Adiós a Norman Erlich y su humor
El actor y humorista Norman Erlich falleció ayer a los 74 años, y dejó una extensa trayectoria que lo llevó a convertirse en uno de los más claros exponentes del humor judío.
Hijo de inmigrantes polacos, nacido el 7 de marzo de 1934, descubrió su vocación actoral desde chico cuando advirtió que los demás se reían de sus ocurrencias y advirtió que su comicidad despertaba simpatía. En notas periodísticas señaló que «sentí que el humor era una forma de seducir y que ese recurso iba a ser mi arma más efectiva, muy lejos».
Considerado como representante del teatro judío que se desarrolló en Buenos Aires a partir de la década del 40, Erlich evocó la historia de ese movimiento que alcanzó su apogeo en la época de la posguerra. En 1951 inició su actividad como actor de teatro judío en la sala del Soleil. En ese entonces las primeras figuras eran actores invitados que venían desde Estados Unidos o Europa, de la talla de Jacob Ben Ami, Maurice Schwartz, Joseph Buloff y Paul Burstein.
«Mi primer trabajo en el Soleil fue como galán en un paso de music-hall. La actriz que me acompañaba se dio cuenta que yo en ese personaje no podía convencer ni a las palomas, entonces lo convirtió en una farsa. El resultado del cambio fue un éxito rotundo, aunque nunca más cometieron el error de ponerme de galán», manifestó.
En 1955 Erlich inició una gira por Estados Unidos donde permaneció hasta 1960. Recién doce años después, en 1972, hizo por primera vez teatro en español, en el Astral, integrando una compañía de revistas junto a Luis Sandrini, Paulina Singerman y Raúl Rossi. A partir de ese momento, comenzó una nueva etapa artística como uno de los humoristas de mayor repercusión popular.
Entre sus numerosas actuaciones cabe señalar su participación en la revista musical «Sexcitante», con Susana Giménez, Juan Carlos Calabró y Osvaldo Pacheco, y en la comedia musical en «La mujer del año», también con Giménez.
Fue uno de los creadores del género del café-concert con el espectáculo unipersonal, «Humorovich», y participó además en importantes ciclos de TV .
La mejor definición del papel que desempeñó en la escena nacional la dio él mismo al afirmar que «mi especialidad es mantener vivo el género del monólogo, que es el producto de una enorme soledad del artista frente al mundo, encontrándose en el escenario en su desnudez más absoluta y preparado para enfrentarse con las circunstancias más adversas».
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