder así no sirve.

Si de la sede se trata, fue un aspecto que se manejó mal y se politizó más de la cuenta. Durante muchos días nadie habló del equipo ni de las lesiones de Del Potro.

La batalla entre la “Docta” y la “Feliz” se robó todas las miradas y en realidad el problema surgió por una cuestión de fondo: en la Capital Federal no hay un lugar apto para disputar un acontecimiento deportivo para 10.000/12.0000 personas. Aquí la falla es compartida.

De nuevo en lo deportivo, y con el golpe demasiado fresco, es una locura hablar de “fracaso” de la era Mancini. Si algo consiguió el capitán –casi un ex capitán– en estos cuatro años fue armar un grupo sólido, que juntó a jugadores de dos generaciones e incluso, a algunos que, comentaban, estaban peleados.

En la semifinal ante Rusia estuvieron todos y en la final contra España, la mayoría. El armado de un grupo compacto –con diferencias lógicas– fue la gran virtud que tuvo el proceso de “Luli” y es lo que se debe mantener en el futuro. Los jugadores están; el equipo también. Hay que acomodar algunas piezas para volver a soñar con la esquiva Copa Davis.

 

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